Monday, August 31, 2015

Conmigo... contigo...

Conmigo.
Hay tanto sufrimiento suspendido en el aire de tus pulmones que, a veces, ni el corazón entiende que no basta con respirar. Me ahogo. Me desmayo. Siento que no puedo controlar mi llanto.  Si tan solo supiera hacerle caso al corazón. Si tuviera las fuerzas para subir y saltar el muro del miedo con un poco de temor. Si me hubiera dejado llevar las mil veces por mi deseo profundo de buscarte,  de mirarte a los ojos y volverte a decir que no ha pasado ni un día sin encontrar otro golpe a la luz que conocí. Haber hecho caso a los deseos locos de mi roto corazón, a las ansias milenarias de mi alma que viene volando los cielos para encontrarte.  Arriesgarme a la sal si se abría la herida con la humedad de un mediodía de invierno y todas las despedidas del último otoño, que todavía danzan en la retina los puede ser que han levantado y nos pesa el horizonte como el más denso de los silencios. Que estoy, si lo quieres, para acompañar ausencias, para celebrar la vida o para entrar y salir del infierno sin mirar nunca atrás. La pared del miedo ha quedado fundida encima del asfalto. La he golpeado con el pie justo cuando saltaba.
Que hay un río. Un lago profundo. La mar brava. La catarata escondida. Que no estaremos mucho rato para cruzar el puente. Miraremos el agua como si quisiéramos morir, como si quisiéramos volver, y sentiremos todavía más ganas de vivir. Habrá barandillas de hierro y farolas antiguas, de luz amarillenta. Y en invierno, árboles desnudos como siluetas de papel mojado que se recortan contra la superficie del agua, contra la superficie del cielo. Se verá mucho, mucho cielo. Y respiraremos aún más el mar a kilómetros de distancia.
Volveremos a pisar nuestra tierra. A oler nuestra lluvia. A hundir los pies en el barro. El mar como un lienzo, desde el cielo, y el color intenso de la arena mojada tatuada en el brillo intense de
nuestros ojos. Que no entenderemos el amor sin que se nos pase por las manos, por el vientre, por los ojos. Sin este momento de ahora, la mente en suspenso y estas líneas brotando de algún rincón del alma. Con la absoluta necesidad de no necesitarte. Con los ojos cerrados y el corazón en la boca. Con todos los discursos por el suelo, con todo tu silencio inundando de placer este pedacito de eternidad.
Contigo.

Saturday, August 22, 2015

Luna y su re-encuentro con el amor de su vida


Otro pedacito de “Los sapos no saben leer”

 

Hace mucho tiempo, cuando era muy joven, comprando un libro, conocí a un hombre muy bueno, un ser excepcional. Su personalidad y caballerosidad me dejaron enormemente impresionada, su sonrisa me conquisto en un segundo. Hoy, treinta y tantos años después, me di cuenta que fue amor a primera vista. Que fue amor para toda la vida. Lo empecé a querer desde su primera palabra. Su sonrisa, el brillo de sus ojos, su mirada que decía tanto, quedaron grabadas para siempre en un rincón de mi alma y supe que nunca lo podría olvidar.  Ese hombre, bastante mayor que yo, estaba en amores desde hacía varios años con una mujer profesional y exitosa que había tenido que mudarse a otra ciudad a trabajar, ella quiso que él se mudara y consiguiera trabajo cerca de ella, pero él amaba mucho a sus padres y le gustaba la ciudad donde vivía, y decidió quedarse, manteniendo su relación a la distancia, por un largo periodo de tiempo, hablando por teléfono con ella todas las noches por un rato, y siendo fiel a su compromiso.   Lo conocí cuando ella estaba lejos, fue el destino y nuestro amor por la literatura lo que hizo que esa tarde los dos estuviéramos en aquella famosa Librería a la misma hora. No fue casualidad, no creo que nada en la vida sea casualidad.  Todo pasa por algo. 

