Thursday, May 29, 2014

Otro mes desde que te fuiste mamita

Hoy es 29 de Mayo, se cumple otro mes del fallecimiento de mi madre. Parece que fue ayer y han pasado muchos meses, 41 meses para ser exacta. Me hace mucha falta. Hoy estoy triste. Si. Hay días para todo. La vida tiene estas cosas. Y sin recurrir a los antidepresivos, ansiolíticos o hipnóticos, sin echar mano del primer psicoanalista con una hora libre, sin tirar del alcohol o de devorarme todos ...los dulces que encuentre en el camino o los estupefacientes y porsupuesto descartando el suicido, siquiera imaginado, ¿qué puedo hacer? no me acostumbro a muchas partidas, muertes inesperadas, amigas que eran gran parte de mi vida. Es fuerte el duelo, es muy fuerte la tristeza combinada con el dolor. Hay remedios para la tristeza simples e inofensivos. Por ejemplo escuchar "Ahora" de Isamel Serrano, "Hoy puede ser un gran día" de Serrat o "Contigo" de Joaquín Sabina. Ponerme mucho más seria y culta y perderme en el entramado de las notas de las "Variaciones Goldberg" de Bach. Olvidar la dieta y permitirme una torta de chocolate con fresas con un kilo de crema. ¿No sería mejor una lata de leche condensadar? En cualquier caso tomaré un café (decafeinado) por favor. Sólo y sin azúcar. Gracias. Devorarme "Hamlet" en versión íntegra.. El príncipe le dice a Horacio: "Dame un hombre que sea dueño de sus pasiones y no su esclavo y lo pondré muy dentro de mi corazón. Si. El corazón del corazón, como yo hago contigo". Y en ese momento comprender que las palabras si que pueden expresarlo casi todo. Dar un paseo por la montaña imaginaria y silenciosa que está junto a mi casa. Si es otoño, mejor. Hacer crepitar la hojarasca con los pies. No hay color que no esté en el arco iris de los árboles. Soñar un viaje, que es una forma de viajar. Mi viaje anhelado a Tierra Santa, a Israel, a Grecia, a Italia. Imaginar ese día que pisaré Troya o cualquiera de los lugares míticos que tejí en mis tantas fantasías. Si. Allí se extienden las ruinas de la sagrada Ilión. Y yo leeré allí mismo en voz alta, los versos de La Iliada. A pesar de la tristeza reír inevitablemente con las payasadas de mi hermano, que es tan ocurrente y gracioso. Recordando a mi gata. Ajena a todo, siempre feliz, nunca para de armar jaleo. El perrito de la vecina es un dulce. No comprende la tristeza. Está loco. Viéndolo pienso que probablemente tiene razón. Hoy tengo ganas de acercarme al mar, me queda lejos, tengo carro roto, tengo ganas de caminar descalza por la orilla. Respirar hondo el olor a sal. Acunarme con el hipnótico estallido de las olas al romper. Leer un cuento de Borges. Leer a mi adorado Facundo Cabral. Si es posible y la tristeza todavía no ha calado en los huesos, recurrir a un fuerte abrazo. Si no hay con quien no renunciar a ello, aunque en los casos de melancolía es muy recomendable compartir. Y después hacerse un lío de brazos y piernas y permanecer despierta, sin hablar. O tal vez contar una historia de cuando,mi abuelita me llenaba los mejores tiempos de mi vida. Dormir, es opcional. Llorar. Primero en silencio y luego sin parar, en algún cine, aprovechando la oscuridad de la sala. Desde "Los puentes de Madison" hasta "Tu y yo" pasando por "Casablanca", la película es lo de menos. Lo importante es llorar. Las lágrimas son tristeza líquida. Y así se queda en las mejillas, en la ropa, en el pañuelo. En el fondo la lista es interminable. Y si todo es inútil siempre se puede escribir algo y publicarlo en la bitácora de los pedacitos de mi vida, mi Blog de Mariangeles, o en el muro de Facebook en donde siempre encuentro consuelo y refugio. Eso, puedo asegurarlo, no falla jamás. Estoy triste. No importa, estoy viva y tengo tanto por hacer que en un rato se me pasa.

