Thursday, June 1, 2017

Era principios de los 70, era joven, inexperta, ingenua, y quería ser como ellas, que en cada gesto reflejaban esos viernes gloriosos plagados de libertad, bailes y risas ,o al menos a eso me sabían aquellas canciones entre tabaco rubio y algún que otro beso con sabor genuino a aquella bebida de la felicidad, de la esperanza del verdadero amor, mezclados con vino blanco, a veces, otras con azúcar, crema y cafeína en el Haiti de Larco.

Noches largas. Noches de juventud sin ojeras ni cansancios. Entonces, no existían esos objetos indeterminados y determinados que hoy en día nos complican la vida, los celulares, las tabletas, las redes sociales, las computadoras, objetos imprescindibles, que nos hacen prisioneros de la tecnología, donde quedamos enmarcados en fotocopias emocionales de nosotros mismos. Hoy las personas casi no se hablan. La forma de comunicarse es diferente. Todo es tan diferente. Hoy es primero de Junio y sigo viva, he llegado a completar sesenta y tres eneros y cuatro meses con dos semanas, porque Dios me concede que siga viva. Vivo agradecida de cada instante.
He aprendido a vivir en soledad muchas horas y disfrutarla, casi nunca miro el reloj, siempre estoy en algo, me he sentido muchas veces muy cercana a aquél ilustre naufrago en su isla. No me molesta mi soledad, no me siento desolada.

Pero lo que es aplastante, crudo, real y certero,es que una vez asumida la sensación implacable de haberlo perdido todo, incluso muchas veces a mí, y volver a recuperarme, es cuando surgen quizás por necesaria supervivencia los plazos, los proyectos, las metas.
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Sí, plazos, proyectos y metas...siempre funcionamos así.Como si una vez que sientes que la vida se ha parado tuvieras la obligación de seguir como si nada,con aquella vida que habías dejado. Lo importante es seguir. Lo importante es no desfallecer, de vez en cuando debes tomar un descanso, debes entender las lecciones de la vida, debes aprender, volver a llenar tu copa de fuerzas. Debes confiar en Dios y tener paciencia, debes esperar sus tiempos, sus designios.

El problema de aquella etapa de mi vida, es que mis metas y proyectos no los sentía como míos, eran lejanos, todo en mi vida era complicado, primero un mal matrimonio, el terrible divorcio, la mudanza a otro domicilio muy lejano, adaptarme a mi nueva vida,trabajar arduamente para el sustento de mis hijos, volver a creer en el amor, en los hombres... yo no recordaba haber fijado la cuota para los sueños o para desempeñar una serie de tareas encomendadas,porque aquella que iba ser "mi vida" no podía aceptar los cambios tan bruscos y dolorosos. Mi vida en Miami desde 1978 iba a llegarme llena de lecciones, de tropiezos y sinsabores.

Era el verano de mi vida, los tiempos de la edad en que nos sentimos que podemos devorarnos el mundo. Y, sí,es cierto que yo estaba allí en medio de todos, escuchando las voces de los que me rodeaban y sin embargo, no estaba. Era entonces cuando recreaba los viernes de Lima primero y de Miami, de locales que ya no existen, discotecas y clubs nocturnos, restaurantes de moda, de plazos de una vida, de una era, de una y mil vidas…menos de la mía. Lima era en aquellos días un hervidero de arte y cultura y yo encontraba el bálsamo perfecto para caer en mi olvido, alejada del destino y sus desvaríos, clavando en un corcho en la pared de mi cuarto los recortes de revistas y siempre vestida muy a la moda, como si fuera importante la ropa, los collares, las carteras de marca, los lugares de lujo... la vida social...,si pudiera hoy tener todo el dinero que malgastaba cuando con la tercera parte hubiera podido hacer tanto por muchos, parar el transcurso de las cosas,pero siempre aparece a la velocidad del rayo aquél buitre hambriento que busca la manera de sacar tajada de borrascas y terremotos, mientras yo,sigo intentando ordenar las capas, los pliegues, sin que se me escape nada,porque cualquier detalle o mínimo destello me puede ayudar a comprender el transcurso de unos días que no eran el tiempo de las cerezas dulces, de las risas de agradecimiento de las familias pobres que me esperan siempre.

Ahora mi vida es diferente. Ya casi no visito los recuerdos, no me gusta ver viejas fotos porque me invanden las emociones y estoy cansada de llenar mi tinaja de llanto, ahora quiero agua clara, agua bendita, agua del manantial de los susurros celestiales.

Soy Mary Fernandez, escribo para aliviar el hambre en Lima,sigo los pasos de mi abuelita paterna que era una mujer muy generosa que siempre ayudaba a los necesitados, cuando te sientas que quieras ayudar a dar de comer al hambriento me avisas, Centro Luz de Almas y mis maravillosas y generosas amigas y voluntarias llegamos en la Navidad llevando canastas de alimentos dentro de bateas y baldes para familias de extrema pobreza.

Tu ayuda me ayuda a completar mis sueños de aliviar la pobreza extrema en tantos lugares de mi amada Lima. Espero que puedas ayudarme a ayudar antes de la Navidad del 2017. Ve guardando tus centavitos desde ahora para que puedas donar una canasta de productos alimenticios, ahorra 10 o 20 Soles mensuales y puedes convertirte en un milagro en la vida de otro ser humano. Unidos podemos cambiar el mundo.


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