Tuesday, July 18, 2017

Como tratar a un familiar con fibromialgia

Mis amigos y amigas me inspiran, me alientan, me animan, me levantan, me consuelan, me ayudan con sus palabras, llamadas, consejos, visitas, abrazos, mensajes escritos, y muchas veces se molestan conmigo cuando me invade el llanto incontrolable y me jalan las orejas, me cambian el tema. A veces no quiero hablar con nadie, no quiero que me vean, no quiero que se sientan incomodados con la persona en la que la fibromialgia me convierte cuando se apodera de todos mis sentidos y me consume. Entonces pienso en todas las personas excepcionales que he conocido en mi vida, las que ahora que tengo arrugas en mi frente y la piel reseca por cosas de la edad, ahora que no tengo presentes en mi vida, ahora me doy cuenta de que terrible es no valorar los tesoros hasta que los pierdes. El tesoro de tener una familia unida, el tesoro de tener una madre amorosa y dedicada a sus hijos, el tesoro de tener un cuerpo saludable y poder hacer todo lo que para otros es "poca cosa" pero para el enfermo es toda una odisea, un logro, una medalla. El Tesoro de la salud, de poder caminar, de poder trabajar, de poder cortar una cebolla y preparar los alimentos sin quemarte no cortarte los dedos.

Hoy pensaba pintarme las canas, tengo el cabello de siete colores. Hoy quiero sentirme bonita, arreglada, tapar mis ojeras, maquillarme y que me digan que luzco bien. Pero tengo semanas con molestias terribles, dolores de tripas, viajes constantes al servicio, inflamaciones, la cabeza que me estalla y las angustias de mi inutilidad. Me doy cuenta que muchas veces desde que me diagnosticaron con fibromialgia evito el contacto físico con todos, y es que hasta los abrazos me duelen. Mis fibroamigas saben que se puede experimentar mucho dolor con estímulos no dolorosos como apretones de mano, palmadas en la espalda, toques en los brazos y hombros, y hasta con un fuerte abrazo, en general, cualquier toque que produzca roce o fricción. Nadie debe ofenderse si en algún momento, se trata de evitar este tipo de intimidad. No saben la falta que me hacen los abrazos de mis personas queridas. De mis nietos que son mi vida.

Quiero que comprendan, que la fatiga de la fibromialgia no es un simple cansancio. No es solamente agotamiento físico, sino también mental, que no mejora con el descanso, a veces duermo muchas horas y como hoy me siento descompuesta y mis rodillas se doblan, no he podido caminar a la cocina sin apoyarme en las paredes, y no me doy el gusto o el disgusto de quedarme postrada en la cama por varios días, es una batalla constante. Es cuando me pongo a escribir, muchas veces con los dedos acalambrados, y los ojos nublados. Hoy quiero que alguien venga a pintarme las canas, pero no puedo molestar a nadie, que importa me dice mi esposo que no me exige nada, que conoce que mi sobre-peso no es porque me sobre-alimente, que conoce que pongo todo de mi parte. Estoy cansada de no sentirme fuerte, cansada de sentirme consumida por el cansancio, exhausta, extenuada, tengo que pasar la aspiradora, tengo que tender mi cama, aunque las palpitaciones no me dejen respirar.

Quiero que entiendan que los que sufren de fibromialgia no son mujeres antisociales ni apáticas. Muchas veces rechazan invitaciones o dejan de asistir a reuniones, porque están exhaustas, pasando por una crisis, o porque al tener una cantidad de energía limitada, tienen miedo que ciertas actividades puedan desencadenar un brote, lo que podría empeorar todos sus síntomas de un momento a otro.

La fibromialgia ocasiona problemas cognitivos. La persona olvida cosas (a veces pequeñas, a veces importantes) a mi me pasan a cada rato, por ejemplo pongo cosas fuera de lugar, me olvido de pagar las cuentas, tengo dificultad para concentrarme; esto se conoce como fibroneblina. Con frecuencia provoca que pierdan cosas o se sientan desorientados. Se me pierden las llaves.

