Friday, March 6, 2009

Carta a mi amiga


Hace un rato estuvimos hablando por teléfono por largo rato. Mejor dicho, yo hablaba y tú oías. Me hubiera quedado conversando contigo horas. Tenemos tanto que compartir. Me siento tan cómoda, tan unida a ti. Es como si fuéramos de toda la vida.

Con que facilidad puedo comunicarme contigo. Siento que puedo hablarte de mis cosas más intimas y contarte todos mis secretos, remover los conchitos de mi alma, visitar algunos caminos de mis recuerdos sin sentir miedo. Cuando te hablaba del amor de mi vida que se murió de cáncer muy joven se me rompieron las palabras y tuve que contener el llanto. Se estremeció mi alma y se me apretó el corazón que nunca dejó de llorarle y que se fue con el hace mucho tiempo. Pero es tiempo sin tiempo.

Entonces tú dijiste que él estaba siempre conmigo. Que sabia eres. Que receptiva. Que humana y tus palabras calmaron mis oídos como bálsamos angelicales. Me sentí protegida y sobre todo comprendida; algo que no he conocido mucho. Así me sentía con mi abuela cuando era chiquita. Ella era especial, como tú. Por fin tengo alguien con quien poder vaciar todo lo que tengo dentro de mí y sentir que lo que hablo es digerido en un nivel muy diferente. Y es que como tú dices, somos intensas, porque hemos vivido y sobrevivido el dolor, las penas, las traiciones, los golpes, las decepciones, las humillaciones, las calumnias, las envidias.

Cuando sufrimos lloramos mares, llenamos ríos, pero cuando somos felices tocamos las nubes del cielo y somos las hijas de la alegría, las hijas de la abundancia y nos convertimos en mujeres luminosas que brillan como luciérnagas, que vuelan alto como las águilas. Pensar que me tomó cinco décadas darme cuenta que no era pollito en el gallinero, que en cambio era águila y podía volar muy alto.

En 1982 yo tenía 28 y ese fue el mejor y el más triste de mis tiempos. El mejor porque conocí el amor sublime, conocí a un hombre angelical que era demasiado bueno para quedarse en esta dimensión. Ahora comprendo muchas cosas. El 2008 -- fíjate que los números 2 y 8 se repiten es el tiempo de discernir, de comprender muchas cosas, de recibir los mensajes que mis Ángeles han estado mandándome desde hace mucho tiempo, solo que ahora puedo entender, comprender, asimilar, y sobre todo recibir y ya no tengo miedo, me dejo llevar de esta corriente de luz, de energía, de bondad y de muchas cosas que sólo se sienten y que no tienen explicación y que son muy difíciles de definir con palabras. Estoy viviendo días excepcionales y sé que las dos tenemos una misión muy grande y muy importante. Déjate llevar por nuestros Ángeles. Ellos iluminaran nuestro camino, nos pondrán a las personas que necesitamos para poder cumplir con nuestro destino. Ellos nos susurraran al oído.

Seguimos…

María Ángeles (Marisabel)

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