Wednesday, July 7, 2010

Tengo miedo



Una amiga a quien quiero mucho me dijo: "escribe sobre el miedo" y me puso a pensar. Hummm..., escribo de tantas cosas, y hoy en la oscuridad de mi alcoba, iluminada por la luz de una vela, mientras mi esposo descansa, voy intentando analizar lo que es el miedo. Es tarde, son más de las doce y afuera un cielo estrellado en una noche de verano.

No le tengo miedo a la oscuridad, quizás porque desde muy pequeña no me inculcaron el miedo a muchas cosas. A mi el “Cuco” me daba risa, y los fantasmas eran mis amigos. Recuerdo la primera vez que sentí lo que supongo debe de haber sido eso, mucho miedo, un día en Miraflores cuando tendría menos de diez veranos y en las noticias decían que se había escapado el loco de Armendáriz, un asesino y violador de pequeñas, esa noche sentí un miedo que me hacia tiritar, sudar, llorar y no quise dormir sola. Tengo miedo a las cucarachas, porque un día también cuando era muy joven y esperando el ómnibus en el centro de Lima, muy cerca de la Catedral de Lima y de la calle Merchormalo en donde trabajaba durante mis vacaciones todos los veranos, un loco me tiró encima una cantidad de cucarachas enormes, de esas que tienen alas y vuelan, y con el tiempo tuve que aprender a vencer el estupor, el miedo, pánico, asco que les tengo a las benditas cucarachas (que abundan en Miami y caminan como en su casa en el mismo aeropuerto).

Miedo a los elevadores, porque me he quedado encerrada varias veces y la sensación de claustrofobia no es muy agradable. Me imagino que es genético porque no le tengo miedo a las alturas (acrofobia) (mi padre y mis hermanos son pilotos, paracaidistas, parapentistas, hombres del aire) pero si soy muy cautelosa con el fondo del mar y la verdad que no me atrae para nada meterme a buscar corales y encontrarme con un tiburoncito de esos que abundan en aguas calientes.

Miedo a quedarme sin trabajo, a envejecer sola, a ponerme mas gorda, miedo a que les pase algo terrible a mis hijos o seres queridos, a que se caiga el avión, a sufrir un accidente en el carro, a tirarme en paracaídas, miedo de que no me ajuste el dinero, de envejecer y ser una carga, de enterrar a mis seres queridos primero, miedo a que me vuelva el cáncer, a que se me caiga el pelo y volverme calva, a que me asalten o que le hagan algo terrible a mis nietos, miedo de la pobreza del mundo, a los terremotos, huracanes, maremotos, al fin del mundo, a la vida, a la muerte, al infierno, al desamor, a la soledad, a la injusticia, a la desigualdad, a los accidentes repentinos, improvistos como el día que se le cayo encima una puerta a mi esposo y por poco se queda sin un ojo, ese día sentí que se me salía el corazón por la boca.

Miedo a no ser amado, miedo a no ser aceptado, a no ser comprendido, al rechazo, al abandono, al olvido, miedo a lo desconocido, al futuro, al mas allá, a la calumnia, a la envidia, a la infidelidad, a las tentaciones. Miedo a las cárceles, a la esclavitud, a la discriminación, al desprecio, al libro de revelaciones, al Apocalipsis, al final de los días.

Miedo a las drogas, al alcohol, a quedarse sin techo, perder tu casa, perder a tu esposo, perder un hijo. Miedo a no cumplir con las metas y anhelos, a no sentir, a no ver, a sufrir de una enfermedad terrible como es el Alzheizmers. Miedo a no llegar, de no cumplir con mis obligaciones de madre, hija, esposa, abuela, prima, tía, hermana, amiga, vecina, ciudadana, empleada.

No me puedo imaginar el miedo que sintió Jesús en vísperas de su muerte cuando estaba orando en el Monte de los Olivos y sus apóstoles dormían, y le dijo a su Padre: “Ayúdame a pasar este cáliz por mi garganta” (aparta de mi este cáliz) porque sabia que iba a ser torturado y crucificado y aun en la cruz le dijo" "Padre, porque me has abandonado”, si, el Hijo de Dios tuvo miedo, entonces como no vamos a sentir miedo nosotros que somos imperfectos?

En realidad, ya no le tengo miedo a muchas cosas, temor a Dios, si, el principio de la sabiduría es el temor y el respeto a nuestro Padre Celestial, agradecimiento y respeto a la vida, amor a la vida, amor en todo el sentido de la palabra, "ama a tu prójimo como a ti mismo" y como dice mi querido amigo el escritor y actor de teatro Fernando López Peralta, como escritora no le tengo miedo a la muerte, sino al olvido.

Hay que tener un poquito de miedo siempre, los soldados valientes, los buenos pilotos, los policías eficientes, las madres precavidas y abnegadas tienen un espacio para sentir una cuota de miedo, es un instinto natural, para preservar la vida, una voz interna que nos cuida, es parte de la composición de nuestras almas, el miedo se siente en las tripas, en el corazón. ¿Es que acaso no creen que Eva sintió mucho miedo la primera vez que llegó la noche (cuando al perder el Paraíso, sintieron vergüenza de la desnudez de sus cuerpos) y esa noche cuando ya no se leían la mente ni se podían comunicar como antes, sintieron hambre, frío, dolor, miedo y solo tenían la luz de la luna y las estrellas, si, miedo a las fieras que ya no eran amigos de Adán, al ruido de los aullidos de los lobos, miedo al crudo invierno, al hambre, al enemigo, miedo a enfermarse y no tener medios ni remedios para curarse, por eso es que es tan importante cultivar los dones, los regalos divinos que todos recibimos y que solo tenemos que aprender a reconocer, descubrir, encontrar.

Miedo es una palabra que hace rato aprendí a eliminar de mi vida, de mi diccionario, es una palabra oscura, negativa que no existe en la luz divina y cuando andas en los caminos de Dios, porque el espíritu de Dios mora en nosotros los que tenemos fe en el consolador. Jesús dijo: "Me voy pero les dejo mi espíritu, que es el consolador" y cuanta paz se siente en El, porque solo Dios hace al hombre feliz.

¿Y tú a que le tienes miedo?

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