Sunday, June 13, 2010

Mi adorada mama Jacinta

Hoy me invade la nostalgia de su recuerdo. Su carita alegre, sus visitas domingueras, sus manos siempre llenas. Un frutero lleno de granadillas, tunas, platanitos de la isla, limas, naranjas, uvas. Su presencia que iluminaba de luz todo lo que tocaba, el rosario que se colgaba en el cuello, el escapulario morado.

Jacinta se llamaba y todo su amor y su vida estuvo a nosotras dedicada. Sirvienta noble, fiel, honrada, amorosa, buena. Oriunda de Chincha una negrita de estrecha cintura y cuerpo de tondero.

Cerré mis ojos pero por más que los apretaba no podía borrar su imagen cargando su vieja maleta. De nada sirvió cubrirme la cabeza con la sábana que tenia mis iniciales bordadas por sus manos, mojando mi almohada con mis ojos inundados de lágrimas. Se la llevaban presa por ladrona.

Por las paredes de mi cuarto se filtraban las voces que acusaban injustamente a mi adorada nana. Desde arriba escondida podía ver como callada y triste recibía las injustas acusaciones de uno de mis familiares. Callada, no intentaba defenderse, la estaban acusando de haberle robado un diamante a mi abuela. Hubo un instante en que levantó su mirada y me sonrío como diciendo "no te preocupes, soy inocente, yo nunca le he robado nada a tu abuela". Mi abuelita acaba de morir. Sus ojos aterciopelados me traspasaron a través de los muros invisibles.

Tendría que haber sido valiente y haber abierto mi boca, pero no entendia lo que estaba sucediendo. Paralizada. Fue tan fuerte que cuando se la llevaron presa no pude contener mi vejiga. Parece que mi mente canceló el recuerdo de esa noche injusta y por años estuvo enterrada entre oscuros recuerdos, pero habia quedado un desagradable sabor de amargura en la pared del subconciente.

Mi mama Jacinta era una mujer que nunca tuvo hijos, sus hijos fueron los hijos y los nietos de mi abuela, la recuerdo con su pelo ensortijado colorado y siempre bien peinado. Mulata algunos la llamaban, fumaba puros sentada en la escalera del patio y fue mi gran maestra, mi gran consejera, era muy seria pero tan tierna que era imposible no quererla, a pesar de que se pasaba la vida renegando. Yo la llenaba de besos y ella me apartaba y me decia: "que no la vean, que la patrona no besa a la criada" y yo la apachurraba porque adoraba a mi mama Jacinta.

Siempre supo mirarme con inmenso amor e infinita ternura y compensar mi terrible soledad y mi tristeza de adolescente a base de juegos, arroz con leche, tallarines con mantequilla, gelatinas y cientos de regalos y atenciones fuera de sus obligaciones; era tan generosa como mi abuela, siendolo mas porque era pobre, sin embargo yo desde la profundidad de mis miedos opté esa noche por quedarme callada. Paralizada.

Aquella noche que se la llevaron presa pudo acaso el hijo cobarde y ambicioso que habia tomado el brillante decir algo, que no habia sido ella, acaso defender a quien su vida entera habia entregado al servicio de la familia, mi mama Jacinta acusada de ladrona? Pudo pero no dijo nada. O fueron acaso varios los culpables de semejante bajeza?

Ella sabía quienes eran los culpables, los mismos hijos que habia cargado en sus brazos, amamantado, porque hasta madre de leche fue cuando a uno de ellos les dio el pecho porque habia perdido a su hijito que le habia nacido muerto... pero callada y noble no dijo nada. Se la llevaron presa.

Aquella noche que hoy rescato de la cueva de los recuerdos más tristes de mi vida, con tan sólo doce años aprendí a querer a mi gente; pese a sus pecados y sus justificaciones, supe guardar en silencio y escondidos los terribles secretos.

Como Dios ayuda siempre a los buenos, no habian pasado 24 horas y el diamante que supuestamente habia robado la mama Jacinta fue encontrado en el mismo lugar donde la abuela lo habia dejado. La mama Jacinta nunca dijo nada al respecto hasta el dia en que en su lecho de muerte le dijo algo en secreto a su consentida, mi hermanita que era de todas la que posiblemente mas queria, le dijo que teniamos que perdonarlos, que todos sentian que eran merecedores del diamante de su madre.

2 comments:

  1. Charo G. de Delgado commented on your note "Mi adorada mama Jacinta":

    "Hermosa historia, que bien redactada, con cuanto sentimiento, como todo lo tuyo; que nobleza la de tu mama Jacinta, la más humilde. la más íntegra, conmovedor relato Apretedos abrazos Marisabel, gracias por compartir conmigo tanto... más alla de tus palabras, compartes y me llegan tus sentimientos."

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  2. La mamá Jacinta!, recuerdo cuando me narraste la historia, gracias por recordarnos que los más humildes y sencillos suelen ser los más generosos en sentimientos y perdón, no es más generoso el que da lo que le sobra, si no el que comparte lo poco que tiene. Cuantas Mamá Jacintas conocen ustedes ??? pongámonos la mano al corazón, seguro que muchas más de las que imaginamos !

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