Tuesday, August 17, 2010

Flores para mis abuelos


Abuela adorada falta poco para llegar hasta el lugar en donde descansa tu cuerpo sin alma. Hace tanto que no te visito en el campo santo en donde flores te llevaba cada Setiembre 4. Recuerdo cuando muy joven te preguntaba sino tendrias miedo de convivir con los muertos; me miraste con esos ojos tiernos y me regalaste tu dulce voz y sonriente me dijiste: tenle miedo a los vivos y nunca le temas a la muerte.

-Abuelita querida, yo tengo apenas 13 y no se como voy hacer cuando te vayas al cielo, y entonces me dijiste: siempre he de estar contigo, siempre.

En el huerto de mi alma vive conmigo, acomodándose uno de sus tantos sombreros, sentada en la silla de la gran mesa, platicando con su familia, repartiendo galletas, chocolates y caramelos a todos sus nietos. La veo en su jardin regando sus violetas en flor y sus geranios rojos.

Ya llega el momento de llevarte un ramo enorme de flores, salpicado del amor de toda una vida admirando tu presencia angelical. El domingo vuelo hasta Lima a visitar los rincones que conocieron tu fragancia, tus besos de abuela amorosa, tus manos de generosa entrega, vuelven las historias, los recuerdos, los retratos, de cuando fue esposa de un prolifico viudo de la pintoresca Miraflores, en aquella tumba en lo alto enterrada en un traje blanco, descansan los huesitos de quien fuera la mejor amiga de los pobres, que murió un 11 de diciembre de 1966. Tengo en el recuerdo de mi infancia tantas historias que necesito contar, tengo la necesidad de seguir sus obras de servicio a la humanidad.

Llegan gentes de la familia que tienen años sin venir a Lima, vienen desde muy lejos para reunirse de nuevo, buscando el recuerdo de sus ancestros, a conocer a nietos, bisnietos y tataranietos de la gran mujer que fue mi abuela.

Quiero escuchar a mis primas mayores como cuentan muchas historias de nuestros abuelos, somos los herederos de nobles almas, llevamos en la sangre todos los talentos, y muchos nos parecemos, tenemos ojos grandes, perfiles similares, manos expresivas, somos descendientes de quienes fueran pioneros que forjaron los caminos de personas extraordinarias.

Llevo muchos años sin ir al cementerio, prefiero llamarlo el camposanto, aquí, en esta la tierra de mi juventud.

Es otra vez domingo, otra vez se acerca Setiembre, aquí vengo con mi padre, ya tengo 56, ahí esta la tumba de mi abuelo, al lado de su primera esposa, conozco el camino.
La primera, Maria Teresa se fue un 11 de Diciembre, coincidencia que la muerte escogiera la misma fecha para llevarse a mi abuela Carmen Rosa en el mismo aniversario. Papá coloca las flores sobre la lápida que lleva el nombre de mi abuelo y el de su primera esposa, su prima hermana, la dulce y buena Maria Teresa.

Mi abuelo tuvo un total de 22 hijos con sus dos esposas. El 29 de Agosto nos estaremos reuniendo los descendientes de Fernando, muchos primos, sobrinos, hijos, hermanos, nietos, bisnietos, tataranietos reconoceremos nuestros rostros, algunos nos conoceremos por primera vez.

Pero antes de verlos a todos, quiero ir a dejarle flores a las tumbas de mis abuelos.

2 comments:

  1. Maravillosa entrada! te escucho leer sobre la abuelita y se me estremece el alma, llega al corazón, tantos sentimientos nobles son la herencia y enseñanzas de Doña Carmen Rosa...

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  2. El recuerdo es lo que hace que nuestros seres queridos permanezcan vivos, y tu con cariño y alegría haces un envío especial, para los abuelitos, espero que tu ilusión les lleve el abrazo sincero que quieres darle de corazón!

    Un Besito Marino

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