Sería el principio de una linda amistad literaria, espiritual, intelectual, religiosa.  Yo era muy jovencita y la vida me había golpeado mucho, divorciada, con dos hijos pequeños que tenía que ir a recoger a la salida del colegio, cuando estaba en la caja pagando por los libros que había comprado, me hizo un comentario, me dio su tarjeta, me pregunto si tenía casa propia, que si vivía cerca, en fin trato de entablar una conversación para seguir conversando, pero yo estaba apurada, se había hecho tarde y mis hijos tenían que cenar, mi respuesta al despedirme fue cortante, no entablaba amistad con desconocidos y menos con hombres que trataban de levantarme en un lugar público.  Me siguió al parqueo, me dijo mientras retrocedía que quería ser mi amigo, que no podía dejarme partir sin saber mi nombre, que por favor lo llamara, y me dio su tarjeta.  Le dije mi nombre, “me llamo Luna y uno de estos días te doy una llamadita”.  Días después, porque espero un par de días, me llamo para preguntarme si podía ir acompañarlo a una reunión en la Iglesia a la que por esas cosas de la vida, era la misma a la que íbamos cada domingo a las 12.  Primero, nos hicimos amigos telefónicos y después empezaría a visitarme en casa después del trabajo, de 6 a 9 PM, todos los días, compartiendo la preparación de la comida, jugando con mis hijitos;  recuerdo que nos pusimos a dieta juntos y rebajamos muchos kilos en cuatro meses,  caminábamos por la orilla del mar los fines de semana, todos los domingos íbamos a misa, y nos reíamos mucho.  Conocí a su madre, una mujer de pequeña estatura pero de mucha cultura, conocí a su mejor amigo y fuimos a varias fiestas juntos, al cine, a la playa, hasta hicimos un viaje en crucero invitados por la empresa en donde por aquel entonces trabajaba. Todos esos meses me sentí por primera vez en mi vida completamente feliz, estaba en silencio locamente enamorada de él, y no me daba cuenta de lo que pasaba por su mente, de que no sabía con quién quedarse, de que no tenía el corazón ni podía romper con su novia de tantos años.  Ella seguía a miles de kilómetros de distancia y yo le rezaba a Dios para que ella se olvidara de él y entonces él podría ser libre para amarnos. Nunca tuvimos una discusión, éramos dos almas que se habían vuelto a encontrar, nos llevábamos de mil maravillas.  Él había estado en la guerra y sufría de insomnio y traumas, pesadillas y depresiones, no hablaba de esos años en que había sobrevivido a muchos de sus compañeros de batallón en Vietnam, sabia volar, sabia pelear, había posiblemente tenido que matar sabe Dios a cuantos vietnamitas y siempre evitaba mis preguntas al respecto.  Me daba cuenta que se sentía muy comprometido con su novia, que sentía que le estaba siendo infiel con sus sentimientos y nuestra amistad que era un amor escondido, porque ambos nos habíamos enamorado.  Yo no lo sabía con seguridad, pero estaba segura que ya le había pedido a su novia que se casara con él y conociendo sus valores y creencias, era un hombre de palabra. 

Durante seis meses nos vimos casi todos los días y aunque yo me había enamorado locamente de él y me moría por besarlo, por abrazarlo, por acariciar su rostro, controlaba mis sentimientos porque no quería perderlo, esperaba con toda mi ingenuidad y paciencia que él se diera cuenta que éramos el amor y que podíamos ser una pareja muy feliz, de que él podría aprender a querer y aceptar a mis hijos y yo todavía era lo suficiente joven para darle uno o dos hijos.    De que yo podría ser una buena esposa, su compañera para el resto de nuestras vidas.  

 

En aquellos días yo tenía muchos pretendientes, me puse muy atractiva ya que había rebajado muchos kilos y recuperado mi figura, me puse muy delgada,  los hombres me devoraban con sus ojos,  en el trabajo había un muchacho guapo, divorciado,  atlético y seductor que andaba correteándome, enamorándome insistentemente y yo no le hacía caso,  porque estaba enamorada de Miguel, porque para mí no había nadie más que mi amor imposible, mi amigo, mi adorado Miguel, que era un Cubano criado en Boston, con mucha cultura e impecables modales y a quien admiraba por su generosidad con los pobres y su sentido del humor.  Me hacia reír tanto, nunca me había sentido tan feliz, tan llena de vida, todo me parecía maravilloso a su lado. 

 

Una noche por el mes de Setiembre, me dijo que su novia estaba regresando a la ciudad y que se irían de viaje a conocer países en América del Sur, Argentina y Perú.  Que él ya había programado esos viajes durante las vacaciones de ambos, que sabía lo que quería y lo que no quería, que tenía que tomar una decisión con respecto al matrimonio ya que tenía casi 40 años y quería formar una familia,   que se había jurado que si algún día decidiera casarse tendría que ser con una mujer que no tuviera hijos, por la Iglesia Católica, con una mujer vestida de blanco y virginal, que no fuera divorciada y que no fuera latina. Que si yo hubiera sido soltera y sin hijos todos hubiera sido muy diferente.  Pero yo era divorciada, con tendencia a ser gordita, que yo tenía dos hijos y una familia muy disfuncional, que era latina.  Me sentí muy dolida ante todas esas palabras que le dictaba la mente, contrarias al amor que sentía por mí, porque yo sentía que el amor era mutuo y que mi presencia lo hacia también muy feliz, que me necesitaba y extrañaba tanto como yo a él.   Sentí que la tierra se me abrió y que caía en una fosa muy profunda y oscura, lloraría toda la noche, no pude conciliar el sueño,  sentí dolor en el pecho, angustia, rabia, que la vida había sido siempre muy injusta y cruel conmigo.     Joven e impetuosa,  con mi orgullo femenino por el piso, con mi vanidad herida, le dije que no entendía porque él me hablaba así, si entre los dos nunca había habido nada más que una amistad y que le deseaba toda la felicidad del mundo, aunque por dentro me sentí rota en mil pedacitos. Esa misma tarde, y para demostrarme que yo era digna de ser amada y aceptada, acepte la invitación del seductor con cuerpo de físico culturista, y fui a cenar con el pretendiente,  (un tipo que no servía para nada, que no tenía ni cultura ni inteligencia)  pero que mi ego, vanidad y mi corazón herido hicieron que cometiera el error más grande de mi vida.  Salí a cenar con el cubanito que enamoraba a todas mis compañeras de la oficina, y yo que jamás había tomado una copa de vino, esa noche me tome unas copas de más,  terminando en los brazos del hombre que más parecía un pulpo, cuando me di cuenta estábamos prácticamente desnudos.  Mis hijos estaban de viaje con su padre.   Era tarde, tenía las cortinas de mi sala y de mi dormitorio completamente abierto. En mi borrachera, no había reparado en que las había dejado abiertas.   Miguel había estado llamando y llamando y al no contestar el teléfono decidió venir a buscarme a casa.  Sorpresas tiene la vida, me encontró infraganti en la cama con el extraño.  Fue suficiente, en ese momento lo perdí para siempre.  Dio marcha atrás, y me imagino la decepción que tiene que haber sentido. Al día siguiente me llamo muy temprano en la mañana para decirme que había pasado a buscarme la noche anterior para decirme que se había dado cuenta que me amaba y que con quien quería casarse era conmigo, y que nunca pensó que podría traicionarlo, que iba a apurar su boda y que lo había decepcionado, que nunca se imaginó que yo era así, que posiblemente todo el tiempo lo había estado engañando con otros hombres, que él pensaba que yo lo amaba pero que indudablemente no era así porque me había encontrado haciendo el amor, en brazos de otro hombre.   Llorando le suplique que entendiera que aquel hombre no significaba nada en mi vida, que mi alma, mi corazón, mi mente le pertenecían.  Y con una frase muy fuerte me dijo “pero tu cuerpo, tu cuerpo es de cuantos Luna”.     

