Friday, February 28, 2014

Violencia

Viernes 28 de febrero. Se acaba el segundo mes del 2014. Ha sido un mes de violencia en Ukrania y en Venezuela. Violencia una palabra terrible, uno de los temas más difíciles de analizar, el que nos confronta con nuestros límites para comprender. Me duele el dolor de las madres que han perdido a sus hijos. Me duelen los ataques, las quejas, los gritos, la esclavitud, la indiferencia, la pobreza, el desempleo, la falta de esperanzas en un futuro mejor, me preocupa lo que pasa en el mundo, la crisis de la Iglesia Catolica, mis amigos ateos, me preocupa saber que hay muchos que somos capaces de ser violentos y de hacer tanto daño. No me gusta hablar y menos escribir de politica, pero lo que ha venido aconteciendo este mes de febrero en Venezuela nos llega a todos, nos lleva a analizar muchos aspectos en nuestras democracias. Me pregunto que pasa para que se bloqueen los canales de diálogo y de reflexión, los puntos de vista, las soluciones que no llegan. Personalmente, no entiendo la violencia, me desarma, me deja sin palabras, me duele, tanto que termino deprimida y angustiada por tanta gente. Estas reacciones violentas descubren una falta de tantas cosas,no hay diálogo, no hay comunicación. Caos. Quienes son los culpables??? Castro? Chavez? los ambiciosos, los poderosos, los malignos? el pueblo que no sabe elegir a sus presidentes? Se respira un ambiente de angustia general, de miedo al futuro, de incertidumbre. Viviendo una etapa de crisis de modelos y paradigmas, dentro de esa confusión, es difícil que se pueda escuchar la palabra del otro, la atención está deformada por el ruido y la angustia en tratar de comunicar. Palabras que se las lleva el viento, no hay compasión, es que acaso tampoco la noción cristiana de amor y respeto al prójimo. Que les espera a nuestros hijos, a nuestros nietos. Es que acaso muchos avanzamos de manera ciega, instalando el miedo en nuestras almas, en nuestras vidas y no dando espacio a la serenidad y el apego a los valores comunes, al amor a Dios sobre todas las cosas, a practicar y obedecer los mandamientos de amarnos los unos a los otros, ser amables, ser agradecidos, ser buenas personas, empezando en casa siendo buenos esposos y esposas, buenos padres, buenos hijos. Tenemos que cambiar nosotros, no podemos cambiar la realidad del mundo, pero podemos empezar uno a uno. Un escritor que admiro mucho dice que no le gusta salir a la calle porque no le gusta la gente. Muchos prefieren quedarse en su casa, en su mundo, en esa cueva dormitando como los osos en invierno, cubriendo nuestros cuerpos con frazadas de lana, prendiendo una vela que ilumine ese camino incierto del futuro, para los que creemos en un mundo futuro, en la vida eterna, en que el camino para llegar al Padre es uno y es el Hijo de Dios. No sé si sea ingenua, pero siempre confío en que hay personas buenas, en que el espiritu humano es increible, en que la bondad, el amor y la piedad brillen y opaquen la oscuridad al final de la jornada.

