Calentamiento global

Desde hace unos meses estoy cerrando circulos, abrazando a viejos amigos, re-inventando mi vida, aceptando errores, confesando culpas, dando testimonios de momentos milagrosos para aquellos que no creen y otros que quieren creer pero tienen sus dudas. Quiero hacer las paces con todos.
Desde hace mucho tiempo estoy retirada de las "cosas" del mundo, por problemas ajenos a mi control, atada a los designios de las fuerzas incontrolables. Me he vuelto acaso una mujer religiosa en el exilio, siempre senti que fui espiritual y que mi cuerpo era una esponja gigantesca que absorbia todos los dolores de la gente de mi entorno. Sin querer era sanadora, pitoniza, adivina, intuyendo momentos terribles, otras veces momentos felices. Hice todo lo humanamente posible por
cumplir, por no ser mediocre ni contentarme con ser una persona del monton, quise ser la mejor hija, alumna, nieta, madre, esposa, amante, amiga, abuela, vecina, ciudadana, secretaria, asistente, poeta, cocinera, ama de casa, ser importante en la vida de muchas personas que hoy me hacen tanta falta, que hoy quisiera tanto poder volver a ver, a oir, a abrazar y tomar sus manos, decirles gracias, infinitas gracias por todo lo que hicieron por mi. Por lo que sembraron en mi alma, por las flores que dejaron en mis jardines mentales, por las notas musicales, por tantos y tantos momentos felices que no supe valorar porque parecian tan simples, tan rutinarios, tan comunes.

Ayer hablaban del cambio del clima en el planeta. Los hay que no creen que se vienen tiempos terribles en donde el calor nos va a aniquilar, eliminar, quemar vivos. Ya nadie se sorprende de que cada día haya un episodio climático excesivo: o terremotos, huracanes, inundaciones, sequías, tornados, calores insportables que nos calcinan. Tal vez nos adaptemos a estos transtornos ocasionados en las nubes y en los adoquines de hielo que se derriten ante nuestros ojos. Por otra parte siguen buscando vida fuera del Planeta Tierra para los futuros viajantes del espacio. O tal vez no, y en ese caso, solo queda emigrar, abandonar la tierra en la cual vivimos. Pero la vida en Marte? en la Luna? No hay planeta B, eso es una evidencia, por lo que solo nos queda cuidar el que tenemos. Pero entonces, que nos pasa, porque no cuidamos nuestro planeta? empezando en nuestro hogar, en nuestro pedacito de tierra. Que nos pasa?

Me duele, me asusta, me preocupa, que día a día constato que las relaciones han adelgazado como mujeres con anorexia el lenguaje humano, somos como robots, como cuerpos sin alma, como mentes turbadas y adormecidas por medicamentos controlados, que nos conformamos cada vez más con poca cosa, repetimos nuestras acciones casi sin razonar, sin pensar, sin querer imaginar otras cosas. Hoy me pregunto si las redes sociales no terminan acaso siendo una forma de dictadura. Yo soy ciudadana del Facebook pero enemiga del Twitter porque no permite sino la síntesis de la idea, su detritus. Y yo no quiero ser mujer detritus, hombre detritus, yo no puedo comunicarme como algunos con dos frases, yo tengo que desarrollar los temas, tengo que dejar que los sentimientos invadan los caminos de mis venas, circulen por todo mi cuerpo y que la sangre caliente llegue a mi cabeza confundida, triste, ansiosa, temerosa, Yo no quiero que se me acabe el lenguaje, nunca, que nos quedemos callados, estacionados en el silencio loco de los gritos que nadie escucha, de los lamentos que todos esconden en la vanidad del mundo, soy rebelde, soy comunicadora, soy escritora, soy una mujer pensante que no puede resignarse al silencio de los buenos, a morirse de a poquitos viendo como destrozamos a la Madre Tierra. Nuestras vidas. Nuestras ciudades. Nuestras naciones.

No me voy a quedar cansada, no voy a correr hasta quedarme sin aliento, sin poder respirar sin que se me salgan los latidos por la boca sedienta, hablando sin que nadie me entienda. Porque si me falta el aliento de las palabras, de mi vida llena de experiencias, no puedo permitir que todo suceda ante mis ojos, que desfilen las desgracias del mundo, sin poder hacer algo antes de irme.

Cansada de vivir enferma, de que tantas personas no comprendan que nadie quiere morir de a poquitos, que es terrible pagar por los pecados de cinco generaciones, no puedo hablar de ciertos temas con ciertas personas porque se deprimen, no puedo mencionar que me siento triste porque son menos los que nacen y muchos los que se mueren.
No se que es peor si ver a una persona grave que no asume su enfermedad, o discutir con otra para convencerla de que no hay que tenerle miedo a la muerte, darme cuenta que nunca estaremos preparados para asumir lo esencial: que la vida es un viaje, para unos largo, para otros corto, un viaje a nado, no todos nadamos con la misma eficiencia, que la vida es como una travesía que encalla en una playa donde nos quedaremos para siempre, que todos tenemos el mismo final, acaso el mismo principio. Que no nos escapamos, aunque muchos somos soberanos en la jungla de la supervivencia. Que sin fe en Dios la vida es un infierno en la tierra.

Entonces como dice una sabia amiga ¿por qué hemos abandonado la experiencia de buscar la luz en la oscuridad? ¿qué nos ha hecho aceptar una vida tan pobre, tan falta de valores? Sin embargo, el mundo no es homogenio, hay otros espacios donde la vida tiene otros colores, otros sabores, otros aromas, y no todo es blanco y negro, ni gris como la niebla que no nos deja ver.

No salgo de mi casa hace muchas semanas, quiero subirme al auto y perderme en la carretera, llegar a visitar a mi hijo menor, abrazar a mis nietos, conocer ciudades nuevas, sentir sabores diferentes, climas marcados. me digo: toda esta belleza que ni siquiera se puede contemplar. he pensado en escribir sobre el gusto por los finos detalles, quiero llegar a cocinarles mis mejores platillos, mis salsas, mis tallarines con verduras, pasarme una tarde preparando alfajores y decorando galletas, ayudar a colgar cuadros, poner un lindo mantel y ver las sonrisas dibujadas en los rostros de mi familia querida.
Busquemos los refugios hablados... ese es mi deseo, poder volver a casa, sentarme sin tener que pararme con mareos y correr a esconder el llanto.

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