Wednesday, January 21, 2009

Historias tiernas y de mucho amor


Al autor y orador Leo Buscaglia, se le solicitó que fuera parte del jurado de un concurso. El propósito del concurso, era encontrar al niño más cariñoso. El ganador fue un niño de 4 años cuyo vecino era un anciano a quien recientemente se le había muerto la esposa. El niño, al ver al hombre sentado en una banca del patio y llorando, se metió al patio del anciano, se subió a su regazo y se sentó. Cuando su mamá le preguntó qué le había dicho al vecino, el pequeño niño le contestó:'¡Nada! Sólo le ayudé a llorar'.

Debbie Moons, maestra de primer grado, estaba discutiendo con su grupo la pintura de una familia. En la pintura, había un niño que tenía el cabello de diferente color al resto de los miembros de la familia. Uno de los niños del grupo sugirió que el niño de la pintura era adoptado. Otro, de los niños, preguntó sobre lo que significaba 'ser adoptado' y una niña, compañera de ellos, dijo: 'Yo sé lo que significa, porque yo soy adoptada'. '¿Qué significa ser adoptada?' preguntó otro de los niños. La niña le contestó: 'Significa que uno no crece en el vientre de su mamá sino que crece en su corazón'.

En Nueva York un niño de 10 años estaba parado, descalzo, frente a una tienda de zapatos viendo a través de la ventana y temblando de frío. Una señora se acercó al niño y le dijo: 'Mi pequeño amigo ¿qué estás mirando con tanto interés en esa ventana?'. La respuesta del niño fue:'Le estaba pidiendo a Dios que me diera un par de zapatos'. La señora lo tomó de la mano y lo llevó adentro de la tienda, le pidió al empleado que le diera media docena de pares de calcetines para el niño. Preguntó si podría prestarle una palangana con agua y una toalla. El empleado rápidamente le trajo lo que pidió. La señora se llevó al niño a la parte trasera de la tienda, se quitó los guantes, le lavó los pies al niño y se los secó con la toalla. Para entonces el empleado llegó con los calcetines, la señora le puso un par de ellos al niño y le compró un par de zapatos. Juntó el resto de los calcetines y se los dió al niño. Ella acarició al niño en la cabeza y le dijo: '¡No hay duda pequeño amigo que te sientes más cómodo ahora!'. Mientras ella daba la vuelta para marcharse, el niño la alcanzó, la tomó de la mano y mirándola con lágrimas en los ojos le preguntó: '¿Es usted la esposa de Dios?


"Porque donde está tu tesoro, ahí estará también tu corazón"

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