Monday, February 17, 2014

La casa de los fantasmas de Southington

En Lima siempre me contaban historias de casas donde penaban. Cuando me mude a Estados Unidos me di cuenta que es un tema "universal" los cuentos de ogros, de cucos y fantasmas, las historias de terror... Cuentan que durante años, el edificio de mi historia sirvió como una funeraria, pero se convirtió en una casa dúplex de alquiler (o apartamentos) a mediados de la década de 1980. Resulta que el pasado, y por varias décadas, a partir de 1936, la casa fue el hogar de la funeraria Hallahan. Parece que la funeraria Hallahan se trasladó a otro pueblo el de Plantsville, Connecticut, en algún momento a mediados de la década de 1980. Los hechos documentados tuvieron lugar en el 208 de Meriden Avenue, Southington, en el estado norteamericano de Connecticut en el año 1986. La familia Snedeker formada por el matrimonio de Carmen y Allen con sus tres hijos y una sobrina alquiló una casa en ese pueblo con el fin de vivir más cerca del hospital John Dempsey, en la universidad de Connecticut, en el que Philip, el hijo varón mayor, estaba recibiendo tratamiento por un cáncer del sistema inmunológico llamado linfoma de Hodgkin. Carmen hija de un sargento del ejército y divorciada con dos hijos de su primer matrimonio Philip y Bradley, conoce a Allen Snedeker también divorciado en 1979 en Connecticut, mientras ella trabajaba de camarera en un restaurante. Al poco tiempo de conocerse deciden casarse y tienen una niña llamada Jennifer. Su vida transcurre tranquila en New York, Allen trabajaba en una cantera de piedra y Carmen cuidaba niños, y la economía de la pareja no era muy holgada. En 1986 el hijo mayor del matrimonio, Philip, empieza a tener unas molestas toses que no alarman excesivamente a Carmen hasta que el niño de 14 años de edad, le dice que tiene un bulto en el lado izquierdo de la mandíbula. Inmediatamente Carmen lleva al niño a la consulta del médico de la familia y tras hacerle unas pruebas iniciales y una biopsia, le diagnostican un cáncer linfático. El niño es ingresado durante tres semanas en el hospital Dempsey de Connecticut y comienzan a darle sesiones de quimioterapia y cobalto. Los ciento y pico kilómetros de vuelta desde Connecticut a New York, se hacían insoportablemente largos y dolorosos para Philip, teniendo que parar continuamente debido a las náuseas de su hijo. Para ahorrarle tan doloroso viaje a su hijo, Carmen decide buscar una casa en Connecticut a pesar de contar con un escaso presupuesto para ello. Un día mientras su hijo recibía la quimioterapia en el hospital, ella encuentra una preciosa casa blanca de estilo colonial y grandes ventanales con el cartel de “se alquila”. Pensaba que sería demasiado cara para su escaso presupuesto pero a pesar de ello, decide entrar y preguntar por el precio del alquiler. Dentro de la casa se encontraban en ese momento unos obreros que estaban terminando de remodelar la casa, serán estos albañiles los que le proporcionen el teléfono del propietario, el Sr. Darrell Kern. Esa misma noche Carmen llama a Darrell Kern desde el motel en el que se aloja junto a su hijo Philip. El precio es lo suficiente barato para poder pagarlo así que decide cerrar el trato con el Sr. Kern y mudarse a la casa lo antes posible. La noche antes de mudarse a la casa, Carmen tiene un extraño sueño en relación a ésta. Sueña con ataudes alineados y cuerpos desnudos de pieles mortecinas, asimismo sueña con herramientas antiguas, en concreto ganchos y cadenas, así como con un hombre que tiene una bata blanca manchada de sangre que se movía entre los ataúdes y cortaba los cuerpos con extrañas herramientas. El 30 de junio de 1986, la familia se muda a la vivienda para empezar una nueva etapa en sus vidas. En el sótano hayan una serie de habitaciones a las que se accede a través de unas puertas batientes. En alguna de ellas las paredes están manchadas de algo oscuro que al principio piensan que es humedad. En las estanterías que cubren ciertas zonas de la pared, hay herramientas parecidas a sierras, cuchillos y una serie de gomas y tubos. En el centro de la habitación hay una camilla metálica giratoria. También hay una serie de tanques o bidones grandes que al principio piensan que contienen gasoil para la calefacción. Del techo observan como cuelgan algunas cadenas que sostienen una especie de tableros de madera. El sótano tiene otro acceso a través de una rampa que conecta con el exterior de la casa. La habitación les da muy malas vibraciones y no se encuentran nada a gusto allí, incluso la habitación despide un olor nada agradable. Días más tarde durante una visita del Sr. Darrell Kern a la familia para ver cómo había ido la mudanza, Carmen le pregunta por los objetos del sótano, éste le dirá que no los tire porque son un recuerdo que quiere conservar. Deciden que la zona del sótano será para Philip y Bradley, aunque Philip prefiere dormir en el salón del comedor hasta que llegue su hermano Bradley que está pasando unos días con su abuela, porque según le cuenta a su madre allí abajo hay algo malvado. Pensando que eran cosas de niños, le quitan importancia al comentario de Philip y deciden que espere a su hermano para que se instalen juntos en el sótano. Carmen comienza a darse cuenta de ciertos detalles que le llaman la atención. Observa que a pesar de que la casa tiene unos