Wednesday, July 6, 2016

Otra crisis de gota

De regreso de la calle, cerca de casa, manejo muy poco, a la farmacia, al doctor, al Mercado.  El calor en Miami es agotador, la humedad hace que uno se siente pegajoso. Hace semanas que no me maquillo, nuevamente tengo el cabello largo y puedo recogerme las canas en mi peinado de bailarina, con la frente despejada. Quise seguir menejando por lugares como Coral Gables, donde he vivido antes.  Me parece mentira que mi llegada a Miami fuera a los finales de los setenta. Era tan joven, mis hijos bebitos. Más tarde,  ya casada por segunda vez, viví en una casa grande en un barrio lujoso, de la que mis padres se sentian muy orgullosos. Por esa calle ya no quiero volver a pasar, no puedo soportar el dolor de los recuerdos, no quiero encender esa llama ni revivir en mi mente escenas que no han querido borrarse de los caminos de mi mente que nunca descansa.  Es muy complicado atravesar esa línea que nos separa del pasado, del más lejano, y del inmediato. Algunos hechos, desapariciones, muertes, la casa destruida por el huracan Andrew en 1992, me hacen sentir más el paso del tiempo, hemos envejecido, hemos cambiado, en ese parpadeo veloz de la vida, en el que tenemos que perseguirnos para no perdernos, perdemos siempre algo. 

Tengo a mi esposo hace una semana en cama con otra crisis de "gota" cada vez que sucede me convierto con mucha dificultad en su enfermera.   Mi perrito tiene problemas para respirar y la visita al veterinario me deja el presupuesto mensual en rojo.  Necesito ayudar a una amiga que atraviesa por momentos de austeridad y no puedo hacerlo con dinero.  Tengo mucho tiempo sin poder trabajar ni producir como antes, cuando mi salud me permitia ganarme los frijoles y poder viajar a mi amada Lima. 

Me he quedado aislada en mi mundo.  Me consuelan diciendo que tengo a mi esposo y a mi perrito y a veces los visitantes que se quedan en el cuartito de huespedes.    Quien oye, con quién hablamos, es que acaso no estamos más solos que nunca?   Mi modo de comunicarme con el mundo es la ordenadora, el Facebook, mi blog.   No puedo leer en el patio por el calor demasiado intense.  Me duele mucho la cabeza, todo el tiempo, los medicamentos me siguen alterando todo el Sistema nervioso, tengo calambres en las manos y en los pies muchas veces en veinticuatro horas, demasiados calambres, se me caen los objetos de las manos.  Recuerdo cuando me ponía a leer en el patio de la casa de mi abuela, recuerdo los olores que subían,  los aromas a canela y manzanas, a cafecito pasado, recuerdo sus manitas preparando un arroz con leche insuperable.  

El tiempo ha pasado. Yo sé que ya no soy esa misma persona, que han pasado muchas cosas en mi vida, muchas.  He cambiado.  Antes hablaba mucho.  Ahora escucho mucho.  He simplificacado tanto mi vida.  Me he alejado de una vida sometida a las reglas del dinero, consumismo, materialism, frivolidad, vaciedad.  Necesito de muy poco para sentirme feliz, es decir necesito de lo que es verdadero y esencial para seguir viva, vencer las enfermedades y sobrevivir. 

He aprendido a vivir apartada del mundanal ruido.  Mi casita es un remanso de paz, todas las presonas que me visitan (muy pocas)  siempre me comentan lo bien que se sienten, dicen que la casa los abraza.   En la noche escuchas el sonido del silencio y cuando amanece el canto de las aves.


He aprendido a vivir una vida austera, frugal, con menos "cosas".  La poesía está en todas partes, en la orilla del mar, en una banca del parque, en una estrella, en una nube, en un abrazo cordial.

Hace varias semanas que las noticias que me llegan son motivo de llanto y duelo, y es que cuando llegamos a los 60 (o antes) las bodas son menos y abundan los funerals.   Noticias tristes, asuntos familiares, una quisiera que nadie estuviese mal, que todo sea suave,  que nuestra gente querida tuviera paz, salud, tranquilidad financier, que todo fuera armonía.  Yo me duermo orando, agradecida por cada respiro, por el techo y el abrigo, por el pan que por salud he aprendido a comer sin mantequilla, y no es sencillo. hay que vencer esas tentaciones, hay que pelear con los miedos y temores, aprender y crecer, aceptar el paso del tiempo, envejecer con dignidad, y decirle a la enfermedad que se mude muy lejos.   

Mi escritura sigue, a tientas, con recelo porque la realidad es demasiado fuerte y pesada.  Quiero escribir sin mojar el teclado.   

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