Evitar el estrés es fundamental para la persona con fibromialgia. Se ha demostrado que el estrés exacerba los síntomas de la fibromialgia, aumentando su dolor, cansancio y malestar general.
A las personas que viven o conocen personas con fibro procuren brindar un ambiente tranquilo en casa y evitar situaciones y factores estresantes.

La persona con fibromialgia tiende aislarse. Esto no significa que quiera terminar con su vida social o que ya no te aprecie. Por el contrario, trata de entenderle y de mantener el contacto con ella, demostrándole que cuenta con tu afecto y apoyo cuando lo necesite. Ofrécele tu ayuda para alguna tarea que en algún momento no pueda realizar o no pueda realizar sola, como hacer las compras o recoger los niños en el colegio.

El apoyo y comprensión de sus familiares puede hacerles sentir mejor. Aunque hay muy poco que puedes hacer con respecto a la enfermedad, no lo trates como si nada pasara, porque esta actitud puede ser percibida como apatía o desinterés, haciéndole sentir que no le importas, lo que afecta tanto su relación contigo, como su salud física y emocional. Por el contrario, ayúdale con tareas de la casa que puedan implicarle mucho esferzo, como tender ropa o hacer las camas.Los familiares de alguien con fibromialgia deben mantenerse bien informados. Si aún no sabes de que se trata esta enfermedad, busca en Internet, hay infinidad de fuentes de información al respecto, lo que te permitirá ayudar a tu ser querido a manejarla mejor.Acompáñalo a sus citas médicas. Esta es una de las mejores maneras de demostrar tu apoyo. Además, lo apoyas para completar los tratamientos, al mismo tiempo que enteras del estado de su condición y su progreso.Una buena comunicación es fundamental en la familia.

La fibromialgia genera sentimientos tanto en el paciente como en los otros miembros de la familia. Es indispensable expresarlos sanamente para evitar resentimientos y actitudes hostiles que solo pueden empeorar los síntomas o causar crisis en el enfermo.Espero que estos sencillos consejos le lleguen a todos aquellos que tengan algún ser amado que esté enfermo de fibromialgia

Monday, July 17, 2017

Calentamiento global

Desde hace unos meses estoy cerrando circulos, abrazando a viejos amigos, re-inventando mi vida, aceptando errores, confesando culpas, dando testimonios de momentos milagrosos para aquellos que no creen y otros que quieren creer pero tienen sus dudas. Quiero hacer las paces con todos.
Desde hace mucho tiempo estoy retirada de las "cosas" del mundo, por problemas ajenos a mi control, atada a los designios de las fuerzas incontrolables. Me he vuelto acaso una mujer religiosa en el exilio, siempre senti que fui espiritual y que mi cuerpo era una esponja gigantesca que absorbia todos los dolores de la gente de mi entorno. Sin querer era sanadora, pitoniza, adivina, intuyendo momentos terribles, otras veces momentos felices. Hice todo lo humanamente posible por
cumplir, por no ser mediocre ni contentarme con ser una persona del monton, quise ser la mejor hija, alumna, nieta, madre, esposa, amante, amiga, abuela, vecina, ciudadana, secretaria, asistente, poeta, cocinera, ama de casa, ser importante en la vida de muchas personas que hoy me hacen tanta falta, que hoy quisiera tanto poder volver a ver, a oir, a abrazar y tomar sus manos, decirles gracias, infinitas gracias por todo lo que hicieron por mi. Por lo que sembraron en mi alma, por las flores que dejaron en mis jardines mentales, por las notas musicales, por tantos y tantos momentos felices que no supe valorar porque parecian tan simples, tan rutinarios, tan comunes.

