Saturday, January 20, 2018

Cansada de sentirme cansada

Notas de mi viejo cuaderno....
Se acaba la tinta. Se acaba el papel. Se acaba el agua limpia del manantial. El pensamiento habla consigo mismo, nadie nos oye, y las palabras de mi boca seca, ya no salen. Se duerme la ternura escondida, desaparecen las sonrisas, aparecen ojeras y arrugas en la frente, en los labios, grietas de largas noches de insomnio, manchas, llagas, verrugas, bultos. Se acaba la vida. Se acaba la noche. Ya no quiero sentarme frente al espejo que desconoce mi mirada, que confunde mis manos que todo lo rompen porque ya no pueden sostener nada. Todo es una vieja ilusión, todo pertenece al ayer, a lo que tuve, a lo que ahora pertenece al pasado, a lo que nunca va a regresar, ya nada me resulta extraño, dicen que la costumbre es acaso lo que se convierte en amor, casi sin darte cuenta.
Las mentiras de tus labios llueven, les dices a todos que te sientes bien, que vas mejorando poco a poco, que en cualquier momento vuelves a ser la de antes, que el dolor no va a cambiar tu vida, que la enfermedad no va a distanciarte de todo lo que siempre has amado, de las personas importantes de tu vida que hoy ya no te visitan ni de ti se acuerdan, y te duele saber que todos "parecen saber" que sigues mal, y que hasta hay personas que se alegran, que parecen disfrutarlo, porque no soportan la idea de saberte bien, de saberte feliz y en paz.
Todos hacen sus juicios, todos tienen sus vidas y sus problemas, sus necesidades y sus actividades que no les dejan tiempo para visitar a sus padres, para manejar distancias, para compartir unas pocas horas con aquellos viejos enfermos que dieron su vida, que trabajaron tanto para darles "una mejor vida a sus hijos" hasta dejaron su tierra, se marcharon pensando que era por una temporada corta, que la vida los iba a tratar de otra manera. Y hoy, la verdad, y sin sentir culpa ni verguenza, confieso que estoy decepcionada, que ya estoy cansada de tanto desamor, descaro y tanta indiferencia. No debo de ser del agrado de tantas personas, algo les debe de molestar de mi manera de ser, mi voz chillona, mi personalidad directa y sincera, el no tener pelos en la lengua, el decir lo que pienso, lo que siento sin miedo. Cansada vivo de tanta hipocresía, cansada de tener que estar justificando cada paso que doy, las convulsiones de mi cuerpo, los desmayos, el cansancio largo de una vida sin descanso. Cansada de estar bajo la lupa de los que se hacen los ciegos. Cansada de sentirme burlada, porque siento el eco de las risas maliciosas y la envidia que no pueden esconder porque la llevan de prenda.
Acaso el gran espacio donde habita mi piel, es un simple cascarón desierto. Ya no queda nada de la que una vez fue ciudadana activa, la que pudo bailar, cantar, levantar los brazos hasta alcanzar las estrellas. . Lo que antes fue ya no es y no volverá a serlo. Nos pasa a todos. La vida se nos desvanece, el tiempo no perdona, nadie se salva de una gripe, de abrigarse ante una nevada, de sentir rubor en las mejillas al recordar la primera vez que te sentiste verdaderamente enamorada. Las tradiciones pueden más que la voluntad de cambiarlo. Aparentemente, no me queda de otra, ya es el momento de resignarse, voy a tener que aprender a aceptar mi derrota. De la cual nadie es culpable. Mea culpa, mea culpa. Me arrepiento de todos mis pecados y errores, de todas las veces que no supe apreciar todos los regalos, los dones, las bendiciones. De la arrogancia de la juventud, de ser irresponsable gastando el dinero que es tan dificil ganarlo, de no haber guardado pan para Mayo, de no haber entendido las etapas de la vida. Nadie tiene la culpa...nadie tiene la culpa. El tiempo corre su camino y no tiene tiempo para dedicártelo solo a ti. Nos olvidamos que somos muchos, que somos muy diferentes, pero a la hora de la hora nos damos cuenta que el Sol sale para todos. Que las enfermedades no descriminan. Las espigas del futuro se hacen pasado con cada segundo y la división tiene como resultado el olvido y los recuerdos. Nadie tiene la culpa. Simplemente hoy, 20 de enero en que una amiga no celebra otro aniversario de vida, porque por fumar mucho tuvo corta vida, me siento llena de fuerza mentalmente, pero mi cuerpo sigue cansado. Roto. Enfermo. No estoy cansada de vivir, amo mi vida, amo todo lo que hago con cada minuto de mi existencia, pero posiblemente mi cansancio es como el vino Viejo, como la terquedad de los tercos que siempre te dan la contraria, cansada más bien de seguir nadando en contra de la corriente y sin poder convencer a nadie de que todos tenemos mucha culpa de lo que pasa en nuestras vidas.
Me digo que ya no me interesa marcar la diferencia. Me miento, si me importa. Me digo que quiero vivir sin preocuparme por lograr algo nuevo. Que ya estoy "fuera de servicio". Ya no quiero ser diferente. Quiero ser común y corriente, perderme entre la gente. No quiero llamar la atención, ni tampoco me interesa dirigir, ni aconsejar, ni consolar, ni plasmar en el teclado palabras que puedan llegar a la conciencia dormida. Quiero ser anónima y que nadie sepa quién soy. Ya no quiero se inolvidable. Quiero irme en paz conmigo misma y con Dios mi Creador. Yo solo quiero que mis hijos y mis nietos, mis hermanos, mis amigos, me hagan parte de su pasado. Que me conviertan en un bonito recuerdo, de algo vivido y que no sea simplemente olvidado.
Mejor me callo. Mis dedos acalambrados deben descansar. Debo ir a calentar la sopa y preparar el arroz. Debo seguir intentando vivir llenando las horas, olvidando el dolor de los recuerdos de las risas que quedan impregnadas en los rincones del huerto de nuestras almas.
Escrito una madrugada invernal en mi viejo cuaderno.

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