 

Ese día me sentí morir.  Sería la última vez que lo vería.     Mi vida nunca volvería a ser igual.  Me sentí sucia, me sentí pecadora, me sentí vacía.  Empezaría a auto-mutilarme por muchos años. 

El tiempo y la vida pasaron, y nunca supe de él.  Nunca me pude perdonar la estupidez de mi inmadurez, vanidad, arrogancia, rabia, venganza, de haber salido con un hombre que solo quería una noche de lujuria y placer y de haber pagado un precio tan alto por mi error, de haber perdido al amor de mis amores.  Que caro se pagan los errores.  Perdí al amigo, perdí al hombre de mi vida.   Nunca lo pude olvidar.  Nunca más me volvería a enamorar ni volvería a amar así.  Mi corazón, mi alma le pertenecía, lo único que nunca le había pertenecido fue mi cuerpo, pero no por mi elección.    Empecé a comer y comer hasta volverme una mujer muy obesa y poco atractiva, me quise volver invisible,  porque no quería que ningún hombre se volviera a fijar en mí.    

 

Pasaron muchos veranos, casi cuarenta.   Diagnosticada con una terrible enfermedad terminal y porque quería despedirme, una mañana muy enferma llegue a su puerta, antes de tocar el timbre me abrió la puerta su esposa, una mujer muy educada que se sorprendió cuando la salude mencionando su nombre, le dije perdona el atrevimiento soy una amiga de la juventud de tu esposo, no sé si alguna vez él te hablo de mí, estaba visitando a una amiga muy enferma que vive a pocas cuadras y sentí una voz que me dijo que ya que estaba en el barrio, pasara a saludarlos.  Me dijo que su esposo estaba trabajando,  que ella ya no podía trabajar por problemas de salud pero que gracias a Dios él todavía tenía fuerzas a pesar de su avanzada edad.  Me hizo pasar, me di cuenta de que tenía muchos ángeles y cuadros religiosos, un hermoso crucifijo y un cuadro del Sagrado Corazón de Jesús, vi la Biblia y el Rosario en una mesita, la bendición del Papa en una mesa esperando ser enmarcada y nos pusimos a conversar como si fuéramos amigas de toda la vida, sin darnos cuenta del paso de las horas.   Ella me contaba muchas cosas que habían pasado desde la década de los ochenta hasta la fecha, de su hijo, de cómo había dejado de trabajar, de los libros que tenían por cantidades porque ambos eran ávidos lectores. Cuando me di cuenta que eran casi las 2 de la tarde le dije que tenía que tomar mis medicamentos y se me había pasado la hora, empecé a sentirme muy débil, ella muy amable, me ofreció algo de comer, me dijo que había preparado la noche anterior arroz con pollo, que tenía fruta picada, que podía hacerme un emparedado, puso inmediatamente la mesa y al servirme la comida empezó a orar agradeciendo los alimentos.  La mujer era un ángel, irradiaba dulzura y bondad, su casa muy acogedora me abrazaba, sus ojos me miraban con mucha ternura, nunca me había sentido tan cercana a nadie, mi mente me decía que era una atrevida, una intrusa, que no debía haber invadido su casa, pero seguimos tocando temas muy profundos y leímos a Pablo en la Biblia, le busque en Efesios la parte que habla de la armadura de Dios.   Le preguntaría en un momento si había sido feliz en su matrimonio de casi cuatro décadas, me dijo con toda la honestidad del mundo que había tenido años buenos pero que también había tenido muchos problemas con Miguel, hablamos de su hijo, de su madre, de su suegra, de que había perdido a dos hermanos y a su madre dos años atrás.  Tuve que contener el llanto muchas veces, me sentía como una ladrona, una mujer atrevida, como una persona que había invadido su hogar, pero al mismo tiempo sentía que no era casualidad, una voz me había ordenado llegar hasta su puerta.     

