Monday, December 28, 2015

Despidiendo el 2015


Me han recomendado un libro de título: “La vida periférica” escrito por Roxana Villareal, autora mexicana que hace su debut como escritora con un conjunto de relatos cortos sobre experiencias de la vida diaria de las amas de casa, arrancados al tiempo tirano de la vida doméstica. Una mirada que se detiene en el propio cuerpo, las uñas, en algún instante, en la rutina, en la repetición, los conflictos humanos, en el exterior, en viajes, vagabundeos. Una amiga mía que lo ha leído dice que es un texto de fragmentos bajo la luz portentosa del tiempo moderno, acelerado y sin afecto. La escritora llena ese tiempo de los hechos cotidianos simples y los convierte en hechos fundamentales.  Yo estoy escribiendo desde hace mucho la historia de una mujer y siete hombres, (los varones son el primer y segundo esposo, los otros cinco los hijos, todos diferentes y victimas de haber nacido en un hogar disfuncional y haber seguido el mismo rumbo torcido en sus vidas).  Ya tengo en Lima quien me quiere ayudar a pulir mis historias, posiblemente reducir algunos relatos demasiado extensos, que logren tocar las fibras del alma, que haga efecto reflexivo, que deje huellas y aprendizaje, que sea inmediato, fugaz, como una estampa, como un beso, un abrazo de esos que te curan todos los males, qué sea fácil de leer, de traducir a otros idiomas, que cautive al lector desde su primera hasta la última página, que cuando cierres el libro te sientas lo que sentí cuando leí “El Principito” o “El Profeta” dos de mis libros favoritos.  

Pronto llega el 2016 y siento que ya es el momento de publicar mi segundo libro, tengo que encontrar una editorial que me dé la oportunidad de seguir creciendo en mi intento de convertirme en escritora por vocación y porque yo escribo para aliviar el hambre, es decir todo el dinero de la venta de mis libros está destinado a ayudar a personas que viven en la extrema pobreza en varias partes del Peru, empecé en Puno pero con el tiempo encontré que en Lima también hay mucha pobreza y Dios me puso un asentamiento humano que se llama Tiwinza en donde he conocido personas maravillosas que han motivado mis ganas de seguir viva a pesar de todos los obstáculos que se han presentado en mi vida.  Quiero escribir y que mis palabras re fortalezcan a las personas débiles, ayuden a los deprimidos, alivien a los tristes, llenen barriguitas hambrientas, dibujen sonrisas en adolescentes enamoradas y llenas de ilusión por encontrar un buen hombre, formar una familia feliz y tener hijitos y llegar a viejos siendo abuelos agradecidos del fruto de todos sus sacrificios.   Estamos viviendo días difíciles, pero si retrocedemos cientos de años vamos a descubrir que todos los tiempos han sido así, que siempre han habido guerras y tragedias, amores y decepciones, retos, miedos, que la vida es nacer, crecer, luchar, trabajar, sufrir, sobrevivir y que todos tarde o temprano vamos a morir, lo ideal es llegar a viejos sin volvernos una carga para nadie, sin que nuestros hijos nos abandonen y nos dejen tirados y olvidados en algún asilo, o peor aún que se olviden del mandamiento más importante de todos, “honrar padre y madre”, aunque tus padres no sean los que hubieras querido tener. Que terrible es haber tenido una madre maravillosa y no haberla valorado hasta que la perdiste porque se murió muy joven por un descuido, porqué la tristeza incurrida por el desamor y la indigencia, por la ingratitud y el abuso de los hijos puede matar a una madre.  Quiero escribir con claridad, con ojos que sepan mirar hasta desnudarnos la realidad.  Por otro lado, el uso de expresiones peruanas me ayuda en el tono, en la presencia de mí amada Lima. Hay muchas cosas más en mis historias inéditas, escritas en tiempos de enfermedad, bajo el efecto de remedios que curan unos males y producen otros.  Detesto ser dependiente de tantas pastillas, sentirme mareada cada mañana, no poder agacharme con agilidad, sentir que la cabeza me estalla cada madrugada y que me duele el cuerpo como si me hubiese pasado una aplanadora u hubiera caminado por el desierto por cuarenta años en una travesía que se pudo haber hecho en 13 días.   Que importante es tener disciplina desde pequeño, saber alimentar el cuerpo, la mente y el alma, que importante es saber inculcar en los hijos los verdaderos valores y sembrar las semillas del amor y de principios para que las tormentas de la vida no destruyan sus hogares emocionales, para que no caigan en las drogas, el alcohol, los vicios, la inmoralidad y no vivan tan confundidos e incrédulos del mundo invisible, de los milagros, de lo importante que es creer en Dios y vivir una vida balanceada en donde cuidemos la belleza del alma tanto como cuidamos la del cuerpo, no caer en los excesos, no permitir que la vanidad, lujuria, soberbia, gula, codicia, odio, envidia, avaricia, mentira, infidelidad, gobierne nuestras vidas, darle espacio a la humildad, a la simpleza, a vivir una vida abundante teniendo lo verdaderamente indispensable… me ha tomado toda una vida llegar hasta esta parte del camino, he pecado de excesos, he sido exagerada, arrogante, ambiciosa, fantasiosa,  comelona, y muchas cosas más cuando más joven, la vida me ha pasado muchas facturas después de los 55 años, somos victimas de nuestros errores y de nuestras malas decisiones, que importante es saber escoger día a día lo que es bueno para nosotros y saber afrontar las tentaciones del mundo, no dejarse engañar por el demonio que viene disfrazado todo el tiempo, que nos hace caer en sus garras.  He aprendido a ser una guerrera de la luz, no soy ágil como una atleta pero soy grande como un elefante y duradera como una tortuga, soy una sobreviviente que ha estado a punto de ahogarse muchas veces pero miro siempre la orilla y he aprendido a darle la vuelta a los tiburones para que no me arranquen un brazo o una pierna.   La vida es una lucha constante, un reto, una aventura, puede ser un cuento de hadas o una noche negra, una historia de amor, una batalla constante pero no podemos dejar de pedirle a nuestro Padre Celestial que nos mande el escudo, las herramientas, la luz, el amparo de sus ángeles, que nunca dejemos de creer en el amor y en la bondad que tenemos todos dentro de nosotros si permitimos que esos sentimientos florezcan.

