Sunday, June 25, 2017

Mi amada Miraflores

Una puesta de sol en la azotea de la casa de la quinta en Miraflores, enero de 1965, quinto de primaria, verano inolvidable, con un vaso de limonada con muchos cubitos de hielo y tomando sol para broncearme. Otro verano en Miraflores, mucho tiempo ha pasado, es el 2014, tomando un café negro en el Peruanito con mis amigos del alma y disfrutando de las mejores butifarras del mundo. La alegría de las risas de mis seres queridos dibujan mis mejores sonrisas. Sentirme capaz de hacerlos felices. Los beso a todos. Los abrazo. Los toco a cada rato. Ellos me corresponden. Los hago reir con mis ocurrencias y todo lo que me atrevo a decir con mi franqueza de siempre. Me encanta el mes de enero. Es verano en Lima. Es invierno en Miami. Soy inmensamente feliz recibiendo los abrazos y las caricias, los te quiero mucho, los buenos deseos de mi gente querida, soy feliz, agradecida, nada como sentir el inmenso cariño de mi gente, ese amor que me llega desde el cielo y que me cubre el alma.

Adoro a mis nietos, son mi vida, son mi todo. Los quisiera hoy a mi lado. Siempre me hacen falta. Estoy de viaje, de regreso a mi amada Miraflores. Trece días en la tierra de mi infancia, en las calles que me vieron crecer, que conocen mis pasos y reconocen mi voz. Un helado de chirimoya de la bodega de la esquina. Mi hermana y yo disfrutando de una tarde sentadas en la orilla del mar, jugando con nuestros dedos en la arena.  Un re-encuentro en el Regatas con un amigo de mi juventud que me hace sonrrojarme como cuando era una adolescente enamorada del amor.  Un chifita en San Isidro en el Mandarin, arroz chaufa especial, los tallarines saltados, el nabo encurtido con rodajas de aji y el tecito jazmin.  Otra tarde el inflatable lomito saltado en el Haiti, con su expresso famoso, in almuerzo en el Charlotte de Barranco, un triple en la Tiendecita Blanca, una noche de teatro, otra tarde en el Centro de Lima, en otra de mis tantas anheladas visitas como turista. Otro lomito saltado de despedida, antes de partir controlando el llanto, en el aeropuerto Jorge Chavez completamente renovado, antes de tomar mi vuelo de regreso, controlando todas las emociones que me tienen paralizada, porque no quisiera irme, porque me cuesta trabajo dejar mi amada Lima, mi amada Miraflores.

1985, otro viaje a Lima, corto pero inolvidable. Hotel "El Condado". Comida deliciosa. Turismo en mi tierra con mi persona favorita. Visita a  La Iglesia de San Francisco, la Catedral, la Sala de las Torturas, la rica cultura de nuestra ciudad virreynal.   2009, cuando nace a la vida impresa mi primer libro, asombrada de tenerlo en mis manos.  Ya hice las tres cosas del dicho de Marti, ya tuve un hijo (tuve dos) ya he plantado un arbol, (varios) ya he escrito un libro. 


2013 un paseo a pie por el Centro de Lima y las fuentes de agua y por la calle de mi primer trabajo en la tienda de mi abuelo para estremecerme al recordar una lluvia torrencial un enero 15 de 1970. Los días felices en Chaclacayo, las risas inolvidables de mis amigas queridas, sus detalles, sus ocurrencias y el sabor exquisito de la pachamanca de un domingo familiar con Georgiana y las Gatas.

1970  Recuerdos de mi primer viaje a Madrid, Paris y Londres con mi hermanita Rose Marie. Llegar a los lugares que son como una extensión de mi propia casa. Sonrisas, chistes, bromas, juegos y borbotones de palabras emocionadas buscando ser aceptada, saber llegar y decir algo marcando una huella.

1972 Una mañana nublada, con el sol jugando a las escondidas en la Costa Verde. El puente de los suspiros y mi amado Barranco, unas guitarras y un grupo criollo cantando "la flor de la canela".


2010 Una lista larga de personas que quiero volver a ver. Otra lista invisible de las personas que no quisiera volver a encontrar en mi sendero de luz porque son ladrones de energia. Taxis muchos taxis con choferes comentando las noticias del momento. Personas pintorescas, sencillas que sin tener nada, te ofrecen lo poquito que tienen. Comida digna del paraíso que es mi amada tierra peruana. Veinticinco minutos intentando convencer a mis amigas, sentada en la San Antonio, que podemos arreglar el mundo mientras devoro una empanada "especial" de carne que se me deshace en el paladar y un vaso de chicha morada heladita en la bulliciosa terraza una tarde de verano con mujeres curiosas que me miran minuciosamente de pies a cabeza. La luna que se asoma sonriente a mi ventana de turista. La misma luna que vemos todos los habitantes del mundo. Las sonrisas sin dientes de mi sobrina, la peque inteligente y conversadora, que no quiere que me vaya, que quiere que me mude a Miraflores, que me pregunta cuando voy a regresar para quedarme para siempre. Las plumitas blancas que encontramos. Una idea, un anhelo que con el tiempo se hace una realidad transcendental.

2014 El día que al llegar a Lima dejo a la hijita de mi amiga a quien quiero como si fuera mi hermana, abrir la puerta del departamento que he alquilado, y le permito abrir las maletas mientras disfruto repartiendo los regalos, mientras le hago preguntas como si fuera una de sus maestras del colegio. Empezar algo empapado de ese entusiasmo y la gran ilusión que arrasa con todo. Muchos días de minuciosa planificacion y cinco minutos para inventar algo improvisando para que todo nos salga mejor. Plan "A", Plan "B" y Plan "C". Siempre se puede resolver los problemas, siempre. Hacer una disciplina diaria del ejercicio de sentarme ante el teclado a escribir lo que siento, lo que llevo latente en mi memoria, los susurros angelicales, esos vividos momentos, todos esos recuerdos, felices y tristes, que nunca cambiaria por nada.

Hoy 25 de Junio del 2017   Me he quedado dormida. He abierto los ojos casi a las once horas.  Me he perdido mi programa de todos los Domingos. "Sunday Morning". He descansado aliviada. Ayer tarde  estuve feliz y encantada de la vida. Me siento diferente, me siento renovada.  La vida te da sorpresas, la paciencia y la tolerancia, tarde o temprano son premiadas.   Siento que pronto voy a regresar a mi amada Miraflores.  Siento amor en el aire.  Siento paz en mi mirada.   Ya no tengo miedo. 



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