 

Cuando ya estaba por marcharme, llegaría Miguel, su esposo, el único hombre que había tenido en su vida, el que era tan buena persona, tan buen esposo, tan trabajador.   Sentí tanto miedo de su reacción, de lo que podría sentir al encontrarme en la sala de su casa, de si me iba a reconocer. Cuando me vio le dije: no sé si te acuerdas de mí… y me dijo, eres Luna y mis dos apellidos – recordaba mi nombre completo – y pretendió hasta alegrarse y supo controlar la sorpresa, se disculpó unos instantes para ir a su dormitorio a cambiarse de ropa, regreso a los pocos minutos, y sentado me pregunto por mi trabajo, por mi familia, y después me dijo “todos los días de mi vida he rezado por ti y por tus hijos”.  Al despedirse después de unos minutos de conversación, me pregunto si necesitaba ayuda para pararme, y me dio un abrazo muy tierno al despedirse, y sus ojos me dijeron todo lo que su voz no pudo decir. En esos pocos minutos hablamos un rato de nuestras vidas, ambos estábamos involucrados en la misma misión de servir y ayudar a los pobres.   Me quiso hacer un cheque de donación, “quiero ayudarte me dijo”.  Le dije que aceptaría la ayuda en otra oportunidad, antes de la Navidad.  

Cuando me subí al carro, las lágrimas de emoción no me dejaban ver la carretera.  Indudablemente, nunca lo pude olvidar, no había una noche en que no lo hubiera recordado, cientos de veces soñé con él, nunca deje de amarlo, y al decirme que había rezado todas las noches por mí y por mis hijos me había hecho el regalo más grande, era su forma de decirme, de confirmarme que había sido importante en su vida y que me había amado aunque nuestras vidas habían tomado rumbos diferentes.   La esposa y el me dieron sus tarjetas y quedamos en volvernos a ver otro día. Ella me dijo que me iba a llamar, que iba hablar con las amigas de la Iglesia para ver cómo podían ayudar.  Al irme pensé que ella era una mujer bondadosa, dulce, buena, que si hubiera sido hombre yo me hubiera quedado también con ella.     Le agradecí la felicidad compartida, que había sido un día inolvidable en mi vida, que me había hecho sentir como si fuéramos amigas de toda la vida, le agradecí  todas sus atenciones. Cuando nos abrazamos sentí que se me rompía el alma.    

 

Le pedí a Dios perdón por mi atrevimiento, pero ya no podía más, tenía una necesidad muy grande de volver a ver a mi amado Miguel, ese hombre tan bueno,  que nunca había podido olvidar, pero que pude respetar manteniendo mi distancia por tanto tiempo.  Ahora los tres éramos viejos, teníamos el pelo cano y la vida nos había golpeado, los tres habíamos encontrado el camino de Jesús,  éramos soldados de Dios, los tres podríamos ser por fin amigos? Podríamos?   Al despedirme Miguel con su mirada triste, Miguel que para mí no había envejecido,  me abrió la puerta del auto y le dije muy despacito: “Hiciste una buena decisión”  ella es encantadora.  Espero que me hayas perdonado, en sus ojos vi la respuesta. Su mirada me hizo sentir que nunca había dejado de pensar en mí.    Sentí una paz acariciando mi alma, sentí que todo pasa en los tiempos de Dios.     

 

 

 