grandes ventanales, la luz no penetra a través de ellos en la casa por más que los limpie. Su hijo Philip oye una voz masculina que le llama desde el sótano, pero cree que es debido a la medicación o a que está medio dormido, pues suele oírla por las mañanas al despertarse. Pero un día vuelve a escuchar la voz que le dice: “Philip ven aquí”. El adolescente se queda helado y presa del miedo decide volver al salón y poner el televisor a todo volumen. Cuando se lo cuenta a su madre, ésta lo achaca a la medicación tan fuerte que está tomando. Philip se hace amigo de Cody, un chico de la casa de enfrente que suele jugar con Philip en el sótano, pero con el tiempo Cody le dice a su amigo que no le gusta ese lugar porque siente algo extraño allí abajo. Ya no era cosa de la medicación, porque su amigo también sentía algo raro allí. Será entonces cuando Philip comienza a ver sombras que pasan cerca de él por el rabillo del ojo, las ve esconderse detrás de los muebles y a veces incluso le rozan. Piensa que son visiones producidas por la medicación pero un día su hermana pequeña de 4 años ve a una mujer vestida de blanco reflejada en el espejo de su habitación. Esto le confirma de nuevo a Philip de que la medicación no tiene nada que ver con lo que está oyendo y viendo. Días más tarde el mismo Philip verá a un joven de unos 20 años abriendo las puertas batientes del sótano que le llama por su nombre. Carmen empieza a sospechar que allí está pasando algo raro, el testimonio de Philip y el de su hija acerca de las personas que han visto, la pone en alerta. Incluso su marido le comenta un día de que ha oído una especie de música de entierro cerca del sótano. Cuando realmente Carmen se asusta de verdad, es cuando fregando el suelo de la cocina observa que el agua del cubo está totalmente roja, como si fuera sangre. El día en que regresaba Bradley de casa de los abuelos, Carmen decide preparar una gran cena de bienvenida. Saca la vajilla y cubiertos y tras colocarla en la mesa, se da la vuelta para coger el teléfono que en ese momento sonaba. Cual sería su sorpresa cuando al colgar el teléfono todo había desaparecido de la mesa y estaba colocado en los armarios. Acomodados ya ambos hermanos en la habitación del sótano, una noche pudieron ver en una de las cómodas que tenían frente a sus camas, a tres hombres que los miraban fijamente a la vez que les susurraban algo. Después de unas risas macabras y escalofriantes de los tres hombres, uno de ellos se apodera de un juguete que había sobre la cómoda y lo estrella contra el suelo rompiéndolo en mil pedazos. Hasta dos años antes de que la familia Snedeker fueran a vivir allí, la casa había funcionado como funeraria. Darrell Kern, el antiguo dueño de la casa Southington, confirmó que antes de comprar la propiedad en la década de 1980, había servido como Funeraria Halloran por varias décadas. La habitación del sótano era la habitación de los ataúdes y los extraños bidones o tanques no contenían gasoil sino que se utilizaron en su día para contener la sangre y fluidos de los cadáveres. Los sucesos paranormales crecían en intensidad, los vasos se movían solos y las sillas cambiaban de lugar solas. Por las noches las camas vibraban solas y la visión de sombras eran continuas. Philip llegó a ver a un niño negro de unos 4 años con un traje de superman, del que más tarde se enteraron que había sido enterrado así. La hermana de Carmen por entonces se estaba divorciando de su marido y Carmen decide hacerse cargo de su sobrina Tammy durante ese proceso de divorcio. Una noche mientras dormía la puerta de su habitación se abrió y se encontró con su primo Philip que intentaba abusar de ella. Más tarde una ambulancia lo llevó a un hospital psiquiátrico, donde permaneció durante cuarenta y cinco días. La familia ya no puede más, miles de moscas invaden las habitaciones, los susurros son insoportables, el mal olor, incluso el encendido de lámparas sin tener ni siquiera bombillas. Es entonces cuando Carmen descubre en una revista al matrimonio de Ed y Lorraine Warner, los cuales se dedican a limpiar a casas con fenómenos extraños. Lorreine recorre habitación habitación ella sola y lo que vive cuando baja al sótano la aterra. Ve a un hombre grueso que está manipulando y trasladando cadáveres a los que toca las piernas y órganos sexuales, es decir , que practicaba la necrofilia con los cadáveres. Lorreine diría más tarde “que aquello era una infestación tremenda del mal, que aquello no era un espíritu humano”. Ed y Lorreine dejaran en la casa a tres miembros de su equipo permanentemente en la casa y cuando ven que no pueden hacer nada para liberar la casa de esas presencias, llaman al sacerdote Timothy Conlan que se enfrentará al poder demoníaco que según él habita la casa, realizando un exorcismo que le llevará un día entero. Después del exorcismo la familia se marchó de la casa a un piso más pequeño y la casa es alquilada de nuevo. Según la actual propietaria de la casa Southington, Susan Trotta-Smith, actualmente en la casa no se produce fenómeno paranormal alguno “Hemos vivido en la casa durante diez años sin que ocurra nada. Nuestra casa es maravillosa “. Durante los tratamientos en Southington, el cáncer de Philip Snedeker entró en remisión y no ha reaparecido desde entonces. Ahora está en la treintena, trabaja como camionero y tiene cuatro hijos.

