Monday, December 29, 2008

La Osa dormida


La osa dormida

Tú me encontraste dormida,
metida en la cueva de la osa:
Mi piel había perdido brillo,
mis ojos cerrados no veían la luz,
la sonrisa se me había vuelto triste;
mi corazón había dejado de latir,
y mi respiración eran gemidos de dolor.

Tú me encontraste callada,
habían pasado miles de noches,
miles de amaneceres;
mis luciérnagas habían perdido su luz,
había dejado mi pluma de escribir
y mi voz de cantar.

Tus ojos no se habían mirado en mis ojos
ni tus manos acariciado mi rostro
sediento de cariño;
tus labios no habían rozado mis labios
que añoraban tus besos,
Tu risa, tu voz, tu mirada y tu paz
habían quedado lejanas,
como ecos de una vida pasada;
la osa sombría recordaba tiempos felices,
tu presencia habitaba en la morada
atormentada de mi memoria.

Hasta que un día
te empecé a llamar en mi silencio,
anhelándote con tanta fuerza y pasión
que te busqué en mis sueños de locura
y volví a encontrarte en los caminos de mi mente.
Cuando te soñaba
estábamos siempre juntos y felices,
éramos jóvenes y nos amábamos.

Pedí tanto por ti en el silencio de la cueva,
te llamé tanto, tantas veces,
que un día de Junio un cazador a la cueva llegó
y la osa dormida de su largo letargo despertó…
Incrédula, temblando y emocionada.

La voz del cazador se escuchó:
Soy yo -dijiste-
Soy yo: El amor…
Desde ese día, toda la vida cambió.

Se levantó la osa de su infinito letargo
para volver a caminar erguida;
volvió a recibir la luz de la luna
y los nuevos amaneceres…
Su respiración se volvió serena,
su mirada encontró los ojos que buscaba
y su piel volvió a brillar…

Una noche después,
sus labios besaron los labios del amor;
manos hambrientas acariciaron su piel,
los ojos se perdieron en su mirada
y todo el triste pasado
-¡Todo!-
quedó para siempre borrado…

Con el cazador regresó el amor,
la ilusión de vivir para luchar,
de dar para ser…
De vivir para sentir y amar.

La osa está en su cueva,
esperando despierta;
anhelante, deseosa.
La osa ya no está dormida:
afila sus garras, calienta su lecho
y prepara la cena esperando
a que su compañero eterno
regrese a dormir con ella,
para cobijarse en sus pieles
y perderse en su entrega infinita.

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