Monday, March 31, 2014

Flora mi primera nieta

¡Ha nacido una niña! ¡Sí, hace apenas unas horas nació! Dice su papá, quien por cierto soñé que me llamaba desde París ayer a las cinco de la mañana, que pesó más de tres kilos. “¿Cuáááááááánto?”, exclamé entre sueños. A pesar de que me repitió el peso a gritos, yo seguía dormida. Soñaba que una voz muy varonil me anunciaba el nacimiento de mi primera nieta. Estaba tan feliz con mi sueño. Me parecía tan real que por eso no me quería despertar. Por absurdo que parezca pensaba incluso que ya estaba despierta y que, por ello, escuchaba con tanta claridad la voz de su padre: “Ya llegó. Ya está aquí. Está preciosa, muy semejante a su hermano. Su mamá está muy bien. Bueno, ya te dejo dormir”, me dijo antes de colgar. “Soñé que ya había nacido”, le comenté a Juilo dándome la media vuelta. “Van varias veces que sueñas con lo mismo… ¿Quién llamó?”, me preguntó con voz de dormido. “¿Acaso puedes escuchar mis sueños?”, le pregunté incrédula. “Claro que no. Pero ¿quién llamó ahorita por teléfono?” “No sé. Estaba profundamente dormida. A lo mejor soñaste que alguien llamó”, le repuse. No obtuve ninguna respuesta. Un minuto después ambos dormíamos plácidamente. Han de ser mis nervios. Lo que sucede es que sigo preocupada, porque como sabes ya debería de haber nacido mi nieta. Por eso sueño que un señor me anuncia su nacimiento. Fíjate, esta noche clarito soñé que su papá me llamaba por teléfono para decirme que ya había nacido. Oye, ¿por qué será tan tardada esta niña que ya debería de haber llegado al mundo? ¿En qué estará tan ocupada que no aparece por ninguna parte? Tú que sabes tanto dime qué tantas cosas estará haciendo todavía en el vientre de su madre si ya se cumplió su término. En otras palabras todo se lo tomará con mucha calma. Con tal de que no herede la impuntualidad de su abuela…”. Julio me escuchaba mientras se rasuraba. Parecía lejano. Era evidente que mis preocupaciones lo tenían sin cuidado. Qué extraño le ha de resultar estar casado con una abuela cuyos nietos no tienen nada que ver con él. ¿Cuál será realmente su relación respecto a mis nietos? ¿Abuelastro? ¿Abuelo postizo? ¿Abuelo virtual? ¿Abuelo de mentira? Quién sabe. Lo que me queda clarísimo es que a él todavía le falta mucho tiempo para experimentar esa sensación que significa ser abuelo y que es tan única e inexplicable. ¿Será lo mismo ser abuela de un nieto que de una nieta? Confieso que mi relación con mi primer nieto es bastante privilegiada. Sin hipérbole podría asegurar que la química que se ha dado entre los dos es casi, casi milagrosa. Pero, ¿cómo será con mi nieta? Por lo menos ya tenemos una cosa en común, ninguna de las dos somos muy puntuales que digamos. No recuerdo quién me dijo un día que todas las mujeres latinass se llamaban María y los varones, José. Seguro que fueron las monjas de mi colegio. María… qué bonito nombre. Soy de las pocas que hoy lleva ese nombre, Mary!!! ¿Cuántas Marías conozco? Bueno, a la Virgen María, a María Magdalena de las que fueron las primeras de que tuve conciencia en mi vida. En seguida vendrían: María Félix, María Victoria, María Conesa, María Estuardo, María Curie y Simplemente María, y la de Amor sin barreras, el nombre dulce, tierno, amoroso, mi nombre. El libro predilecto de mi juventud "María de Jorge Isaac." Sin duda “María” es un nombre muy latino. Pienso que la virtud de este nombre tan universal es que se oye bonito en todos los idiomas, no obstante la bisabuela francesa de mi nieta dice que María en español dicho a la francesa es un nombre de concierge. ¡Que vivan todas las porteras que se llaman María! Mi hermana se llama Rose Marie. No Rose Mary. Pero porsupuesto hace mucho tiempo que no le ponen ese nombre a nuestras hijas o nietas, ahora llevan otros nombres como Melissa, Jessica, Claudia, Paola, Catherine, Manuela. A mi nieta de nombre le pusieron FLORA, y la verdad me gusta mucho. Amo las flores, y ahora tengo la flor de mi vida, de carne y hueso, mi nieta bella, mi nieta Flora. Hoy estoy ilusionada, agradecida, emocionada, feliz, esperando el momento de tener en mis brazos a mi primera nieta, FLORA, tiene pocas horas de haber nacido, es mi primera nieta, ya tengo tres nietos varones, todos maravillosos, todos especiales, son mi Paraiso. He ido juntando en una maleta varios regalos durante el embarazo, ropita tejida, colchitas, libros de niñas y princesas, una sillita, un par de peinetas de carey, una falda pequeñita de cholita peruana, un cuadro de flores en honor a su bello nombre y otras tantas cosas. Además, le tengo fotos de su hermano y de sus primos hermanos, otras de sus antepasados. ¡Qué terrible ha de ser tener una abuela tan gritona y extrovertida, conversadora y escritora, y, por si fuera poco, nostálgica y llorona! Temo sin embargo que serán sus gustos, y no los míos, los que se impondrán. Los voy a respetar. Estoy abierta a que me re-eduquen mis nietos. Estoy abierta a aprender de ellos y estoy abierta a adaptarme a sus tiempos. No obstante, también yo tengo muchas cosas que enseñarles y que platicarles. Por ejemplo, nada me gustará más que contarles acerca de sus bisabuelos. Comenzaré por contarles cómo se conocieron, cómo se enamoraron, cómo se casaron y cómo tuvieron tantos hijos y nietos. También les contaré cómo era la Ciudad de Lima y la de Miami mucho tiempo antes de que nacieran, de cómo eran las playas, y de cómo se veían de la ventana la orilla del mar. También me gustaría llevarlos al parque, y viajar a los lugares donde nacieron mis padres. Probar el primer ceviche, papas a la huancaina, las lentejas de la abuela Mary!!! Con mis nietos, los cuatro juntos quiero mirar todas las películas de Cantinflas y las de Disney. Una nostalgia inevitable, al ser testigo de tantos y tantos cambios, que nos hacen añorar cada vez más el pasado y compartirlo en el presente con nuestra continuidad, nuestros nietos. Cuando finalmente me preparé el desayuno y una vez que me despedí de mi esposo, lo primero que hice fue abrir mi Facebook, ansiosa con la noticia del nacimiento de Flora. 28 de Marzo del 2014. Sí, allí estaba la noticia que tanto esperaba: “Mamá: nació hace un poco más de una hora, pesó 7.6 libras . Flora y su mamá están muy bien. Un beso”. Esta vez no se trataba de un sueño. Por eso permítanme pues, queridísimos lectores, participarles de todo corazón el nacimiento de ¡¡¡mi nieta!!! Fui corriendo al Hospital, a conocerla, a tratar de contener el llanto, de no perder mi compostura, loca de felicidad, llena de la dicha inmensa de ser abuela de Flora a mis 60. Ahora tengo cuatro nietos, Dario de 11, Coen de 7, Romulo de 21 meses casi 2, y mi Flora de pocas horas... Gracias, gracias infinitas a mi Padre Celestial que tanto nos ama.

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