Ayer hablaban del cambio del clima en el planeta. Los hay que no creen que se vienen tiempos terribles en donde el calor nos va a aniquilar, eliminar, quemar vivos. Ya nadie se sorprende de que cada día haya un episodio climático excesivo: o terremotos, huracanes, inundaciones, sequías, tornados, calores insportables que nos calcinan. Tal vez nos adaptemos a estos transtornos ocasionados en las nubes y en los adoquines de hielo que se derriten ante nuestros ojos. Por otra parte siguen buscando vida fuera del Planeta Tierra para los futuros viajantes del espacio. O tal vez no, y en ese caso, solo queda emigrar, abandonar la tierra en la cual vivimos. Pero la vida en Marte? en la Luna? No hay planeta B, eso es una evidencia, por lo que solo nos queda cuidar el que tenemos. Pero entonces, que nos pasa, porque no cuidamos nuestro planeta? empezando en nuestro hogar, en nuestro pedacito de tierra. Que nos pasa?

Me duele, me asusta, me preocupa, que día a día constato que las relaciones han adelgazado como mujeres con anorexia el lenguaje humano, somos como robots, como cuerpos sin alma, como mentes turbadas y adormecidas por medicamentos controlados, que nos conformamos cada vez más con poca cosa, repetimos nuestras acciones casi sin razonar, sin pensar, sin querer imaginar otras cosas. Hoy me pregunto si las redes sociales no terminan acaso siendo una forma de dictadura. Yo soy ciudadana del Facebook pero enemiga del Twitter porque no permite sino la síntesis de la idea, su detritus. Y yo no quiero ser mujer detritus, hombre detritus, yo no puedo comunicarme como algunos con dos frases, yo tengo que desarrollar los temas, tengo que dejar que los sentimientos invadan los caminos de mis venas, circulen por todo mi cuerpo y que la sangre caliente llegue a mi cabeza confundida, triste, ansiosa, temerosa, Yo no quiero que se me acabe el lenguaje, nunca, que nos quedemos callados, estacionados en el silencio loco de los gritos que nadie escucha, de los lamentos que todos esconden en la vanidad del mundo, soy rebelde, soy comunicadora, soy escritora, soy una mujer pensante que no puede resignarse al silencio de los buenos, a morirse de a poquitos viendo como destrozamos a la Madre Tierra. Nuestras vidas. Nuestras ciudades. Nuestras naciones.

No me voy a quedar cansada, no voy a correr hasta quedarme sin aliento, sin poder respirar sin que se me salgan los latidos por la boca sedienta, hablando sin que nadie me entienda. Porque si me falta el aliento de las palabras, de mi vida llena de experiencias, no puedo permitir que todo suceda ante mis ojos, que desfilen las desgracias del mundo, sin poder hacer algo antes de irme.

Cansada de vivir enferma, de que tantas personas no comprendan que nadie quiere morir de a poquitos, que es terrible pagar por los pecados de cinco generaciones, no puedo hablar de ciertos temas con ciertas personas porque se deprimen, no puedo mencionar que me siento triste porque son menos los que nacen y muchos los que se mueren.
No se que es peor si ver a una persona grave que no asume su enfermedad, o discutir con otra para convencerla de que no hay que tenerle miedo a la muerte, darme cuenta que nunca estaremos preparados para asumir lo esencial: que la vida es un viaje, para unos largo, para otros corto, un viaje a nado, no todos nadamos con la misma eficiencia, que la vida es como una travesía que encalla en una playa donde nos quedaremos para siempre, que todos tenemos el mismo final, acaso el mismo principio. Que no nos escapamos, aunque muchos somos soberanos en la jungla de la supervivencia. Que sin fe en Dios la vida es un infierno en la tierra.

Entonces como dice una sabia amiga ¿por qué hemos abandonado la experiencia de buscar la luz en la oscuridad? ¿qué nos ha hecho aceptar una vida tan pobre, tan falta de valores? Sin embargo, el mundo no es homogenio, hay otros espacios donde la vida tiene otros colores, otros sabores, otros aromas, y no todo es blanco y negro, ni gris como la niebla que no nos deja ver.

