Saturday, August 1, 2015

Bienvenido Agosto

Podría empezar escribiendo y declarando que todo va a mejorar en mi vida, ya es el momento.  Han pasado muchos pero muchos veranos, el tiempo no ha tenido clemencia con mi cuerpo y ha dejado huellas muy marcadas. Mi mirada no es la misma desde que todos ellos se marcharon para siempre, dejaron de existir, han sido tantas las personas amadas que ya no puedo abrazar, con las que ya no puedo compartir mi mesa, a las que ya no puedo visitar, las llevo dentro de mi mente, en mis pensamientos y oraciones diarias, todas viven en el huerto de mi alma y me visitan cuando duermo. La nostalgia se instalo en mi vida, la tristeza hizo de mi mirada su nueva morada y no se quiere marchar de mis ojos que no se cansan de llorar y que se han vuelto tan tristes.  Las personas evitan mi presencia porque siempre me encuentran deprimida, enferma y cansada, no entienden lo que me pasa, y si lo entienden no lo aceptan o lo comprenden. He marcado nuevas rutas en los caminos de mi vida, he querido escribir muchas veces pero mi pluma se ha quedado callada porque su silencio dice lo que no pueden expresar sus palabras, he cambiado mi lenguaje, mi voz es pausada y se quiebra porque el dolor tiene rotas mi cuerdas vocales,  mis ojos reparan en muchas cosas que antes pasaron desapercibidas, me fijo en la persona que atraviesa la esquina, me arrulla y me estremece el paso del viento sobre los árboles. Me cuesta mucho trabajo tragar la comida, no me gusta comer delante de nadie, me atraganto con facilidad. Me averguenza.  Me incomoda. Siento en mi soledad silente de observadora de todo y todos, que ahora, esa forma de expresión no le habla a mucha gente. Que canto acaso una canción que nadie escucha, en un idioma que nadie conoce o entiende. Vivo escondida del mundo, en mi complejo mundo, con mis amigas las flores, iluminada por mis amadas luciernagas, con el sonido de las aves que visitan mi patio cada tarde, orando, hablando con Dios a quien tuve tanto tiempo olvidado. Tengo un nuevo amor, se llama Jesucristo,  

No lo sé.  Quiero hacer tantas cosas.  Mi mente siempre acelerada, mi cuerpo que no responde, mis pies hinchados, mi sobrepeso, fibromyalgia, ansiedad, diabetes, duelo, el dolor de cabeza de cada madrugada desvelando mi cuerpo cansado y adolorido. He aprendido a vivir el hoy, a pensar cuando abro los ojos que hoy me voy a sentir como antes, como cuando trabajaba y me ganaba los frijoles, me repito que no hay enfermedad que dure cien veranos ni cuerpo que lo resista.  Sigo viva.  Sigo respirando. Vivo agradecida, olvidada por mucha gente querida que no tiene tiempo ni siquiera para hacerme una llamada de dos minutos, pero no pierdo la esperanza.

Estoy leyendo a Gioconda Belli, me gusta como con palabras puede dibujar escenas tan reales mientras devoro uno de sus tantos libros.  Hasta ahora todos los que he leido de ella me han gustado mucho, la admiro, quisiera poder escribir como ella y que traduzcan mis libros a trece idiomas. Quisiera que mis libros se vendieran y con el dinero poder dar de comer al hambriento y seguir mi labor de servicio, aquella que duerme por falta de tantas cosas, trato de hacer todo lo posible para ayudar a los pobres desde que funde Centro Luz de Almas.   Tengo que proponerme escribir un capitulo diario, sacar fuerzas y llegar hasta la Biblioteca para pasar en limpio la historia esa que hace tanto tiempo he ido tejiendo en parches, en pedacitos, en anotaciones.  Hierbe mi sangre de letras que quieren salir del encierro.  Saben acaso mis historias que deben dejar los caminos de mi mente para quedar plasmadas en el papel de un libro que pueda alimentar el alma hambrienta de quien necesite encontrar la verdad en las palabras.  ¿Sabemos acaso los escritores todo eso cuando escribimos?  cuando sentimos que escribir es tan importante como respirar, como existir, como ser, como vivir. 

