Thursday, February 6, 2014

Enciende una vela

Anoche, como lo vengo haciendo hace un tiempo, fuimos mi hermano y yo al grupo de oracion y sanacion de la Iglesia "Madre de Cristo" o Mother of Christ. Nos dieron a todos una velita blanca que durante el servicio se iba a encender. Llegaron unas amigas peruanas a las que no veia desde mi primera juventud, una de ellas amiga del colegio, un poco menor que yo, fue un emocionante re-encuentro y como yo siempre digo "nada es casualidad", nada. Fue por Mechita, otra amiga de Facebook que pude conectarme con ellas. Mi amiga, con su hermana Elsa y Corina otra dulce y elegante peruana nos dimos largos y sentidos abrazos, ojos mojados, tiempo sin tiempo. Gladys me dijo "te acuerdas cuando cantabas en el colegio?" me parece estar viendote con tus botas y minifalda imitando a Rocio Durcal, cantando "en un cartel de publicidad", siempre me deja intrigada las cosas que recuerdan las personas, otra amiga que vive en Australia nunca pudo olvidar como recitaba el poema del lobo y Francisco de Asis. Todas las noches enciendo una vela. Como hoy, cuando llegue la noche he de encenderla para mirarla y reposar la mirada en su llama de luz. Esa luz que alumbra, que es tan significativa como nuestras vidas. Me gustan desde siempre las velas, tanto como las flores, como las frutas alegrando con sus colores, como los cuadros pintados por pintores peruanos desconocidos pero llenos de talento. Anoche, en la Iglesia, apagaron todas las luces y se prendieron todas las velas, el ambiente era especial, lleno de paz, lleno de fe, de un gozo celestial, de hermanos entregados a esa frecuencia divina de los que buscan el camino de Dios, su luz, y lo encuentran, de personas de fe que han sido curadas como los leprosos, que ya no sufren de ceguera, de dolores, tumores, carencias, de miedos. Que fascinante era ver cientos de llamas encendidas. Entonces me sumerjo en aguas pasadas, debe de ser la casa de mis abuelos, en Miraflores, la costa de mi amado Perú, siempre habían muchas velas encendidas en las noches, mi abuela era una fiel creyente, una mujer que practicaba su amor en cada acto de su generosa vida. La luz se acababa a las seis de la tarde y llegaba la noche, en el invierno hacía mucho frío, recuerdo como nos metíamos bajo las pesadas frazadas de lana de oveja y de alpaca, frazadas que llevaban nuestros nombres bordados por las manos santas de mi adorada abuelita. Nunca olvidaré los olores de la casa de mi abuela, el aroma a canela, a salitre porque el mar estaba cerca, la humedad de Lima, la intensidad de todas esas sensaciones, de esos momentos. Las voces. Las risas. Las luces de las velas. La casa de la calle Piura que no era tan grande, claro, de niña, todo nos parece gigante. Quiero volver a leer a Ricardo Palma, quiero leer tantos libros, textos clásicos y modernos. Vivo un dilema que no resuelvo, quiero pertenecer al mundo moderno, quiero acomodarme a los tiempos, quiero seguir aprendiendo, no dejar de maravillarme con la belleza de las flores, con cada amanecer, levantando mis ojos a un cielo lleno de estrellas, jugando en un columpio, acariciando a los hijos de mis hijos y encontrando que tienen mi mirada. Y prendiendo la vela, pensaba, en mi necesidad de escribir sin saber quien me lee, y que si escribo no es para que me digan que "bien escribo", porque sigo siendo una aprendiz de escritora, porque escribo con el alma, buscando amor, buscando abrazos, buscando quizás cierta compañía, y sobre todo, seguir creciendo, mejorando, modificandome. Me desespera no tener todas las palabras que llevan tilde o acentos bien escritas, espero poder comprarme una nueva ordenadora pronto, la que tengo tiene las teclas borradas y vive la pobre con tantos achaques que es como si fuera una parte de mi cuerpo. Cuando se escribe, la manera de pensar se modifica. La memoria es parte de nuestra conciencia. Las palabras son las memorias, o acaso las memorias se convierten en palabras. Mis amigas se quedaron conmigo hasta muy tarde, fue una noche inolvidable, oramos, nos acercamos a nuestro Padre Celestial, prendimos la vela, noche de tertulia, de recuerdos de juventud, de risas y emociones, y quedamos en volver a vernos muy pronto.

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