Monday, May 13, 2013

Las olvidadas

Hoy lunes muy temprano me acaba de llamar una de mis buenas amigas llorando y hablándome entre sollozos, primero se disculpa porque ayer no me pudo llamar para desearme un feliz día de las madres, después (siempre llorando) me dice que se había pasado el día domingo con una fiebre altísima y con tos, (ella trabaja en una florería y se pasó dos días haciendo cientos de arreglos florales y sacando las flores de los cuartos fríos y me imagino que la frialdad y el cansancio la enfermaron, trabajo varios días sin descanso porque solo trabaja tres días de la semana. Me pide perdón de nuevo y después de dice que sus cuatro hijos (tiene cinco el menor vive con ella) no se acordaron de ella, que ni siquiera la llamaron por teléfono, que no vinieron a visitarla y a darle un abrazo, ella no quería flores, ella no quería regalos, ella no quería nada más que sus cuatro hijos (todos grandes, mayores de edad, se acordaran de ella en el día de las madres) mientras manejaba seguía rota de dolor porque no entendía como sus cuatro hijos, dos mujeres y dos varones no habían tenido cinco minutos ayer para decirle esas palabras que alimentan el alma de las madres, esas palabras que no se comparan a nada en este mundo, esas tres palabras tan importantes para una madre “te quiero mami”. No pude más y rompí en llanto, llanto de dolor, de frustración, de incomprensión, porque conozco ese dolor. Yo conozco la vida de mi amiga, cinco embarazos, un primer esposo que la maltrataba al punto que la mando al hospital varias veces y hasta estuvo preso, esa mujer tenía que ir a refugiarse a una Iglesia en New York cuando llegaba el esposo borracho y colérico y le destrozaba todos los muebles de la casa en sus ataques de ira y violencia, ella vivió mucho tiempo así hasta que nació su quinto hijo y después de una golpiza se fue una noche embarazada, tuvo que irse a Lima por doce meses para recuperarse de una depresión severa, de ataques de ansiedad y pánico, de miedos, pero después regreso cuando estaba mejor y siempre ayudo a sus otros hijos que prefirieron quedarse con el padre, un hombre mucho mayor que la madre que tenía buena condición económica. Mi amiga empezó a trabajar por primera vez cuando ya era una mujer de treinta y tantos, empezó ganando sueldo mínimo, haciendo lo que fuera para poder buscarse el pan de cada día. Hoy vive en un cuarto con su nuevo esposo, un hombre muy trabajador y de muy buenos sentimientos, pero un hombre pobre a quien yo admiro mucho porque siendo menor que ella y a pesar de toda la carga emocional de su compañera, de su doloroso pasado, de sus cinco hijos, se casó con ella y veo como los dos han luchado y siguen haciéndolo para salir adelante, pero ella jamás pensó que iba a tener un día de la madre tan triste, tan inolvidable, que sus cuatro hijos mayores no se acordaran de ella para nada, que no vinieran a visitarla a su cuartito pobre pero muy limpio, y entonces me pregunto cuántas fueron las madres que ayer pasaron por lo mismo, cuantas las olvidadas, las marginadas, las invisibles, esas mujeres que cargaron nueve meses en sus vientres a esos hijos que después las desvelaron por tantas y tantas noches, esos hijos por los que las madres dieron sus mejores horas de energía y por las que hicieron tantos sacrificios, que tienen esos hijos en sus cabecitas, en sus fríos y rencorosos corazones, quizá están confundidos, quizá están distraídos por las cosas y los asuntos del mundo y se piensan que las madres son eternas y que cuando tengan tiempo algún día las volverán a ver, se piensan que porque ya se fueron de casa y tienen sus problemas y sus enredos ya no necesitan llamar de vez en cuando a sus madres, o como son hijos de matrimonios disfuncionales, de divorcios, crecen con resentimientos. Estos cuatro hijos, me consta, lo sé, si han venido muchas veces al cuarto de mi amiga cuando han necesitado dinero para resolver sus deudas y apuros, cuando han necesitado que la abuela les cuidara a los nietos (tiene 3 nietecitos) cuando ella ha tenido que ir a la cárcel a sacarlos o tantas veces, entonces como se justifica que cuatro hijos no llamen a su madre en el día de las madres??? Para muchos hijos es difícil entender o aceptar que una madre pueda rehacer su vida con un segundo esposo (es tan difícil querer a un padrastro o madrastra) pero cuando somos adultos tenemos que reflexionar, entender, aceptar, y sobre todo perdonar. Por eso, por todas las madres que ayer fueron olvidadas por sus hijos, por todas aquellas que sufren la indiferencia y el desamor, la ingratitud de sus hijos, hoy elevo una oración al Altísimo para que las llene de fe y fortaleza y le pido a Dios con toda humildad que toque el corazón frio de esos hijos y que vuelvan a sus madres, no tienen que venir a cada rato, pero si supieran lo vital, lo importante, lo trascendental, lo significativo que es llamar a sus madres aunque sea una vez al año en el día de las madres. No sigo porque el corazón lo tengo lleno de nudos y las lágrimas no me dejan ver el teclado.