 Ya no escribo en el blog de Mariangeles Pedacitos de mi vida como antes porque el Facebook se lleva una buena parte de mi tiempo,  porque la experiencia se queda quieta, esperando salir en palabras, escucha, no habla mucho. Tengo que conseguir una nueva computadora y que tenga acentos en su teclado, tengo un amigo que me ha ofrecido editar mis escritos, le voy a tomar la palabra, para que me haga las correcciones gramaticales.  Una desea que las cosas fluyan, que las personas lean y se queden a recorrer otros espacios, cosa que no sucede mucho. Y no se puede hablar sola. Es la regla de la gramática que incluye siembre un tú que de alguna manera debe estar presente.

Bienvenido Agosto, Miami es siempre muy caluroso, pero este verano he sentido que el calor ha sido intenso, agotador, insoportable, tengo que esperar que se muera la tarde para poder salir al patio o a caminar, no soy amante del verano, soy como mi gran amiga Laura Elizabeth,  me gusta el invierno, las mantas de lana de alpaca, las chimeneas, la nieve, y quisiera irme a otro lugar, Dios sabe lo que quisiera, pero he aprendido a dar las gracias y a no quejarme, me he quedado en Miami por mis hijos, por mis nietos, por el trabajo de mi esposo, esperando la edad del retiro.    Mi mente me dice que salga a caminar, mis pies, el clima, los mosquitos, los dolores, la fatiga y la humedad me detienen.  

Hace tiempo que vengo repitiendo lo que no puedo poner por escrito, hago anotaciones, no se a donde puse la grabadora, anda escondida en alguno de mis cajones, repletos de cosas y de recuerdos de los que una de estas semanas me pienso deshacer por completo, quiero simplificar mi vida, tener menos cosas, Lo indispensable, lo necesario.  He ido haciendolo mes a mes, he simplificado tanto mi vida, he aprendido que no es necesario llenarse de tantas cosas, si pudiera tener todo el dinero que he gastado en el pasado, compulsivamente en tantos objetos que lo que hacen es acumular polvo.  Ya no tengo ese vicio, ese defecto, esa necesidad de comprar tanta ropa, carteras, adornos, platos, cachibaches, collares, zapatos, manteles, revistas, libros, colecciones de vaquitas y gallos, cuadros que han llenado todas las paredes.  No quiero vivir en un Museo.   La compañía de tantos objetos nos dejan solas. Ya mi cuerpo no puede soportar vivir en la dictadura del tiempo de los demás, necesita su tiempo, su velocidad, que puede ser lenta, para asimilar ciertas cosas, para impregnarse de ellas.  Tengo enfermedades cronicas que se pueden controlar, dicen los doctores, me he gastado todos mis ahorros en tratamientos medicos, me he quedado pobre, estoy cansada de hacer cheques por cientos y miles y seguir tan enferma o peor que antes... a otro chino con ese cuento. Mi cuerpo no se acostumbra a los "benditos remedios" ahora resulta que todas las enfermedades son hereditarias, las de la mente, las del cuerpo, he probado meditar, gritar, llorar, rezar, dormir ocho horas diarias, comer saludablemente, hacer ejercicios, nadar, ya no tomo gaseosas, ni postres, me he vuelto bondadosa al escuchar,y he aprendido a gozar al ser generosa, amar a mi projimo como a mi mismo, ayudar a los pobres, cumplir con mis obligaciones de esposa, madre, ama de casa, hija, hermana, amiga, vecina, ciudadana, sobre todo he aprendido a perdonarme, a quererme, a perdonar a los que han hecho tanto mal. Las noticias del mundo me quitan el aire, me asfixian, me duelen, el hambre, la pobreza, la falta de fe, el desamor, la dominación del mal, de lo prohibido, de lo injusto, de lo inmoral, no hay mejor forma de controlar que controlar el cuerpo, y, con ello, la cabeza.  Me duele el mundo, la indecencia de los politicos corruptos, la codicia de las empresas, el maltrato, la indiferencia de los buenos.

Estos días han sido muy calurosos, ayer, fiebre viral, mi cuerpo descompuesto, los extremos, la tembladera, mis manos heladas, mis nervios descontrolados, mis ataques de ansiedad,  Lo que me marca y me ayuda son mis años de infancia, tuve una abuela y una nana maravillosas, sembraron sus buenas semillas y me dejaron el recuerdo de en un clima suave, amoroso, seguro, indulgente, que si no fuera por ello, por esos recuerdos y esas huellas sinceras y buenas, nunca hubiera podido soportar ningún evento climático de los que me ha tocado afrontar desde hace un buen rato. Mi primera infancia y juventud en Lima, con gente buena y querida.   Hoy sentí que más que angustiarme, que llorar desconsolada, que desesperarme en mi lentitud, en mi poca eficiencia en la cocina, yo que antes pude cocinar banquetes y era la reina de las reuniones, ahora soy lenta, calmada, cansada, me he quemado los dedos, me he cortado, se me cae todo de las manos, hasta ducharme me deja agotada.   No quiero que me vean y que sientan pena o rabia.  Hay quienes simplemente no aceptan a la mujer en la que me he convertido, mis hijos por ejemplo, acaso mis hermanos.