Thursday, February 13, 2014

La fecha del amor

14 de febrero se acerca, otra fecha muy especial para casi todos... para muchos la fecha en que se celebra el amor de pareja, para otros la fecha de demostrar la importancia de la amistad. El amor! que viva el amor! que reine en nuestras... vidas y en nuestros corazones. El amor que es de todos los sentimientos el mejor! Hoy me visto lentamente. Nada me apura. Tomo lentamente mi café disfrutando cada zorbo, mi botella de agua me mira para recordarme que no puedo olvidarla, tomo mis pastillas matinales, tiendo mi cama, sigo en pijama, hoy no tengo nada planeado hasta la tarde. Ha llovido toda la noche, mi patio amanece mojado y lleno de hojas, las nubes grises porque se sienten tristes por el sufrimiento del mundo. En la tarde voy a salir a comprar flores, tulipanes de colores. Recuerdos me alcanzan, cierro los ojos y vuelvo a tener 15 veranos, mi primer amor, el sol radiante estalla en mi cara, el aire de Lima, me veo caminando en medio de los carros que arañan la avenida, el bullicio de la ciudad, colectivo de la Avenida Arequipa camino a Miraflores, a encontrarme con mi enamorado, su puntualidad es a prueba de retrasos. Mi enamorado que es mucho mayor que yo, siempre impecable, oliendo a limpio, camisa almidonada, zapatos italianos con pasadores, siempre brillantes. Me espera con las manos llenas de margaritas blancas, antes se detuvo en la panadería, en la Tiendecita Blanca a comprar triples de palta, tomate y huevos duros, y unas empenadas de carne, la empleada del local le dice "dichosa la mujer que reciba esas flores tan hermosas." No quiero llorar, no quiero emocionarme, no quiero volver a sentirme de quince, enamorada del amor, de la vida, de tantas cosas. Ingenua, pura, inocente, tan enamorada. Gracias a Dios ya no me duele tanto. Regreso al presente. Busco aquella canción que fue un himno para ambos en lo que fuimos enamorados, novios, esposos, padres, aquella que ya no pertenece al cantante ni a su autor, sino a las personas que han tomado de por vida ese momento prisionero para siempre, no son muchas veces que la busco, no me gusta vivir de recuerdos, no es bueno, pero ha pasado mucho tiempo y he superado muchas pruebas, he madurado, he crecido y hoy al escuchar las palabras de "I left my heart in San Francisco" ya no me duele el alma, ya no late desenfrenado mi joven corazón.