Empecé a escribir sobre un libro que no he leído y como siempre me fui por las ramas, son mis dedos que corren apurados en mi viejo teclado, a veces más rápido que mis pensamientos. 

Estoy triste por todos los problemas del clima en el planeta, unos amigos han perdido su casa en Texas por los tornados devastadores que azotaron partes de Dallas un día después de la Navidad.  Quisiera tener dinero para ayudar a muchas familias que están pasando por días tan oscuros y difíciles en sus vidas, que eso nos sirva para darnos cuenta de que somos muy afortunados los que no pasamos por esas desgracias en nuestras vidas.     Nos puede pasar, no estamos libres de vivir una tragedia en algún momento, el clima como la enfermedad no conoce la palabra discriminación, los ricos, los famosos, los bonitos, los profesionales, los malos, los corruptos, todos podemos ser afectados en cualquier momento.   Hoy dale gracias a Dios, como todos los días.  Vive el hoy y el ahora y desde hoy empieza a ser feliz y aprende a cerrar círculos y enterrar el pasado.  Renueva tu vida cada vez que abras los ojos, repite “Hoy es el primer día del resto de mi vida”

 
Me voy a seguir escribiendo mis historias, en torno a los  temas que se desgranan como collares de perlas que contienen todas mis vivencias y experiencias.  Es un poco lo que sucede con la vida de todos, de muchos, salir de mi cárcel domiciliaria, de mi encierro por enfermedad, volver a vagabundear por los rincones, respirar, reír, aprender, oír, leer, bailar, disfrutar de los niños y los animalitos, acariciar el rostro de mis ancianos, abrazarlos, llevar amor a los enfermos, cumplir con mi misión de servir, de amar, de sentirme productiva y de llevar el mensaje del Redentor Jesús.  Como no esperar nada de la vida si en la vida podemos encontrar todo lo que nos lleva al Cielo, a la felicidad eterna.   Soy Mary Elizabeth Fernández y escribo para aliviar el hambre del cuerpo y del alma.  

 

Un lunes 28 de diciembre de 2015 muy temprano por la mañana.   

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