Thursday, April 16, 2009

Control



Control para sanar tu dolor


No es fácil aceptar que la vida es dura y que uno tiene que cuidarse todos los días, hay que aceptar que enfermarse y curarse es parte de la rutina diaria y lograr superar la fantasía de que la felicidad solo es posible si rebajas unas libras más o si te operas la nariz, te inyectas botox o te haces la liposucción.

Cuando era muy joven amé a un hombre con todas mis fuerzas y me rompió el corazón. Su nombre era “fulanito” (para que recordar su nombre) y yo estuve perdidamente enamorada de él toda mi vida; nos casamos, tuvimos hijos y entonces yo me engordé, perdí mi esbelta figura, me salieron estrías, celulitis, dos rollos en la cintura y de una talla 8 pasé a una talla “mayor”. Cuando me abandonó embarazada porque ya no me quería y me estaba reemplazando por un modelo nuevo, de más edad pero de menor peso, me dijo que el motivo del divorcio era que él se había casado con una flaca y que la flaca ahora estaba revestida de grasa y gordura, y que sólo si yo volvía a tener mi antigua figura y mi cintura de avispa, el regresaría a mi. Al mismo tiempo mi madre abandonó a mi padre porque estaba harta y yo me tuve que hacer cargo de mis hermanitos y de muchas responsabilidades.

Esa ha sido la historia de mi vida… desde ese entonces me volví “la gorda”… Durante mucho tiempo hice dietas de hambre y muchas veces logré rebajar cientos de libras. En varias oportunidades logré desaparecer como por arte de magia hasta 50 kilos y mantuve mi esbelta figura pero por muy “corto” tiempo.
Tengo fotos para demostrarlo. Después mi vida y sus problemas iguales o peores seguían y yo poco a poco volvía a recuperar esas libras y subía de peso hasta llegar de nuevo a pesos mayores. Siempre subía mas de lo que había lograda rebajar. El problema mío siempre ha sido el mantenimiento después de las dietas estrictas y descontroladas. He pesado desde 120 Libras hasta las 300 Libras, en las últimas tres décadas he pesado algo así como de 50 Kilos a 130 Kilos. Lo que siempre he dicho a todos mis amigos y hasta a los psicólogos que el problema que yo tengo es un problema de “control” y que yo puedo controlarlo todo en mi vida menos mi peso. Y de eso se trata este artículo.

Dios hizo ayer Abril 15 de 2009, digamos que 25 días después de muchos acontecimientos tristes y deprimentes, que mis ojos leyeran lo que había publicado una psicóloga que procura talleres y retiros para ayudar a las personas que son obesas o que tienen problemas lidiando con lo que pesan, personas que creen que si tan solo fueran más delgadas alguien que no las ama terminaría amándolas. En otras palabras, personas que creen lo que muchas de nosotras imaginamos, que si controlamos lo que nos llevamos a la boca y el tamaño de nuestros cuerpos tendremos la capacidad de manejar todo lo demás. Así que el resto de nuestras vidas nos concentramos en perder peso y vivir de dieta en dieta y de gimnasio en gimnasio o de cirugía plástica y tratamientos de masajes y cremas reductoras, creyendo que esa delgadez o perfección física nos brindara la protección al rechazo, a la pena, al dolor, a las decepciones. Pero posiblemente alguna de ustedes como yo ya se habrá dado cuenta de que las personas que no te querían antes porque estabas gorda, siguen sin quererte ahora que estas flaca o mas bonita, y quienes te amaban cuando estabas gorda te siguen amando igual ahora que estás flaca. Los que te rodean siguen yendo, viniendo, viviendo, respirando, hablando, naciendo, creciendo, enfermándose y muriéndose, sin importarles un pepino tu peso y tus arrugas.

