Monday, January 25, 2010

Pulido y mejorado


Mi corrector de estilo, Fernando Lopez Peralta, me hizo unos cambios y arreglos a mi poema de "Nunca me dijiste"

Amiga... quité un par de palaras, sumé otras y alteré el orden de otras... He leído nuevamente el poema... Sigue siendo una historia intensa, pero no la siento poema... creo q debemos convertirla en prosa... Una breve nota a aquel viejo amor... prosa poética...



Hoy recién reparo que nunca me dijiste que me amabas,
nunca fue necesario, porque siempre sentí tu amor,
Hoy reparo en miles de amaneceres
sin sentir tus dulces labios, tu voz gentil y varonil;
tus manos acariciando mi rostro,
tus ojos iluminando mi mirar,
tu aliento caliente,
tu torso fuerte,
tu piel tostada por el sol.

Hoy, me haces tanta falta,
siento como si la vida se nos fue de las manos
y en ella ya ni el tiempo ni la distancia encuentran cabida.



¡Qué importa tanta agonía!
Si dentro de mí todavía tu estrella brilla,
si nada ni nadie jamás pudo reemplazarte
nadie.

Si lo que viví contigo fueron las horas más dulces del amor,
las horas deliciosas de la pasión,
de la plenitud toda.
Fuiste mi felicidad.

Hoy recién reparo que nunca me dijiste que me amabas,
y hace poco, después de toda una vida,
me miraste en el mes de noviembre
y temblando, con timidez, preguntaste:
¿Te puedo dar un beso?
Pero antes me dijiste:
"Sigues igual, no has cambiado"
y tomándome de las manos,
con los ojos mojados,
me susurraste al oído:
"Nunca hubo nadie como tú."

¡Qué falta me hizo tu alegría!
Tu risa, tu espíritu,
sólo tú me conocías,
sólo tú me comprendías,
no tenía que decirte nada,
tú todo lo sabías.



Aquel noviembre

Recordamos unas cosas,
nos pesaron otras.
Reímos mucho,
lloramos, mucho.

Hoy recién reparo que nunca me dijiste que me amabas,
nunca me escribiste una carta,
nunca tuve una foto tuya,
nunca pasamos una noche entera juntos,
nunca recibimos un amanecer,
fuimos amantes en horario de oficina,
en secreto, en privado.

Me marché de tu vida huyendo del amor prohibido,
del amor imposible,
porque no podías ser mío,
y yo no sabía romper corazones ni compromisos;
salí para siempre de tu vida,
me fui pensando que la distancia
y el tiempo -de olvidarte- se encargarían.

Hoy recién reparo que nunca me prometiste nada,
nunca me dijiste mentiras,
no podías romper cadenas,
eras como tu padre:
querías tener esposa y querida,
hablabas poco, mucho me oías,
tus brazos fuertes me protegían,
me cubrían, me amparaban;
eras mi vida, eras mi hombre, eras mi todo,
pero yo no podría ser la señora,
yo tendría que ser "la prohibida",
la otra. A la que llamarían "la querida".

Ahora sé, sí, sé que me amabas
con ese amor que dura toda la vida.

Hoy recién reparo que nunca supiste cuán importante eras,
siempre fuiste el amor de mis amores;
tú lo tenías todo,
éramos el uno para el otro.

Yo era joven, muy joven y bonita,
tú eras bastante mayor que yo;
un hombre fuerte y bien parecido,
experto, galante, artista,
enamorado de la vida y del mar.

Sé que luchaste por no sentir lo que sentías,
pero quién puede evitar algo tan fuerte
que sienten un hombre y una mujer
cuando la magia del amor,
del placer y lo imposible los atrapa.
Supiste llenarme los vacíos todos
y una noche te lo entregué todo;
te di mis primeros besos de amor,
mis caricias inexpertas,
y fui fiera en tus brasas.

Te entregué mi alma,
mi cuerpo, mi vida, mi ser, mi todo;
desde ese día fui tuya muchas veces,
muchas, infinitas, sin que tu lo supieras.
Desde que me fui, he vivido buscándote

en los caminos de mi torturada mente.

Hoy, esta noche, cuando mi cuerpo ya enfermo no puede más,
me toco los labios recordando tu último beso,
cuando nos volvimos a encontrar.
Ya no éramos jóvenes,
ya no teníamos la vida por delante,
ya no podíamos unir nuestros cuerpos y sin embargo
- ironías tiene la vida-
nos deseábamos más que antes.


No te importó que yo estuviera de paso,
que hubieran personas a nuestro lado,
que habían pasado miles de noches sin vernos;
me abrazaste con fuerza,
me tocaste los labios con tus dedos,
acariciaste mi rostro ojeroso y cansado
y me dijiste con una voz tan dulce,
tan suave, que derritió las paredes del alma,
sin que pudieras seguir callándolo:
¿Sabes una cosa?
Siempre,
siempre te he amado,
nunca he dejado de pensar en ti.

Te vi partir hasta que te hiciste chiquito,
desde ese día no he podido dejar de llorar,
ni de pensarte
y no me perdono porque fui yo quien se marchó,
con mi decisión cambié tu vida y la mía,
pensando que al poco tiempo te olvidaría,
y nunca me lo he podido perdonar.

Me fui porque nunca me dijiste que me amabas,
Me fui porque nunca comprendiste que éramos el amor.


Dicen que siempre hay uno que ama más,
siempre he pensado que por que te quería tanto es que me fui.
Cobardes ambos,
decentes ambos,
masoquistas, pero dignos ciudadanos.

Y ahora viejo,
canoso, cansado;
con los labios temblorosos
y una tristeza infinita
me miras y encuentro en tus ojos
todos los te quiero,
todos los te amo que callaste;
todo lo que hubieras querido prometerme,
y sólo me pides un beso.



*******LA PARTE EN ROJO, 2 líneas con las que de todo el poema me quedo porque lo dicen todo: Me fui porque nunca me dijiste que me amabas,
Me fui porque nunca comprendiste que éramos el amor.



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