No salgo de mi casa hace muchas semanas, quiero subirme al auto y perderme en la carretera, llegar a visitar a mi hijo menor, abrazar a mis nietos, conocer ciudades nuevas, sentir sabores diferentes, climas marcados. me digo: toda esta belleza que ni siquiera se puede contemplar. he pensado en escribir sobre el gusto por los finos detalles, quiero llegar a cocinarles mis mejores platillos, mis salsas, mis tallarines con verduras, pasarme una tarde preparando alfajores y decorando galletas, ayudar a colgar cuadros, poner un lindo mantel y ver las sonrisas dibujadas en los rostros de mi familia querida.
Busquemos los refugios hablados... ese es mi deseo, poder volver a casa, sentarme sin tener que pararme con mareos y correr a esconder el llanto.

Wednesday, July 12, 2017

El tiempo pierde la memoria

El tiempo es nuestro amigo, a veces y nuestro peor enemigo casi siempre, dependiendo de las circunstancias. Somos esclavos del tiempo. Un amigo me dice que es como un animal extraño. Se parece a su gato que siempre hace lo que le da la gana. Te mira astuto e indiferente, otras veces te mira con amor y se acurruca a tu lado como siervo fiel, enfermero cuando te sientes que ya tu cuerpo no puede ni moverse, de repente se marcha cuando le suplicas que se quede y se queda inmóvil cuando le pides que por favor que se vaya. A veces te muerde mientras ronronea o te araña mientras te besa. Cuando era joven muy joven me sobraba el tiempo. Llegar a los 15 se me hizo eterno. Cuando fui madre y el llanto de mis bebitos me desesperaba los queria ver grandes e independientes.

Pensaba que el tiempo, poco a poco, me liberaria de la extenuante fatiga del trabajo y la enorme responsabilid de tener hijos pequeños, de tener que criarlos sola, de no saber si me iba ajustar el sueldo para vestirlos, educarlos, darles de comer comida saludable, cuantas veces tuve que llenar sus barriguitas de harinas, mucho pan y arroz con frijoles. Cuantas madrugadas largas, noches enteras de preocupaciones y angustias sin dormir y de los días agotadores de 16 horas de trabajo, sin reposo.

Varones, una casa llena de varones exigentes, agresivos, rebeldes, todos peleando por mis atenciones. Cuando eran bebitos yo fui su mundo, su todo, se me pegaban a las faldas, me seguian por toda la casa, querian ir todos los dias al cine, al parque, a la biblioteca, a comer a la calle. Largas horas de trayectos en la carretera, mis exigencias de madre dictadora, la generala, porque no queria tener hijos ociosos ni machistas, todos tenian que cumplir con sus responsabilidades en casa, ayudar a pasar la escoba, a doblar la ropa, a mantener sus dormitorios ordenados.

Recuerdo esos tiempos con nostalgia, se me fueron en un abrir y cerrar de ojos, me parece verlos correr a mis brazos para decirme "mami, te quiero mucho" tenemos hambre. De sus pelitos mojados por el sudor, de sus cachetes rosados por el calor del verano, de tenerlos en mi regazo, y sentirme agotada pero feliz de ver lo bien que se llevaban mis hijos. El recuerdo dulce de las voces que me llaman y no permiten retrasos, esperas, ni vacilaciones. Mami, tenemos hambre.

El tiempo que no me devolverá esos fines de semanas tan llenos de bulla y actividades, esos domingos familiares, en donde los hombres estaban tomando cerveza en una esquina del patio y las esposas en la otra, hablando de lo que hablan las mujeres cuando se juntan, las llamadas sin interrupciones, el privilegio y el no conocer la soledad.