Monday, May 26, 2014

El viaje de las canastas

Estuve en Lima desde la madrugada del 8 de Mayo.  El asiento siempre me queda chico, es que ya hace rato que no soy una talla "regular".  Hace varias semanas que no me siento tranquila a escribir, han sido momentos intensos y la verdad tengo que agradecerle a Dios la fortaleza que me regala, la vida, el amor de muchas personas que me ayudan a seguir adelante. Pienso que siempre tengo que inscribir lo que escribo, darle una realidad textual, no solo evocarla con la memoria, y es que en las paredes de mi mente han quedado grabadas tantas.  Las caras felices de unas mujeres muy pobres que fueron sorprendidas con unas canastas de alimentos, sus risas, sus abrazos, la tarde maravillosa que pudimos compartir en un asentamiento muy pobre que queda en la Panemericana Norte, se llama Tiwinza como un lugar en la Selva peruana.  La pobreza, el no poder hacer todo lo que quisiera hacer por mi gente olvidada,  me producen un estrés constante, un dolor en las tripas, una angustia que me lleva al llanto, tengo que vivir y no siempre escribir! difícil elección. Ya no quiero analizar para quién ni por qué es que escribo, tengo que terminar de pulir y editar dos libros que tengo archivados, olvidados desde que mi madre se fue al Cielo.    Quiero volver a encontrar la paz, la serenidad, el lugar, el tiempo para dar a luz mi libro, a "los sapos no saben leer".  Ya es tiempo, necesito publicarlo, venderlo, producir dinero para dar de comer a mis hermanitos pobres.
Noto que el lenguaje cada vez está más encerrado en la subjetividad, que nadie acepta al lenguaje como un gesto colectivo, que incluye a los demás, es que acaso nos hemos olvidado de la importancia del lenguaje. Saliendo de Miraflores, camino a Tiwinza, tuve que cubrirme la nariz y la boca.  Imposible que digan que hay 12 millones de habitantes, tienen que haber muchos pero muchos que no han sido censados... me puse a observar las caras de las gentes, esos rostros preocupados, serios, tristes, cansados.  Me puse en sus zapatos gastados, en sus viajes largos en autobus, apretados, acostumbrados al caos, al desorden.  No tengo que describir algo que todos los que viven esa realidad conocen mejor que yo.  La gente habla pero no dice mucho, acaso es posible confiar en los demás? Algo de eso hay, y en Tiwinza vi muchos perritos, en la Lima pobre, en la Lima maloliente, en la Lima desamparada, en donde reina una lógica de supervivencia desesperada, ciega, analfabeta.

Centro Luz de Almas fue nuevamente a Lima con una meta de llevar 150 canastas, una meta bajita porque no queria fracasar, ni quedar mal.  Dios es tan grande y maravilloso que las canastas llegaron a 300.   Un voluntario muy humano me dijo, piensa que por una semana no van a tener que preocuparse como lo hacen cada noche, por una semana van a poder comer arroz, fideos, lentejas, van a tomar leche, van a tener aceite para preparar sus guisos de papas y cebollas.
En cada viaje conozco gente nueva, gente buena que se unen a mi causa.  Amigas de la infancia, otras amigas de mis amigas, se pasaron la voz y empezaron a llegar las canastas desde antes del 8 de Mayo y hasta el 13 de Mayo, la Virgen fue mi gran aliada, me dijo al oido suavemente que cada canasta debia llevar un Rosario y una carta para cada madre.   Otro milagro, otra obra en que pudimos volver a llegar hasta hogares en donde no tienen agua, ni electricidad.

Ya en Miami desde el 22 de Mayo he dormido mal por el calor y los zancudos que pican y producen unas irritaciones de piel realmente molestosas, estoy llena de ideas que flotan, bailan en la cabeza y corro tras ellas...

