Sunday, February 8, 2009

Las cartas que nunca envie a mi abuela


Esta noche escuchas mis palabras mientras escribo. Estoy sentada frente al ordenador, tengo tantas horas escribiendo que se me han adormecido las piernas. Tengo a mi abuela presente en mi memoria, beso su retrato que tengo al lado de mi cama me sonrie con esa mirada intensa que logro penetrar al fondo de mi alma para siempre.


Si cierro los ojos veo sus manos, la blancura de su piel, lo chiquito que tenia los pies, la forma de sus labios, sus orejas, la izquierda sobresale un poco más que la derecha. Que ordenada y limpia era mi abuela. Que tierna y sobre todo que inteligente y talentosa. Recuerdo su sonrisa franca, generosa, el timbre de su voz, como reian sus ojitos color miel y su elegancia porque era una mujer de fina estampa, de clase y una sensibilidad angelical.

Cuando era chica le escribia muchas cartas en las que siempre empezaba diciendo" No voy a mandarte esta carta, pero quiero decirte lo que hicimos el otro día." y le contaba todo lo que me habia sucedido en esos dias, todo, lo bueno y lo malo.

Y es que en aquellos dias, todo lo escribia en un cuaderno, en un diario en donde quedaron mis palabras, aquellas que no podia leer ya mas porque se habia muerto. Le decia: "Tal vez no la leas hasta que ambos estemos muertas. Pero no, que digo, los muertos no leen. Los muertos son lo que permanece de lo que alguna vez fue escrito. Mucho de lo escrito queda reducido a cenizas, pero los muertos están todos ahí, en las palabras que se quedan." Y ahora al leerlo se me paran los pelos de punta porque yo solo tenia 15 diciembres cuando ya sentia todo esto, tan profundo, tan cierto.

Al principio pensaba que era una cuestión de duración, y que la esperanza era el aguardar algo mucho más allá. Pero no. Me equivocaba. La expectativa pertenece al cuerpo, mientras la esperanza pertenece al alma. Hay una gran diferencia. Las dos conversan y se entusiasman o se consuelan una a otra, pero el sueño de una y de la otra son diferentes. He aprendido algo más. La expectativa de un cuerpo puede durar tanto como cualquier esperanza.

Mi abuela se murio hace mas de cuatro decadas, sin embargo nunca ha dejado de estar presente, viva en mi memoria. En mis primeros pasos como escritora, he contado un poco de la historia de mi abuela, una valiente mujer de corta estatura pero de gigantesco espiritu, el libro se llama "Luz de almas viejas" y espero tenerlo publicado y en las librerias de Lima y Miami en este 2009.

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