El tiempo siempre nos gana la carrera, no hay dinero que lo compre, que lo adelante ni lo atrase, pero no me roba los recuerdos, a pesar de las distancias, a pesar del duelo, de la vejez, de la enfermedad.

Ya mis hijos se han hecho grandes, ya no necesitan los brazos de su madre. El tiempo quitará desde sus labios mi nombre gritado y cantado, llorado y pronunciado cien, mil veces al día. Cancelerá, poco a poco o de repente, la familiaridad de su piel con la mía, la confianza absoluta que nos hace un cuerpo único. Con el mismo olor, acostumbrados a mezclar nuestros estados de ánimo, el espacio, el aire que respiramos. Los hijos se van, los varones, no regresan, nos cambian por las esposas, algunas saben ser nueras comprensivas y maduras que entienden el amor de madre a los hijos, pero las jovenes tardan en entenderlo.

Llegarán a separarnos para siempre las circuntancias de la vida, las creencias, la modernidad, el pudor, la verguenza y el prejuicio. La conciencia adulta de nuestras diferencias. Como un río qué excava su cauce, el tiempo peligrará la confianza que sus ojos tienen ante mi, como ser ominpotente, ya los hijos han crecido y no nos necesitan.

Ya no somos capaces de resolverlo todo, de parar el viento, cantar el sana sana sapito de rana, curar todas las heridas, ayudarlos en las tareas escolares, calmar el llanto, los miedos, ser la mujer maravilla. Arreglar lo inarreglable y sanar lo insanable. Ya no me piden ayuda, y no entienden mi fe, mis oraciones, mi amor a Dios, mis maneras.

Tuve que resignarme por mucho tiempo, ellos siguieron su camino, Dejaron de preferir o necesitar mi compañia respecto a la de los demás ( ¡y comprendo que esto tuvo que suceder! )

Pasiones, las rabietas, pleitos, desacuerdos, control, celos, los desapegos, las criticas, los cambios de las generaciones, el miedo. Se apagarán los ecos de las risas y de las canciones, las nannas y los “Había una vez” acabarán de resonar en la oscuridad. Ya no tengo que contar historias como la del Patito Feo y comprar los juguetes de la guerra de las galaxias, los legos, los rompecabezas, las bicicletas.

Con el pasar del tiempo, mis hijos descubrieron mis defectos, mis secretos, mi vulnerabidad, tuvieron que aceptar ser hijos del divorcio, ser nietos de divorciados, ver que su madre tuvo muchos pretendientes porque ella queria rehacer su vida y darles una figura paterna, pero nunca nadie fue suficiente, nadie llenaba todos los requisitos. Tuvieron que compartir el pan con otros que no eran sus hermanos y competir para que no se confundieran los afectos.

Sabio y cínico, el tiempo se fue llevando consigo una larga soga, otras veces arrantrando una pesada cadena oxidada por las lluvias y los huracanes.

Ellos se olvidarán, aunque yo no lo haré. Las cosquillas y los “corre corre” , los besos en los párpados y los llantos que de repente paran con un abrazo, con un inolvidable y curativo abrazo . Los viajes y los juegos, las caminatas y la fiebre alta. Los bailes, las fiestas, las tardes en el parque, pasteles de chocolate con helados de varios sabores, las caricias, las risas, los viajes largos, mientras nos dormimos despacio.

Mis hijos se olvidaron que los he amamantado, mecido durante horas, llevado en brazos y de la mano. Que les he dado de comer y consolado, levantado después de cien caídas. Olvidarán que han dormido sobre mi pecho de día y de noche, que hubo un tiempo en que me han necesitado tanto, como el aire que respiran. El tiempo ha borrado de los hijos lo que nunca puede borrar de la memoria de sus madres.

Friday, July 7, 2017

Pensamientos... recuerdos... momentos...