Sunday, February 9, 2014

Una mujer pobre y cansada

Soy esa mujer de pueblito de extrema pobreza que vive muy lejos de la ciudad, una cholita de Ventanilla. Mi marido me dijo, oye Rosa, yo ya no tengo fuerzas. Me quedé sin trabajo y sin plata. Y el niño que no para de llorar. Tranquilo, le dije. Algo tendremos que hacer. Yo no me voy a rendir, y espero que tu tampoco. No, yo tampoco. Perfecto. Entonces vamos a resistir. Vamos aguantarnos, vamos hacerlo. Vamos a resistir como ayer resistió mi madre y la tuya. Y así lo hicimos. Hay que ganarse la vida con dignidad, le dije. Si la única micro que pasa por esta parte de Lima, pasa cada media hora, llena hasta la pisadera, hay que caminar veinte cuadras de la casa, bajar el cerro, pasar por los arenales, entonces debemos estar preparados. Estábamos todas en la misma. Las mujeres que ayer solo éramos hijas, hoy éramos hijas y también madres. Oiga vecina, me mira un ratito al Pedrito, que con esta cuestión que le dio al Felipe, ya no tengo con quien dejarlo. No se preocupe vecina, usted tranquilita, que yo me encargo. Pucha vecina, se pasó. Usted si que es buena gente. No sé cómo darle las gracias. Vaya no más. Entonces agarré al Felipe, lo arropé bien y me lo llevé en brazos hasta el paradero. Nos subimos como pudimos, nadie nos ayudaba, nos empujaron, nos metimos entre un mar de gente, nadamos tratando de encontrarnos, y un vecino me mira, me reconoce y gracias a Dios me da el asiento, y le digo emocionada gracias, y sentada espero, y se me va la tarde, y se me va la noche, y esperando se me pasa la vida, y volvemos a la casa cansados, fatigados, agotados -mas bien resignados-, y con mi cabeza pegada a la ventana me quedo un rato sentada, pensando en los sueños imposibles, con el Felipe acurrucado entre mis brazos, quizás llorando, quizás durmiendo, quizás sintiendo miedo de la noche que no conoce, con hambre vieja, y yo pregunto –me pregunto- hasta cuándo va a durar todo esto, hasta cuándo podré soportarlo. Entonces recorro con la mirada las luces fracturadas de la ciudad en la que vivo. /Y veo cómo nuestro futuro se muere en las esquinas /Y veo cómo otros -quizás cuántos- se alimentan de nuestras desgracias. /Y me quedo esperando ingenua la explicación que no llegará. /Y espero y esperando se me pasa la vida. Pero siento que todo es más simple, y a pesar de que me caiga rota en miles de pedazos sobre un pedazo de colchón viejo y gastado, con el cuerpo destrozado del día y de la noche, del dolor de cuerpo, de la vida, del olor a tierra mojada, mirando al Cristo Moreno le rezo, la doy las gracias porque aún confío en la gente que vive a mi lado. Y aquí estoy: viva. Viviendo, respirando, existiendo en la cruda realidad que vivimos los olvidados, las madres pobres, las pobres madres.