Hablando de “mitos” sobre nuestra infancia, pensábamos que era nuestra obligación hacer felices a nuestros padres y que si ellos se divorciaban o si tu madre estaba triste o deprimida o tenias a uno de tus padres ausentes, o se peleaban constantemente conservábamos la creencia de que éramos nosotros capaces de poder mejorar todas las cosas, pero ese vacío tan grande y tan feo nos hacia sentir una ansiedad y hambre voraz y nos consolábamos comiendo, comer era la mejor medicina, los helados, los postres, el pan, la mantequilla, la coca cola, las papitas fritas, el arroz, la comida chatarra, y parece que lo sigue siendo hoy.

Me he pasado la vida diciendo que yo solo tengo UN PROBLEMA, y que ese problema es mi gordura. Diciendo cosas como que yo puedo controlar todo en mi vida menos mí peso. Y hoy caigo en cuenta de lo equivocada que he vivido todo este tiempo. ¡Oh Dios! Que ciega he estado. El problema es que no tengo control de lo que pongo en mi boca, cuando tengo hambre me provoca comer todo lo que se que me engorda. Le pongo mucha sal a la comida, le pongo mucha azúcar al café, me gustan las frituras, me priva el arroz, la palabra felicidad para mi se escribe así: “Butter” o mantequilla en español, tomo muchas gaseosas y nunca bebo agua, y como tengo un problema con la vejiga no puedo comer muchas frutas y verduras porque todo lo que tiene acidez es como Kriptonita para Superman, soy alérgica a la pina, a las fresas, a los tomates, entonces que hago comer pastas y todo lo blanco y eso me tiene y me mantiene gorda. Soy una gorda feliz, a mi no me importa ser gorda pero parece que a todos los demás “SI”, claro porque uno no luce bien, además vienen los problemas de salud, la presión alta, la diabetes, el problema de no respirar bien, agotarse porque uno esta cargando muchas libras de mas que son muy dañinas para la salud.

Entonces la terapista en su taller contesta: “Si hay algo de lo que tenemos absoluto control es precisamente lo que ponemos en nuestra boca, entiendo que no crees que sea verdad, que te sientes a merced de las papas fritas, la pizza, el arroz, la mantequilla, pero honestamente eres tú la que mueve la mano que lleva a cabo todo el proceso de meter la comida en tu boca, eso depende de ti” y continúa diciendo: “si hay una cosa de la que no tienes control es de quien te ama, quien se queda contigo, si se enferma o te deja”. Puedes pensar: “no tengo una relación en este momento, pero cuando adelgace y me vuelva a poner de nuevo linda voy a encontrar a la persona perfecta para mi” ¡Wow! tú misma estás creando la ilusión de que estás en control, tal vez no seas feliz en ese momento y no lo hayas sido nunca, pero te sigues repitiendo a ti misma: “un día haré los cambios necesarios y mi príncipe encantado entrará por esa puerta y me mirará con esos ojitos de corderito degollado y saldrán de sus ojitos unos destellos brillantes que se convertirán en pajaritos blancos y yo sentiré como suenan las campanas cuando los latidos de mi corazón galopen con fuerza y velocidad como caballos desbocados porque el hombre de mis sueños vendrá a rescatarme y seremos para siempre felices, comiendo perdices y colorín colorado este cuento se ha acabado”. ¡No te engañes más, y bájate de esas nubes! ¿No te das cuenta de que todo este tiempo te has estado engañando al pensar que tienes el control total e imaginar que cuando salgas de tus tristezas y problemas vas a encontrar la felicidad y que tiene que ver con tu peso?. ¿Es que acaso crees que tus padres te van a querer más porque rebajes 60 kilos? Que dejarán de gritar y pelear, que abandonaran el alcohol, los cigarros, las drogas, las infidelidades, que mis hijos me respetarán más, que mi marido pondría más atención a lo que le digo, que los problemas económicos desaparecerían. ¿Y que pasaría si pierdo estos 60 kilos y todos los problemas siguen igual?

Eliminar kilos trae consigo una sensación de libertad, de movimiento, de agilidad, reduce la presión en las rodillas, pero no paga las cuentas, ni limpia la casa, ni previene que las personas se enfermen, se muden, se divorcien, se peleen, cambien de trabajo o de ciudad, se vayan, se mueran. No podemos “controlar” nada de todo esto.