Estoy dormida.  Estoy enferma.  Suena el celular, lo tengo lejos, no lo puedo contestar.  Es una llamada que espero desde hace tanto tiempo. No he descansado, o de repente si, pero mi cuerpo no parece enterarse, me estalla la cabeza, para todas las personas que no conocen de dolores que se vuelven constants o permanente es casi imposible entender lo que es vivir a mi manera. Nada nuevo, muchos recuerdos, muchos momentos, problemas cotidianos, rutina acumulada, dos bolsas llenas de ropa sucia que lavar, tripas inoportunas que emiten sonidos que averguenzan.  La enfermedad, la bendita o maldita enfermedad,  ha sido, y es, uno de los temas más importantes en la literatura. Pienso en Dostoievski agotado, harto, angustiado, haciendo lo mismo que yo, luego de alguna de sus crisis de epilepsia.  Lo he dicho cientos de veces, mis lectores deben de estar cansados de leer mis lamentos y mis historias, pero desde que vivo intimidad ferviente con las hijas pegajosas de mi fibromialgia me he vuelto hipersensitiva, exageradamente llorona, intensa.  Ahora todo tiene diferentes colores, valores y sabores.  Voy a empezar a repartir mis cosas en vida, me voy a quedar con lo que verdaderamente es necesario, y es que si miramos y hacemos inventario de lo que hemos acumulado, tenemos demasiado, y cuando nos ponemos viejos tenemos que aprender a vivir, a sobrevivir, ligeros de equipaje. 

Se han dado cuenta, como yo acaso que la enfermedad agudiza ciertos sentidos, hace que las cosas, la vida, las relaciones, adquieran otro valor. Todo cambia a dimensiones que asquieren nuevas proporciones, lo que era antes grande se vuelve insignificante, y lo que no nos importaba se vuelve tan importante como el aire, como el agua, como vivir y sentirse bien.  La enfermedad es un estado de conciencia. Y su proceso dinámico, su creación, es el silencio, en mi caso es conversar con Dios todas las noches antes de cerrar mis ojos y muchas veces durante el transcurso de cada hora de lo que me queda de vida. 

Me pregunto y me respondo miles de veces si nuestras enfermedades de alguna forma  son los resultados de heridas espirituales que no logran salir, que no hemos podido eliminar, por eso, a no ser que se trate de una infección, o un virus, todo cuerpo está hecho para funcionar.  Tal vez si tuviésemos menos miedo, si fueramos creyentes y practicantes, con fe, menos egocentricos y generosos, menos pecadores y más humanos en el sentido de amarnos sin tantas exigencias y sin discriminarnos tantos... digo yo, acaso, no sufriríamos tanto.   Me he dado cuenta que el drama de nuestra existencia se nutre, se vitaminiza, se alimenta, se emborracha, de la creencia, de la superstición, de imitar todo lo malo, de los miedos y temores  que atrapan y no dejan nunca libres a las personas que se someten.
Una mañana, hace mucho, fui al puerto de Chorrillos a comprar pescado. Miraba los pelícanos mecerse sobre el mar, rodeados de gaviotas que se veían pequeñísimas a su lado. Estaba perpleja por el tamaño de los pescados, de los cangrejos y los mariscos que reposaban medio vivos sobre mesas de cemento, mientras mujeres envueltas en sus mandiles de colores, nos iban proponiendo precios. La vista de la bahía de Lima, desde allí, es muy intensa, hay una gama de colores que no se ve en Europa, son densos, porosos, durante mi regreso a Miraflores con todos los implementos necesarios para empezar a cocinar una cena deliciosa para mis amistades, en el taxi, sin que pudiera darme realmente cuenta, oí disparos, mientras unas personas corrían detrás de un hombre que parecía desesperado. No entendí qué sucedía hasta que el taxista me pidió un poco desesperado que cierre con pestillo la puerta, pero sin hacerme cargo de su miedo, impregnada de la música de Facundo Cabral Me doy cuenta que mucha gente vive prisionera de sus miedos, sé que no hay que ignorar los peligros, pero no deseo dejarme aprisionar, no.