Thursday, February 6, 2014

Compradoras compulsivas

Temo que desde muy jovencita he sido una compradora compulsiva, y que los golpes de la vida me han ayudado a nivelar un poco mis momentos de compradora - durante mucho tiempo para controlarme decidi volverme una vendedora en mi tiempo libre, y entonces vendia accesorios y con la ganancia alimentaba mi necesidad de tener collares, vestidos, zapatos, y muchas cosas y adornos para la casa. Me encanta comprar, me encanta vender, desde siempre. Es con un poco de verguenza que reconozco que mi escapismo con las compras debe de ser muy similar al escapismo de otros compulsivos que en vez de comprar, deciden fumar, hacer drogas, beber alcohol,jugar y apostar el sueldo del mes, ser infieles, vivir para comer y tantas otras acciones o actividades que pueden ser muy destructivas y deteriorantes. Que complejos somos los seres humanos. Oniomania (derivado de onios= “se vende”, en griego): desorden obsesivo-compulsivo de la conducta caracterizado por un deseo compulsivo e irreflenable por comprar. El sujeto efectúa un gran número de compras impulsivas de artículos que en realidad no necesita y experimenta al hacerlo una gran satisfacción, seguida después por cierto sentimiento de culpabilidad. La Oniomanía también se conoce popularmente como “Adicción a las compras” y en algunos casos puede ser tan grave como la adicción al juego o ludopatía, por lo que llega a requerir terapia psiquiatrica. No hace falta más que acercarse un sabado soleado -o no- a cualquier zona comercial para comprobar desde el atasco que “salir de compras” es el hobby nacional, incluso de gente que en realidad no debería permitirselo. Siempre hay excusas, ofertas muy buenas, tarjetas de credito (armas de doble filo), las fechas especiales, y ni hablar de cuando llega Diciembre en que en Navidad ir de compras es aún mucho peor y casi nadie se libra de los gastos extraordinarios que dejan hambrienta la billetera y producen insomnio por no saber de donde va a salir ese dinero que nos gastamos irresponsablemente, porque casi siempre mal-gastamos y nos compramos "cosas" que verdaderamente no necesitamos!!! ¿Eres un adicto a las compras en potencia? •Sales de compras aunque no necesites nada. •Tienes los últimos Gadgets del mercado. Muchos de ellos sirven para lo mismo. •El gasto real y número de artículos que compras cuando entras en un supermercado siempre supera lo que pensabas gastar y comprar. •Has cambiado de móvil varias veces, pese a que el que tuvieras funcionaba perfectamente. •Tienes el armario lleno de ropa que nunca te pones, incluso has comprado cosas que sencillamente no te convencían demasiado. •Cuando renuevas tu vestuario casi siempre estaba practicamente nuevo y simplemente “se pasó de moda”. •Gran cantidad de la comida que almacenas termina en la basura porque caduca. •Vas a comprar leche y compras de todo. Menos leche. •Gastas más de lo que deberías. (Por ejemplo tienes las tarjetas de crédito al límite) •Ir al centro comercial es uno de tus planes favoritos. •Los festivos sientes “que te falta algo” y a veces acudes a centros comerciales de moda? Si has respondido sí a alguna de estas preguntas podrías tener un serio problema: El consumismo exagerado puede acabar descontrolandose y atraparnos en una dependencia patológica a las compras de la que es muy díficil salir. Sintomas de una adicción a las compras severa Si te identificas con alguno de los siguientes puntos, es posible que tengas un problema más grave: 1.Adicto a las compras: El “ir de compras” se convierte en algo necesario y todo se planifica en torno a esta actividad. Casi todo el tiempo libre se dedica a ir de tiendas aunque no necesites comprar nada, incluso descansos en el trabajo, y cualquier actividad que impida comprar algo (ir al campo por ejemplo) se considera aburrida. 2.Adicto al consumo: afán por realizar continuamente nuevas compras de todo tipo, generalmente de cosas innecesarias o superflúas. Una vez se consigue X producto se pierde el interés por él y se busca algo nuevo que adquirir. La cadena de gasto nunca termina. 