Monday, August 17, 2015

Lo que me hace feliz


Me preguntaron que me hace feliz... primero saberme amada y bendecida por Dios, saber felices a mis seres amados, que se sientan saludables, fuertes, entusiasmados, amados, que no les falte nada, que se sientan felices con sus triunfos, con sus vidas... Mis nietos me hacen inmensamente, infinitamente feliz... Segundo me hace feliz sentirme sana, fuerte, productiva, tener paz y tranquilidad, no tener deudas, tener lo suficiente para poder ayudar siempre a los que necesitan apoyo, estar rodeada de gente buena que sepa amar y ser amada, que sepa dar y recibir, que sepa compartir, que sepa oír y consolar, que sepa ser "amigo" en las buenas y en las malas... Tercero me hace feliz estar rodeada de flores, de ambientes con colores, que entre la luz por las ventanas, recibir los amaneceres, tener la casa limpia, ordenada, poner la mesa linda y cocinar para mi familia y mis amigos, ver sus caras contentas, satisfechas y felices cuando disfrutan de mis recetas, me encantan mis fruteros llenos de frutas y ver a los peques devorando un trozo de sandía o un racimo de uvas, que no falten los vegetales, los ambientes exquisitamente decorados, los muebles bonitos, las sillas de buena madera, me fascinan las hamacas, los jardines, los patios llenos de macetas con plantas frondosas y coloridas, los pajaritos, las aves. las mariposas, las luciérnagas, los gatos, las gallinas, los perritos, amo los caballos, y las vacas, los carneros y los leones, me encantan las paredes llenas de cuadros, los libreros llenos de buenos libros y tener el tiempo para leerlos y asimilarlos, disfrutar de los jarrones con flores frescas, especialmente los tulipanes y las calas, me gustan las almohadas, los cojines, los manteles, como toda mujer me encantan los trapos, la ropa bien planchadita, los accesorios de buen gusto, los sombreros, los collares, los aretes, las carteras. los zapatos... en la cocina me gusta tener muchas ollas, platos, tazas y cucharones de palo, pero cambio todas las cosas materiales por saber sanos y felices a mi esposo, a mis hijos, a mis nietos, a mis hermanos, a mi padre, a mis mejores amigas y a todas las personas que amo y que son parte de mi vida. Somos de carne y hueso y vivimos en un mundo material en donde necesitamos de las cosas del mundo para vivir, a todos nos gustan las cosas lindas, a nadie le gusta ser pobre y pasar hambre o necesidades, pero la clave es tener lo suficiente, y aprender a ser feliz con lo que se tiene, y cuando lo obtienes cuidarlo, todo es mantenimiento, una vez que ya tienes las cosas necesarias y fundamentales entonces no es necesario estar cambiando a cada rato de vestuarios ni de muebles, ni de carros, todo tiene su tiempo y su momento en la vida... ya tuve la casa grande, ya tuve el carro de lujo, ya hoy no necesito nada grande, ni costoso, ni tan de lujo, de que sirve tener mucho dinero si no tienes salud, o si ya no tienes vivos a tus seres queridos, o si los tienes lejos y enfermos, o si no sabes cómo les va... yo siento que ya tuve y que tengo todo lo que he querido tener en la vida del mundo material... y más bien quiero seguir simplificando mi vida, sentir que puedo vivir el resto de lo que me queda de vida, ligera, ligerita de equipaje, sin deudas, sin preocupaciones, poder meter todas mis pertenencias en un espacio grande, y poder en cualquier momento viajar y quedarme largas temporadas con mi gente querida, por ejemplo poder ir a Barcelona, a Madrid, a Londres, a Paris, a Panamá, a Lima, a Buenos Aires, a Tampa, a Las Vegas, y a tantas otras ciudades donde tengo amigas queridas con las que quisiera tanto poder pasarme horas de horas charlando, compartiendo el cafecito, mirando el mar, y compartiendo el pan... preparando ceviches, causas rellenas, lomitos saltados, contando chistes y alabando a Dios Todopoderoso.




Saturday, August 15, 2015

Carta al Cielo


Es sábado 15 de Agosto del 2015, hoy estoy despierta desde muy temprano, inquieta, ansiosa, pensando en ti mi madre querida.  Mi mente ha viajado a muchos momentos del pasado, dibujando tus sonrisas, recordando el sonido de tu voz, el brillo de tus ojos color miel. No sé por qué te escribo, pero siento que si no lo hago voy a explotar como si fuera una bomba de tiempo. Mi corazón me dicta las palabras aunque jamás recibiré tu respuesta. ¿Cómo puedo hacerte llegar mis sentimientos, ahora que ya nunca podré volverte a decir lo importante, lo imprescindible, lo que significabas y sigues significando para mí? No te imaginas como y cuanto te extraño, la falta que me haces todos los días, especialmente los fines de semana.  Te fuiste muy temprano, en la mitad del camino, y aunque trato de resignarme y de no sentirme tan triste y no llorar a cada rato, me cuesta trabajo seguir caminando por los caminos rocosos de esta vida sin ti. Hay tantas cosas que tengo que contarte, han pasado casi cinco años, ahora tienes cuatro biznietos, tu nieto mayor tiene dos hijitos que heredaron tu belleza física, la menor se llama Flora y tiene tus ojos. Hace unos días tu hijo mayor entrego a tu nieta Samantha que lucía preciosa en su vestido de novia, al verla no pude contener el llanto por tantas emociones. Te siento llegar muy temprano, ¿te acuerdas? Salías de tu casa a las 5 AM para llegar a mi casa a las 6 AM, te tomaba una hora el trayecto desde tu casa a la mía, era la hora ideal porque no había tráfico vehicular y venias por el Turnpike, llegabas siempre con una bolsa llena de alimentos, nos traías leche, huevos, mantequilla, pan, frutas. Te dirigías a la cocina y nos preparabas tus maravillosos desayunos, y ahora que ya no siento tu perfume, ahora cada fin de semana tengo que controlar mis emociones. Hoy quiero darte las gracias por todas las miles de veces que no te las di, por todos los detalles tuviste conmigo y con los demás, porque siempre te criticaron en vez de valorarte, quiero confesarte que lamento mucho haber incurrido en tantos silencios, haber guardado callada tantos agradecimientos, no haberte valorado como debía.  Lo que más me duele es no haberte dado más abrazos, ahora me doy cuenta que hubieran sido muy beneficiosos para las dos.  Fuiste bella mujer, muy inteligente y trabajadora, ingeniosa, creativa, y lo que más extraño es cuando te sentabas al piano y yo cantaba contigo por horas, canciones de tu juventud.  Ayer escuchaba una de las canciones de Charles Chaplin, una que cantábamos juntas y tuve que pedirle a mi amiga que pusiera otra porque sentí un dolor tan agudo en mi alma, que no podía respirar. 


