Monday, August 14, 2017

En el umbral del dolor

Hoy el dolor no me deja tranquila. A veces siento que las fuerzas me abandonan, que en cualquier momento me voy a desmayar. Me he medido el nivel de glucosa y lo tengo bajo 78 y acabo de almorzar, me estalla la cabeza, hoy casi no puedo caminar. No quiero que me ataque el desespero y me invada el llanto, no quiero llorar, no quiero desesperarme. Hoy el umbral del dolor no resiste el fuego que me quema por dentro, no tengo fiebre, pero tengo cosquilleos y calambres en todo el cuerpo. Me he mojado la cabeza varias veces, el agua siempre me alivia, ponerme una toalla mojada con hielo en la frente, tratar de descansar, pero mi mente nunca descansa, los pensamientos me acosan, me persiguen, vienen disfrazados de personajes oscuros, de lobos feroces, de brujas siniestras, de ositos tiernos que se convierten en gigantes con cuernos y garras, no quiero cerrar los ojos porque llegan las pesadillas, los caminos de espinas, los cuerpos sin cabeza, el lago de sangre, los sapos que se convierten en serpientes, gritos desgarradores, y nadie, absolutamente nadie viene a rescatarme. El paladar seco y el agua no calma mi sed. Los medicamentos no calman mi dolor.

El umbral del dolor se define como la intensidad mínima de un estímulo que despierta la sensación de dolor. O bien, en psicofísica, como el nivel en el que el 50 % del estímulo es reconocido como doloroso. Hoy mi dolor supera el 100%, hoy mi dolor me tiene estacionada, no quisiera estar despierta, no quisiera ser tan sensible, no entiendo lo que me pasa, no acepto que cada vez me sienta peor, que no pueda superarlo... Para efectos de este tipo de medición, se pueden utilizar como estímulo doloroso la presión mecánica, la estimulación térmica, la electricidad o el láser.​

El término umbral del dolor se utiliza para describir la sensibilidad dolorosa en términos generales: «ella o él tienen un alto umbral de dolor». El significado exacto del término se refiere al momento en que el sujeto diferencia entre las sensaciones no dolorosas de la dolorosa propiamente tal a medida que un estímulo potencialmente doloroso va acrecentando su intensidad. Para medir esta transición el estímulo se va acrecentando en forma escalonada o continua. El resultado puede variar significativamente dependiendo de cada individuo.​

Hace tanto tiempo que no conozco lo que es sentirme "normal" sin dolores y malestares constantes y frustrantes, que quiero volver a ser la de antes, la mujer orquesta, la mujer que se ganaba los frijoles con el sudor de su frente y a quien el cansancio nunca la asustaba. Perdonen que tenga que expresar lo que siento, en realidad no es asunto ni problema de nadie, los hay los que gozan de vidas saludables y nunca van a entender a los que tildan como "enfermos de los nervios" como personas que no supieron aceptar los momentos de duelo, que no se cuidaron, que "descuidaron" sus vidas, que no guardaron pan para Mayo. Mea culpa, mea culpa. Sado-masoquismo inconsciente, porque los complejos de culpa pueden acabar con tu salud y con tu vida. Porque si no te perdonas, te condenas. Porque no todos somos iguales, o si lo somos, pero no se lo decimos a nadie.

Tengo ganas de romper todo lo que tengo por delante. Hoy todo me molesta. Hoy no quiero ver a nadie. Hoy quiero esconderme dentro del cuartito oscuro y que nadie se entere. Hoy quiero cortarme las venas, pero como sufro de OCD no me parece buena idea, no me gusta ver sangre derramada, y tampoco mi fe me lo permite, ni la idea de seguir viviendo en el infierno por el resto de la eternidad. Mejor me voy a dar una ducha larga, aunque hay que cuidar el agua, y me voy a comprar flores blancas, rosas y margaritas...y se las debo a la florista hasta que me paguen el sueldo del retiro, mejor me quedo callada y me pongo a pensar en el columpio grande de la casa de mi abuela y en la risa contagiosa de mi amiga traviesa. Mejor visto mi alma de luz y abrigo mis manos cansadas, levanto mis ojos al cielo celeste lleno de nubes blancas que me abraza conmocionada ante mi dolor.
Mejor me pongo a pedirle a Dios que no me abandone, que me cuide, que me ilumine, que me perdone por ser tan poquita cosa, por ser tan quejumbrosa. Mejor me pongo a ver a Chaplin o a Cantinflas. Mejor me pongo a pensar que no me duele nada, que tuve una pesadilla y que acabo de despertar a la vida.

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