3.Adicto al gasto: incapacidad de adaptarse al propio presupuesto que se da tambiÈn en personas de gran nivel adquisitivo. No se trata de tener dificultades para llegar a fin de mes, sino de una absoluta incapacidad para racionalizar y administrar el gasto. 4.Tu consumismo descontrolado perjudica de manera severa otros aspectos de tu vida personal, familiar, laboral o social. Causas que pueden arrastrarnos a la oniomanía. - Niños demasiado consentidos acostumbrados a que sus padres les proporcionaran practicamente todo aquello que se les antojaba. - Insatisfacciones o problemas que se proyectan a traves del consumo desmedido. La compra a veces se usa para proporcionar ilusión a una vida rutinaria o vacía. - Se usa la compra como distracción y evasión a otros problemas más graves como la depresión, el alcoholismo, conflictos amorosos, etc. - Publicidad: está en todas partes, haciendonos creer continuamente que el éxito depende de la cantidad de productos que podamos adquirir. - Búsqueda de prestigio: la manera más sencilla de conseguir prestigio social es acumulando posesiones y objetos de deseo y envidias. - “Tanto tienes, tanto vales”: poseer aumenta la autoestima de gente con complejos. Los 12 Consejos (y un plus) para controlar el gasto y comprar menos 1. Aprende a diferenciar entre necesidades reales y deseos e intenta controlar cualquier gasto dedicado a compras por impulso. Antes de comprar nada preguntate ørealmente lo necesito o simplemente “me vendrÌa bien”? Ejemplos: comprar unos zapatos porque los que tenemos están viejos es diferente a comprar unos zapatos porque así tenemos otro par. Comprar un ipod nuevo cuando el que tenemos nos sirve perfectamente es un capricho, no necesidad, etc 2. Evita tentaciones: si sabes que eres un consumista nato, intenta evitar tentaciones. No vayas a centros comerciales o zonas de compras a no ser que realmente tengas que comprar algo, acude a pequeños supermercados de comida en vez de a hipermercados gigantes, no vayas al cajero del banco cercano a tu tienda preferida, etc. 3. No caígas en la trampa de las rebajas y ofertas: no importa que eso esté terriblemente barato. Si no lo necesitas es caro y un gasto inútil. Evita los sitios tipo Outlets con ofertas continuas, a no ser que vayas porque necesitas algo en concreto. Mejor algo caro que realmente necesites que cachivaches a mitad de precio. 4. Empieza a apuntar todos los gastos que vas realizando al mes. Te ayudará a darte cuenta de que pequeñas cantidades sumadas son un “gran pellizco” al finalizar el mes y además te volverás más selectivo en tus adquisiciones. 5. Marca una cantidad fija para gastos al mes y no la superes a no ser que sea estrictamente imprescindible. Casi todas las compras pueden esperar. 6. Planea los regalosSi tienes que comprar un regalo, típico de estas fechas, piensa antes qué le puede gustar realmente a esa persona, vete a la tienda o sección específica, y compralo. Nada de ir a tu tienda favorita “a ver qué veo por ahí”, porque terminarás regalandote cosas a tí mismo. 7. Vete a comprar siempre con una lista. Lo que no está en la lista no se compra. Haberlo apuntado… 8. Nunca pagues con tarjeta. Saca el dinero necesario que vayas a gastar y paga en efectivo. “Duele” más y además evita que superemos nuestro presupuesto y capacidad de gasto real. 9. Compra por Internet. Además de muchísimo más baratas las compras suelen ser mucho más racionales y además impide que seas vulnerable a las tácticas de Marketing y Promoción de Ventas de los supermercados. 10. Busca nuevas actividades, deportes o aficiones que no consistan en salir de tiendas. 11. Pide ayuda: dile a alguien con el que suelas salir que te impida hacer gastos tontos. Extensible a ésto podría ser: no te juntes con otros adictos a las compras en ciertos sitios. 12. Regálate algún premio con el dinero que has ahorrado: un viaje, una reforma en casa, una visita al Spa, etc. 13. Nunca olvides que el gasto es ilimitado. Intenta controlarlo porque cada vez va a más.