Me he vuelto muy llorona, y es ahora que puedo comprenderte tanto, hay que estar en los zapatos de otras personas para saber lo que sienten, dicen que me parezco mucho a ti que es un halago, porque tú eras mucho más bella. Amaste la vida tanto o más que yo, tuviste siempre la energía, el entusiasmo, las ganas, y el amor necesario para luchar y vencer los múltiples obstáculos que tuviste en tu vida, una que fue muy trágica desde tu nacimiento. Tuviste seis hijitos y trataste de ser la mejor madre, sé que fue una tarea difícil ya que tu no conociste a tu madre biológica, y la única madre que tuviste fue mi abuelita a la que perdiste cuando eras muy jovencita, es desde tu muerte que he podido entender tantas cosas, apreciar, valorar, crecer como hija, como madre, como esposa, como amiga, como ser humano.  Que doloroso es tener que perder a los seres más queridos para entender que no hay nada más valioso en esta vida. 

Es Agosto y acaba de empezar a tronar el cielo, todos los días llueve y me parece verte sentada en el patio de mi casa, fumas tu quinto cigarrillo de la mañana, me hablas de política, tratas de convencerme para que me vuelva de tu partido.  Me visitas mucho en sueños, anoche por ejemplo caminábamos por la orilla del mar en Lima, nos reíamos mucho, me decías preocupada que tenía que adelgazar porque temías que me iba a volver diabética.   Después de caminar, fuimos al Chifa y me dejaste pedir tu comida favorita, entonces te dije tomándote de las manos que eras mi mejor amiga y al despedirme te di un fuerte y largo abrazo, mamita querida y vi la felicidad en tu mirada.  

Te escribo esta carta y te la mando al Cielo, le pido a mi Ángel de la Guarda que te la entregue en las manos de tu generosa alma.   Te mando muchos abrazos de todos tus hijos, de tus nietos y tus biznietos.  Te mando un millón de besos y un millón de gracias y de te quieros, te pido que nos cuides todos los días de nuestras vidas aquí en la Tierra, hasta que podamos volver a vernos. 

Me imagino tu carita, tu sonrisa, tu llanto de alegría al recibir mi carta, mi amor, y que sepas que no puedo olvidarte, que vives conmigo cada instante, que me inspiras. Gracias por haber sido mi madre, mi mejor amiga, te quiero mi Barbarita linda. 

  

Saturday, August 1, 2015

Bienvenido Agosto

Podría empezar escribiendo y declarando que todo va a mejorar en mi vida, ya es el momento.  Han pasado muchos pero muchos veranos, el tiempo no ha tenido clemencia con mi cuerpo y ha dejado huellas muy marcadas. Mi mirada no es la misma desde que todos ellos se marcharon para siempre, dejaron de existir, han sido tantas las personas amadas que ya no puedo abrazar, con las que ya no puedo compartir mi mesa, a las que ya no puedo visitar, las llevo dentro de mi mente, en mis pensamientos y oraciones diarias, todas viven en el huerto de mi alma y me visitan cuando duermo. La nostalgia se instalo en mi vida, la tristeza hizo de mi mirada su nueva morada y no se quiere marchar de mis ojos que no se cansan de llorar y que se han vuelto tan tristes.  Las personas evitan mi presencia porque siempre me encuentran deprimida, enferma y cansada, no entienden lo que me pasa, y si lo entienden no lo aceptan o lo comprenden. He marcado nuevas rutas en los caminos de mi vida, he querido escribir muchas veces pero mi pluma se ha quedado callada porque su silencio dice lo que no pueden expresar sus palabras, he cambiado mi lenguaje, mi voz es pausada y se quiebra porque el dolor tiene rotas mi cuerdas vocales,  mis ojos reparan en muchas cosas que antes pasaron desapercibidas, me fijo en la persona que atraviesa la esquina, me arrulla y me estremece el paso del viento sobre los árboles. Me cuesta mucho trabajo tragar la comida, no me gusta comer delante de nadie, me atraganto con facilidad. Me averguenza.  Me incomoda. Siento en mi soledad silente de observadora de todo y todos, que ahora, esa forma de expresión no le habla a mucha gente. Que canto acaso una canción que nadie escucha, en un idioma que nadie conoce o entiende. Vivo escondida del mundo, en mi complejo mundo, con mis amigas las flores, iluminada por mis amadas luciernagas, con el sonido de las aves que visitan mi patio cada tarde, orando, hablando con Dios a quien tuve tanto tiempo olvidado. Tengo un nuevo amor, se llama Jesucristo,  

No lo sé.  Quiero hacer tantas cosas.  Mi mente siempre acelerada, mi cuerpo que no responde, mis pies hinchados, mi sobrepeso, fibromyalgia, ansiedad, diabetes, duelo, el dolor de cabeza de cada madrugada desvelando mi cuerpo cansado y adolorido. He aprendido a vivir el hoy, a pensar cuando abro los ojos que hoy me voy a sentir como antes, como cuando trabajaba y me ganaba los frijoles, me repito que no hay enfermedad que dure cien veranos ni cuerpo que lo resista.  Sigo viva.  Sigo respirando. Vivo agradecida, olvidada por mucha gente querida que no tiene tiempo ni siquiera para hacerme una llamada de dos minutos, pero no pierdo la esperanza.

