Thursday, February 5, 2009

Definiendo el AMOR (no se quien es el autor)

Podemos definir el AMOR???

¡Imposible! Nadie conoce sus fronteras, nadie está en condiciones de asegurar dónde empieza y dónde termina. Desde que la humanidad descubrió el amor, no ha parado de hacerlo crecer. En las raíces religiosas de nuestra cultura, se diría que el Cantar de los Cantares es el no va más del amor. Pero los místicos ascendieron por él y lo trascendieron; alcanzaron las más altas cumbres de la sublimidad y de la espiritualidad, dejando al original muy cerca de la carne.

En nuestra cultura profana el ascenso del amor fue mucho más lento. Cualquiera esperaría tras un título como el "Arte de amar" (Ars amandi) de Ovidio, algo parecido a lo que hoy entendemos por amor. Pues no, es tan sólo el arte de seducir y conquistar: en las culturas griega y romana el amor se movía muy al ras de tierra. El arcipreste de Hita, con su "Libro de buen amor" se mueve aún en los mismos parámetros: el amor no es capaz todavía de levantar el vuelo. Pero he aquí que el feudalismo, nadie sabe cómo, produce en el sur de la Galia el llamado "amor cortés", de altos vuelos. Los trovadores provenzales han inventado una nueva modalidad del amor, que revolucionará para siempre el concepto mismo de amor: el cortesano que quiera comportarse dignamente se mostrará siempre sumamente cortés con su dama, a la que considerará su señora, y hará en su servicio todo aquello que la pueda honrar. La "dama" o la "señora" nunca es la esposa ni la amante. La carne y el sexo siguen su propio curso con total independencia. El invento hizo furor: el Renacimiento lo hizo suyo, y a partir de ahí este nuevo amor tuvo vida propia. Voló a la par del amor divino que desarrollaron nuestros místicos. En "La Celestina" tenemos ya juntos el amor carnal de la gente de servicio, y el amor espiritual de los dos nobles amantes, en un precioso contrapunto; igual que en el Quijote se contraponen el estado de ensoñación del casi inmaterial caballero, atiborrado de libros de caballerías, y el materialismo e incluso la materialidad de su escudero. Ahí tenemos a Dulcinea del Toboso, la dama del caballero andante, que no sueña más que en servir a su señora. Sin ella, le hubiese faltado el alma. El amor ha despegado de la carne, alcanzando altísimos vuelos. Pero aún no está completa su metamorfosis. El romanticismo devolverá el amor a la carne, y lo pondrá de nuevo al alcance de todos los mortales, sin restarle un ápice de su espiritualidad. Integrará todos los amores en el amor, y entronizará a la mujer no como objeto del amor que había sido mayormente hasta entonces, sino como su principal sujeto. Éste será a partir de entonces su reino. Pero aún no está completo el recorrido. El hombre, que había perdido terreno, consiguió atar aún más el amor a la carne; volver al punto de partida: a lo que llamaban amor antes de que se inventase el amor cortés. Ha caído la cortesía en picado; pero no sólo en el amor, sino en todos los órdenes de la vida. El pragmatismo teñido de egoísmo es la línea dominante. El amor a lo que se es, a lo que se hace, a los que forman parte de nosotros, es hoy una rara virtud, que volverá sin duda a su antiguo esplendor. Pero ¿podremos decir algún día qué es el amor, la más extraordinaria de las creaciones del hombre? No es fácil ponerle puertas al campo ni señalar los límites del rey de los sentimientos.

EL ALMANAQUE se detiene hoy en el amor platónico, el que se dirige no a la satisfacción de las pasiones, sino a la contemplación y al éxtasis. Un amor sin urgencias.

Nota: No se quien es el autor, pero me gusta y por eso lo comparto.

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