Quiero volver a nadar.  Estoy esperando que se vaya el verano para hacerlo.   Entregarme al agua como en la juventud, sin miedo.  Me quedé escribiendo, pensando. No me di cuenta que ya eran casi las tres y media y la bulla de las llaves de mi esposo me hicieron darme cuenta de que el tiempo escribiendo siempre se pasa volando. Por unos momentos los dolores se acallaron, por eso me gusta el facebook es mi terapia diaria, son los hilos invisibles que me conectan con personas muy allegadas a mi vida,  Son invisibles pero siempre presentes.   Voy a seguir leyendo VVaslala de la Belli, mi esposo lee un libro sobre Churchill y De Gaulle y aprende un poco mas sobre la segunda Guerra mundial, ama la historia, a mi me encanta verlo leer y quedarse al poco rato dormido.  

Me voy a preparar otro café y leer muchas páginas, a ver si la lectura de una gran ecritora me inspira, me alienta, me produce un nuevo encantamiento por la vida.  Leer es un privilegio, encontrar en las palabras la magia, la pureza, el amor.  

¿Cómo poder escribir una novela de todo lo que he vivido, lo que he sentido, lo que he llorado, lo que he experimentado, lo que he amado, lo que he sufrido, cómo inventar o imaginar o darle vida a cada personaje, darle a cada uno un caudal de cualidades y defectos, de emociones y darles vida, darles a cada uno un nombre, una cara, un cuerpo, un alma, una voz.  

Mi mente llena de palabras, de historias, de recuerdos, de experiencias, del extraño sortilegio que me atrapa para seguir esos laberintos coloridos del lenguaje. Pienso en el idioma de Cervantes, me gusta tener un alma latina.   He escrito pedacitos, notas, cuentos, he publicado un libro, quiero dar a luz mi primera novela, no dejar que nada me lo impida.    Mi corazón siempre se ha embarcado en esos veleros que navegan solitarios en aguas tormentosas. Mis pies dejan huellas en la arena de las orillas de esa playa amada de mi Costa, de mi Lima.  Siempre latiendo solitario y con mucho miedo en esas aguas a veces claras, a veces oscuras de mi gran e inquieta imaginación. Soy una eterna viajera, una alma vieja, que se pierde siempre en alguna ruta, en caminos rocosos, en mares y lagos, por eso me gustan los barcos, las bicicletas, los aviones, los parapentes, los angeles, las aves .  Vivo en constante movimiento porque mi imaginación está siempre en movimiento. Quisiera no encontrar la tristeza alojada en mi mirada. Quisiera no pasar tantas horas sin hablar, sin escuchar mi voz. Soy desde siempre una soñadora, tuve una abuela literaria,santa, generosa,buena, gran poeta, mujer grande, soy hija de una artista con sangre Cherokee, alemana, inglesa, mi madre inteligente, directa, lectora, gran pianista, artista, culta, bohemia, mi padre volador, piloto, viajero incansable, apasionado, activo, deportista, alegre, un poco irresponsable, vengo de familia de personas apasionadas, amantes del arte, cantantes, poetas, pintores, de gente trabajadora, franca, habladora, orgullosos de su nombre, de su historia.   No sé en qué momento me converti en escritora pero vivo escribiendo.

Muchas veces pongo fotos en Facebook o pensamientos de personas famosas en vez de publicar mis poemas o escritos.   Extraño mucho los mensajes largos de mis amigas queridas, las tengo lejos, me hacen tanta falta, todas viven vidas ocupadas y no tienen tiempo, quisiera que tuvieran mucho dinero para que vinieran a pasarse unas semanas conmigo, se lo pido a Dios siempre. 

Son las cuatro y pensaba que eran las cinco. El tiempo, como siempre cuando escribo, ha pasado veloz. Hoy en la escala del dolor soy un cinco, ayer fue un seis. Quiero volver a sentirme bien, se lo ordeno a mi mente, se lo ordeno a mi cuerpo, le ordeno a todas las enfermedades que se liberen, que se muden, que se marchen para siempre.    

Soy Mary Elizabeth Fernandez de Vasquez y escribo para aliviar el hambre.  

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