Estoy leyendo a Gioconda Belli, me gusta como con palabras puede dibujar escenas tan reales mientras devoro uno de sus tantos libros.  Hasta ahora todos los que he leido de ella me han gustado mucho, la admiro, quisiera poder escribir como ella y que traduzcan mis libros a trece idiomas. Quisiera que mis libros se vendieran y con el dinero poder dar de comer al hambriento y seguir mi labor de servicio, aquella que duerme por falta de tantas cosas, trato de hacer todo lo posible para ayudar a los pobres desde que funde Centro Luz de Almas.   Tengo que proponerme escribir un capitulo diario, sacar fuerzas y llegar hasta la Biblioteca para pasar en limpio la historia esa que hace tanto tiempo he ido tejiendo en parches, en pedacitos, en anotaciones.  Hierbe mi sangre de letras que quieren salir del encierro.  Saben acaso mis historias que deben dejar los caminos de mi mente para quedar plasmadas en el papel de un libro que pueda alimentar el alma hambrienta de quien necesite encontrar la verdad en las palabras.  ¿Sabemos acaso los escritores todo eso cuando escribimos?  cuando sentimos que escribir es tan importante como respirar, como existir, como ser, como vivir. 

 Ya no escribo en el blog de Mariangeles Pedacitos de mi vida como antes porque el Facebook se lleva una buena parte de mi tiempo,  porque la experiencia se queda quieta, esperando salir en palabras, escucha, no habla mucho. Tengo que conseguir una nueva computadora y que tenga acentos en su teclado, tengo un amigo que me ha ofrecido editar mis escritos, le voy a tomar la palabra, para que me haga las correcciones gramaticales.  Una desea que las cosas fluyan, que las personas lean y se queden a recorrer otros espacios, cosa que no sucede mucho. Y no se puede hablar sola. Es la regla de la gramática que incluye siembre un tú que de alguna manera debe estar presente.

Bienvenido Agosto, Miami es siempre muy caluroso, pero este verano he sentido que el calor ha sido intenso, agotador, insoportable, tengo que esperar que se muera la tarde para poder salir al patio o a caminar, no soy amante del verano, soy como mi gran amiga Laura Elizabeth,  me gusta el invierno, las mantas de lana de alpaca, las chimeneas, la nieve, y quisiera irme a otro lugar, Dios sabe lo que quisiera, pero he aprendido a dar las gracias y a no quejarme, me he quedado en Miami por mis hijos, por mis nietos, por el trabajo de mi esposo, esperando la edad del retiro.    Mi mente me dice que salga a caminar, mis pies, el clima, los mosquitos, los dolores, la fatiga y la humedad me detienen.  

Hace tiempo que vengo repitiendo lo que no puedo poner por escrito, hago anotaciones, no se a donde puse la grabadora, anda escondida en alguno de mis cajones, repletos de cosas y de recuerdos de los que una de estas semanas me pienso deshacer por completo, quiero simplificar mi vida, tener menos cosas, Lo indispensable, lo necesario.  He ido haciendolo mes a mes, he simplificado tanto mi vida, he aprendido que no es necesario llenarse de tantas cosas, si pudiera tener todo el dinero que he gastado en el pasado, compulsivamente en tantos objetos que lo que hacen es acumular polvo.  Ya no tengo ese vicio, ese defecto, esa necesidad de comprar tanta ropa, carteras, adornos, platos, cachibaches, collares, zapatos, manteles, revistas, libros, colecciones de vaquitas y gallos, cuadros que han llenado todas las paredes.  No quiero vivir en un Museo.   La compañía de tantos objetos nos dejan solas. Ya mi cuerpo no puede soportar vivir en la dictadura del tiempo de los demás, necesita su tiempo, su velocidad, que puede ser lenta, para asimilar ciertas cosas, para impregnarse de ellas.  Tengo enfermedades cronicas que se pueden controlar, dicen los doctores, me he gastado todos mis ahorros en tratamientos medicos, me he quedado pobre, estoy cansada de hacer cheques por cientos y miles y seguir tan enferma o peor que antes... a otro chino con ese cuento. Mi cuerpo no se acostumbra a los "benditos remedios" ahora resulta que todas las enfermedades son hereditarias, las de la mente, las del cuerpo, he probado meditar, gritar, llorar, rezar, dormir ocho horas diarias, comer saludablemente, hacer ejercicios, nadar, ya no tomo gaseosas, ni postres, me he vuelto bondadosa al escuchar,y he aprendido a gozar al ser generosa, amar a mi projimo como a mi mismo, ayudar a los pobres, cumplir con mis obligaciones de esposa, madre, ama de casa, hija, hermana, amiga, vecina, ciudadana, sobre todo he aprendido a perdonarme, a quererme, a perdonar a los que han hecho tanto mal. Las noticias del mundo me quitan el aire, me asfixian, me duelen, el hambre, la pobreza, la falta de fe, el desamor, la dominación del mal, de lo prohibido, de lo injusto, de lo inmoral, no hay mejor forma de controlar que controlar el cuerpo, y, con ello, la cabeza.  Me duele el mundo, la indecencia de los politicos corruptos, la codicia de las empresas, el maltrato, la indiferencia de los buenos.