Tengo que levantar la vista por encima de las verdades adquiridas, tengo que parar la oreja, extenderme  como un puente, ser traductora de lo que estoy viendo y viviendo.  No me puedo imaginar como escritora si no es de esta manera. Escribir no es una imagen de prestigio para mí, no me coloca en el ámbito social como una profesional, tan solo como persona, y persona con todo lo que esto implica. Mi necesidad de escribir surge de una conciencia viva, encarnada, crítica, nunca podré entenderlo de otra forma.  Mi verdadera pasión es ayudar pero para poder ayudar tengo que escribir y publicar libros, y venderlos y producir dinero porque cuando extiendo la mano es muy poco lo que consigo y es mucha la necesidad de mi gente, de mi pueblo.  Lo único que me parece terrible es que la gente ya no tiene tiempo para leer.   No me puedo quitar de la mente muchas miradas, los ojitos de muchas mujeres que no esperan nada.   No saben acaso dialogar y el diálogo siempre, sobre todo si es crítico, enriquece el alma.  Somos más responsables quienes escribimos, porque al final, quienes tienen conciencia de que escribir no es una diversión. 


Me gustan las conversaciones francas, frente a frente, las personas, con todas sus debilidades, los derrapes, porque no somos superiores a nadie, a lo sumo creo que escribir nos hace más concientes y quizás menos mediocres.  Acaso estamos pensando que no podemos atrevernos a decir ciertas cosas para no "molestar" o no aguar la fiesta, sobre todo, las que estamos tan acostumbradas a recibir migajas (las mujeres), que no podemos decir claramente cuáles son nuestros intereses, nuestras expectativas, arriesgarnos a mayor presencia, es escribir nuestra historia. Esta experiencia es rica en encuentros humanos, en miradas, incluso aquellas que no han sido porosas (todo encuentro, por más pobre que sea, produce un saber cuando lo miramos a la distancia), no quiero perder de vista mis palabras, tengo que volver a escribir, inscribir y recorrer al vida, tengo que atravesarla en todos sus estados, no solo los que nos hacen que nos sintamos mejor, si no aquellos que nos hunden en el desarraigo, en el miedo, la duda y el dolor.  El hambre de mis hermanos pobres.   De los que viven lejos de la parte linda de mi Lima, de los que tienen dinero para comprar departamentos de cientos de miles de Soles.
El viernes antepasado en Lima me quedé sola.  El lugar me parecía un desierto. Miraflores bulliciosa.  La voz de los vecinos del edificio de al lado.   Fui a tomar un caldo de pollo y el mozo era de Alicante, en una tienda de al frente la dependienta era de Buenos Aires.  Extranjeros que viven en Lima, trabajan en Miraflores pero viven en un pueblo joven.  Aman vivir en Lima, lo senti en la calidez de sus voces y sus presencias que besan la vida.  Por unos encargos tuve que ir hasta Gamarra, en otro momento les cuento lo que fue mi experiencia en ese mercado mayorista en donde dicen que el metro cuadrado cuestra 3,400 dolores!!!  y me fui de Lima, dejando un invierno cálido, a mis amigas con gripe, una Miraflores que ya no reconozco por tanto edificio nuevo, una ciudad moderna que crece un poco enloquecida.   Hay muchas cosas que me sorprendieron, el interés inspirado de la imagen mítica del Perú.
Llegando a Miami me esperaba mi silla de ruedas, las miradas afectuosas de todos los que me conocen en el Aeropuerto que fue mi centro de trabajo por tanto tiempo.   Una anciana hermosa, trataba de subirse en en la escalera eléctrica, aterrada, entonces un joven europeo (posiblemente de Alemania) le extiende la mano y la ayuda.   Se me encoge el corazón de ternura!  Hay gente buena. 
 
Pienso, siento que la ternura es un estado de plenitud, de conexión con el mundo.  Desde que perdi a mi madre y a mis tres queridas amigas tengo muchos estados de ternura, y eso me alivia- acaso siento que no soy tan villana ni tan superficial.  Hoy vuelvo a escribir y a sentirme libre.   Quisiera escribir cada instante, cada vivencia, cada sentimiento,  escribir de todos mis momentos de felicidad, de plenitud,  muchas veces, en compañía de otrass personas, también muchas veces.  Gracias a Dios porque puedo escribir.  Amo la vida.  Amo ser abuela.   Amo ser madre.