La parte más dura y dolorosa de comer compulsivamente es que tratas de que tu corazón no se rompa, pero nosotras misma iniciamos este proceso, todos los días, comiendo más de lo que nuestro cuerpo necesita, ingerimos comida que nos hace mucho daño, comida que nos enferma y cargamos peso que hace difícil que podamos caminar y funcionar. Yo me paso la vida diciéndome cosas como: “Vengo en busca de ropa talla elefante” y hago reír a la gente con mi auto-burla, excusándome a los niños que me preguntan porque soy tan gorda diciéndoles que Dios hizo hormiguitas, perritos y gatitos pero que también hizo osos polares, elefantes e hipopótamos y que hay personas que somos grandes y gordas. Me paso la vida burlándome de mis piernas gordas y mis brazos que están más grandes que los del Gobernador de California (mi admirado Arnold) solo que los míos están flácidos y me avergüenzan. Cual es el “costo” de mantener la fantasía de que cuando adelgace todo será mejor, y no te das cuenta que terminarás muriendo por tus malos hábitos alimenticios y por tu descontrol. Mientras posponemos nuestra felicidad para el futuro, cuando todo sea perfecto, la vida sigue y el tiempo pasa y es tiempo perdido. Las personas vienen y se van, igual que el dolor, pero también el gozo viene y se va, y si nuestros corazones están cerrados porque no queremos sufrir más, no estarán lo suficiente receptivos para reconocer la felicidad mientras se aleja de nosotros.

Ahora piensa, ¿Te han sucedido cosas en tu vida que no has podido tolerar, soportar o afrontar? Y a pesar de todo lo que has sufrido hoy estás leyendo este artículo escrito por una mujer obesa que hace décadas no puede controlar su peso, entonces hay algo dentro de ti que todavía está despierto, deseoso de aprender, listo para cambiar.

Estamos en esta vida para VIVIR, para ser felices, para disfrutar las cosas lindas de la vida que son muchas, y sentir el gusto por la vida, pero tienes que comprender que esta vida tiene un principio y un final, y que TODOS estamos aquí prestados, que todos nos vamos a morir algún día, algunos primero, otros después, pero para morirse solo hay que estar vivos…. Cuando entiendas que todo termina, lograrás gozar tu propia existencia, no la que te imaginabas delgadita jovencita, sin barriga. No pierdas más tiempo, hoy es el primer día del resto de tu vida. Miremos hacia delante. Y esto va para mi y para todas las personas que estaban “equivocadas” como yo, empieza a quererte, empieza a controlar lo que SI PUEDES controlar, que es lo que te metes por la boca, no solo la comida, se aplica al cigarrillo, al alcohol, etc. Tú puedes, yo puedo, y los que nos quieren nos seguirán queriendo cuando estemos “EN BUEN ESTADO DE SALUD” no se trata de estar gordo o flaco, de ser más joven y más atractivo, es mucho más profundo. Es un problema de “control”.

2 comments:

  1. Cuanto me alegra tu reflexion, y despues de todo tienes la razón absoluta, si hay algo que si podemos controlar es levantar la mano y llevarla a la boca, entonces empecemos ya, cada vez que impulsivamente tomemos una bocado de "algo" para masticar aunque hambre no tenmgamos, veamos lo que hacemos, abramos los ojos y miremos el bocadillo acercándose a nuestro rostro, estoy segura que haciendo ese simple ejercicio visual nos preguntaremos, realmente necesito comer esto ??? mi cuerpo lo necesita ?? seguramente la respuesta será negativa, entonces con total control aléjalo de tí y dite a tí misma, yo mando, ahora soy yo quien decide y he decidido que no te quiero comer ! bravo por tí, bravo por todos los que estamos decidiendo vivir sano y vivir más !

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  2. Pero hagamos eso en privado, porque si lo hacemos en publico van a creer que estamos locas!!!!

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