Estos días han sido muy calurosos, ayer, fiebre viral, mi cuerpo descompuesto, los extremos, la tembladera, mis manos heladas, mis nervios descontrolados, mis ataques de ansiedad,  Lo que me marca y me ayuda son mis años de infancia, tuve una abuela y una nana maravillosas, sembraron sus buenas semillas y me dejaron el recuerdo de en un clima suave, amoroso, seguro, indulgente, que si no fuera por ello, por esos recuerdos y esas huellas sinceras y buenas, nunca hubiera podido soportar ningún evento climático de los que me ha tocado afrontar desde hace un buen rato. Mi primera infancia y juventud en Lima, con gente buena y querida.   Hoy sentí que más que angustiarme, que llorar desconsolada, que desesperarme en mi lentitud, en mi poca eficiencia en la cocina, yo que antes pude cocinar banquetes y era la reina de las reuniones, ahora soy lenta, calmada, cansada, me he quemado los dedos, me he cortado, se me cae todo de las manos, hasta ducharme me deja agotada.   No quiero que me vean y que sientan pena o rabia.  Hay quienes simplemente no aceptan a la mujer en la que me he convertido, mis hijos por ejemplo, acaso mis hermanos.

Quiero volver a nadar.  Estoy esperando que se vaya el verano para hacerlo.   Entregarme al agua como en la juventud, sin miedo.  Me quedé escribiendo, pensando. No me di cuenta que ya eran casi las tres y media y la bulla de las llaves de mi esposo me hicieron darme cuenta de que el tiempo escribiendo siempre se pasa volando. Por unos momentos los dolores se acallaron, por eso me gusta el facebook es mi terapia diaria, son los hilos invisibles que me conectan con personas muy allegadas a mi vida,  Son invisibles pero siempre presentes.   Voy a seguir leyendo VVaslala de la Belli, mi esposo lee un libro sobre Churchill y De Gaulle y aprende un poco mas sobre la segunda Guerra mundial, ama la historia, a mi me encanta verlo leer y quedarse al poco rato dormido.  

Me voy a preparar otro café y leer muchas páginas, a ver si la lectura de una gran ecritora me inspira, me alienta, me produce un nuevo encantamiento por la vida.  Leer es un privilegio, encontrar en las palabras la magia, la pureza, el amor.  

¿Cómo poder escribir una novela de todo lo que he vivido, lo que he sentido, lo que he llorado, lo que he experimentado, lo que he amado, lo que he sufrido, cómo inventar o imaginar o darle vida a cada personaje, darle a cada uno un caudal de cualidades y defectos, de emociones y darles vida, darles a cada uno un nombre, una cara, un cuerpo, un alma, una voz.  

Mi mente llena de palabras, de historias, de recuerdos, de experiencias, del extraño sortilegio que me atrapa para seguir esos laberintos coloridos del lenguaje. Pienso en el idioma de Cervantes, me gusta tener un alma latina.   He escrito pedacitos, notas, cuentos, he publicado un libro, quiero dar a luz mi primera novela, no dejar que nada me lo impida.    Mi corazón siempre se ha embarcado en esos veleros que navegan solitarios en aguas tormentosas. Mis pies dejan huellas en la arena de las orillas de esa playa amada de mi Costa, de mi Lima.  Siempre latiendo solitario y con mucho miedo en esas aguas a veces claras, a veces oscuras de mi gran e inquieta imaginación. Soy una eterna viajera, una alma vieja, que se pierde siempre en alguna ruta, en caminos rocosos, en mares y lagos, por eso me gustan los barcos, las bicicletas, los aviones, los parapentes, los angeles, las aves .  Vivo en constante movimiento porque mi imaginación está siempre en movimiento. Quisiera no encontrar la tristeza alojada en mi mirada. Quisiera no pasar tantas horas sin hablar, sin escuchar mi voz. Soy desde siempre una soñadora, tuve una abuela literaria,santa, generosa,buena, gran poeta, mujer grande, soy hija de una artista con sangre Cherokee, alemana, inglesa, mi madre inteligente, directa, lectora, gran pianista, artista, culta, bohemia, mi padre volador, piloto, viajero incansable, apasionado, activo, deportista, alegre, un poco irresponsable, vengo de familia de personas apasionadas, amantes del arte, cantantes, poetas, pintores, de gente trabajadora, franca, habladora, orgullosos de su nombre, de su historia.   No sé en qué momento me converti en escritora pero vivo escribiendo.

Muchas veces pongo fotos en Facebook o pensamientos de personas famosas en vez de publicar mis poemas o escritos.   Extraño mucho los mensajes largos de mis amigas queridas, las tengo lejos, me hacen tanta falta, todas viven vidas ocupadas y no tienen tiempo, quisiera que tuvieran mucho dinero para que vinieran a pasarse unas semanas conmigo, se lo pido a Dios siempre. 

Son las cuatro y pensaba que eran las cinco. El tiempo, como siempre cuando escribo, ha pasado veloz. Hoy en la escala del dolor soy un cinco, ayer fue un seis. Quiero volver a sentirme bien, se lo ordeno a mi mente, se lo ordeno a mi cuerpo, le ordeno a todas las enfermedades que se liberen, que se muden, que se marchen para siempre.    

Soy Mary Elizabeth Fernandez de Vasquez y escribo para aliviar el hambre.