Por el momento no logro dormir las horas que acostumbro. Me despierto por la luz o algún ruido y luego, me pongo a conversar desde muy temprano, pero el sueño me vence por las noches y la sensación en Lima se hace soporífera, casi melancólica. 

Lima vuelve a ser mi ciudad, sin que me cueste mucho reconocer sus ruidos, sus olores, y su ritmo, aunquue ahora distinto, oscilando entre la calma y el estrépito. Pienso en los viajes y en los cambios que producen en nuestra mirada.

Me faltas Miraflores de mis amores. No sabes cuanto te necesito, mi voz te clama, mi alma te abraza, recuerdo paso a paso vivencias que van tomando cuerpo, vida, colores, sabores.  No me acostumbro al calor de Miami, no me acostumbro a tantas cosas que perdi al cambiar mi rumbo, mi camino, mi destino.  Y el tiempo se paraliza, todo se vuelve calma, quietud, silencios que llegan de la mano con los aromas de mi primera juventud, de mis trenzas traviesas, de mis dientes separados, de mis pies ligeros bailando en puntillas, de los patines y los columpios, de las tardes de verano jugando en la quinta, de los viajes en el jeep del vecino para dormir en las carpas y robar choclos antes de llegar a Tarma.   Vivir para aprender a aceptar ciertas cosas, el paso del tiempo y su final: nuestra desaparición. Me parece increíble que los instantes nos parezcan eternos, que no midamos el nivel de nuestra vulnerabilidad ni los límites de nuestras experiencias (cualquier experiencia, termina absorbiéndose, lo que nos queda es su huella, la sensación), que se van borrando con el tiempo. También se me hace evidente que todo es mucho más sencillo, sin ser banal. La sorpresa, el misterio, cierta superstición, desaparecen cuando a fuerza de comparar y comparar, nos damos cuenta que en el fondo todos estamos igualmente solos.

Todo es pasajero, todo es permanente, todo cambia, nada cambia, todo se repite, todo es relativo, hoy somos, ya fuimos.  Me espera una lista enorme de pendientes que puedo poner de lado e ignorar, pero soy demasiado responsable, ser ociosa nunca ha sido uno de mis defectos, tengo muchos, pero el ocio no es uno de ellos.   Al final de la jornada, todo importa, quedan "cosas" objetos que van a terminar muchas veces donde uno menos quiere, por eso ahora que mi hijo menor se muda lejos que se lleve las alfombras, los cuadros y algunos adornos para que los disfruten mis nietos.  El cuadro de mi abuela estuvo conmigo toda una vida, ahora tiene que cambiar de morada, que ese hogar sea bendecido, que las rosas amarillas pintadas con tanto talento sean parte de sus vidas. 


Nuestra elección con las personas, con las cosas que debemos valorar, dependerá de nuestra capacidad de atención, de un cierto refinamiento que es una forma depurada de espiritualidad.  Hoy estoy segura de eso, por eso te agradezco que seas mi amiga, mi amigo, mi lector, mi confidente. 


Tal vez la música sea el lenguaje de la armonía perfecta, no necesita intermediarios y se dirije directamente a los sentidos. Los libros necesitan lectores atentos, sensibles, muchas veces generosos. Pienso en todos los libros que se publican aquí pese a todo y con mucha ilusión, creo que es un rasgo noble y sano. Pienso en la generosidad de esos jóvenes que se imponen a la dureza del paisaje peruano, y que sueñan con entregar algo de belleza y de espiritual con sus libros. Creo que eso me conmueve. Hoy pensaba: lo que me gusta de los demás son sus defectos, lo que los hace humanos, incluso en lo escrito, es lo que me toca de cerca.  


Me doy cuenta de que llego a Lima y no tengo tiempo para nada, que me lleno de obligaciones y que no puedo dedicarle el tiempo que se merece a cada persona. austeridad máxima en las relaciones sociales.