Enciende una vela

Anoche, como lo vengo haciendo hace un tiempo, fuimos mi hermano y yo al grupo de oracion y sanacion de la Iglesia "Madre de Cristo" o Mother of Christ. Nos dieron a todos una velita blanca que durante el servicio se iba a encender. Llegaron unas amigas peruanas a las que no veia desde mi primera juventud, una de ellas amiga del colegio, un poco menor que yo, fue un emocionante re-encuentro y como yo siempre digo "nada es casualidad", nada. Fue por Mechita, otra amiga de Facebook que pude conectarme con ellas. Mi amiga, con su hermana Elsa y Corina otra dulce y elegante peruana nos dimos largos y sentidos abrazos, ojos mojados, tiempo sin tiempo. Gladys me dijo "te acuerdas cuando cantabas en el colegio?" me parece estar viendote con tus botas y minifalda imitando a Rocio Durcal, cantando "en un cartel de publicidad", siempre me deja intrigada las cosas que recuerdan las personas, otra amiga que vive en Australia nunca pudo olvidar como recitaba el poema del lobo y Francisco de Asis. Todas las noches enciendo una vela. Como hoy, cuando llegue la noche he de encenderla para mirarla y reposar la mirada en su llama de luz. Esa luz que alumbra, que es tan significativa como nuestras vidas. Me gustan desde siempre las velas, tanto como las flores, como las frutas alegrando con sus colores, como los cuadros pintados por pintores peruanos desconocidos pero llenos de talento. Anoche, en la Iglesia, apagaron todas las luces y se prendieron todas las velas, el ambiente era especial, lleno de paz, lleno de fe, de un gozo celestial, de hermanos entregados a esa frecuencia divina de los que buscan el camino de Dios, su luz, y lo encuentran, de personas de fe que han sido curadas como los leprosos, que ya no sufren de ceguera, de dolores, tumores, carencias, de miedos. Que fascinante era ver cientos de llamas encendidas. Entonces me sumerjo en aguas pasadas, debe de ser la casa de mis abuelos, en Miraflores, la costa de mi amado Perú, siempre habían muchas velas encendidas en las noches, mi abuela era una fiel creyente, una mujer que practicaba su amor en cada acto de su generosa vida. La luz se acababa a las seis de la tarde y llegaba la noche, en el invierno hacía mucho frío, recuerdo como nos metíamos bajo las pesadas frazadas de lana de oveja y de alpaca, frazadas que llevaban nuestros nombres bordados por las manos santas de mi adorada abuelita. Nunca olvidaré los olores de la casa de mi abuela, el aroma a canela, a salitre porque el mar estaba cerca, la humedad de Lima, la intensidad de todas esas sensaciones, de esos momentos. Las voces. Las risas. Las luces de las velas. La casa de la calle Piura que no era tan grande, claro, de niña, todo nos parece gigante. Quiero volver a leer a Ricardo Palma, quiero leer tantos libros, textos clásicos y modernos. Vivo un dilema que no resuelvo, quiero pertenecer al mundo moderno, quiero acomodarme a los tiempos, quiero seguir aprendiendo, no dejar de maravillarme con la belleza de las flores, con cada amanecer, levantando mis ojos a un cielo lleno de estrellas, jugando en un columpio, acariciando a los hijos de mis hijos y encontrando que tienen mi mirada. Y prendiendo la vela, pensaba, en mi necesidad de escribir sin saber quien me lee, y que si escribo no es para que me digan que "bien escribo", porque sigo siendo una aprendiz de escritora, porque escribo con el alma, buscando amor, buscando abrazos, buscando quizás cierta compañía, y sobre todo, seguir creciendo, mejorando, modificandome. Me desespera no tener todas las palabras que llevan tilde o acentos bien escritas, espero poder comprarme una nueva ordenadora pronto, la que tengo tiene las teclas borradas y vive la pobre con tantos achaques que es como si fuera una parte de mi cuerpo. Cuando se escribe, la manera de pensar se modifica. La memoria es parte de nuestra conciencia. Las palabras son las memorias, o acaso las memorias se convierten en palabras. Mis amigas se quedaron conmigo hasta muy tarde, fue una noche inolvidable, oramos, nos acercamos a nuestro Padre Celestial, prendimos la vela, noche de tertulia, de recuerdos de juventud, de risas y emociones, y quedamos en volver a vernos muy pronto.